El 1 de mayo sigue siendo una fecha sumamente importante para la clase trabajadora en todo el mundo, es un recordatorio persistente sobre la necesidad de la organización y la lucha para defender y ampliar nuestros derechos. Para todos debe quedar claro que el salario mínimo, la jornada de 8 horas, seguridad social, la libertad de asociación y el derecho de huelga, entre otras, son conquistas de la clase trabajadora y no concesiones de los empresarios.
Los patrones y sus voceros, periodistas e “intelectuales” al servicio del dinero, han intentado convencer a todos de que la clase trabajadora ya no juega un papel relevante en el mundo actual porque ahora estamos en una “economía de servicios”. ¿De verdad? Basta mirar alrededor y preguntarse quién hace las cosas, quién saca los materiales de la tierra, quién les da forma de mercancía, quién transporta y quién vende esas mercancías, para darnos cuenta que la clase trabajadora sigue moviendo al mundo. En otras palabras: no hay nada que no haya sido hecho por un trabajador o trabajadora, de modo que nuestra clase juega un papel más que relevante, estratégico.
Por esa razón, los empresarios y los malos gobiernos siempre están buscando la manera de engañar a los trabajadores, de dividirlos, de enfrentar a unos con otros, de convencerlos de que ser trabajador es vergonzoso, de que el individualismo es mejor y de que luchar por un mundo más justo para todos es algo malo o indeseable; siempre están tratando de reducir o de plano eliminar las conquistas de la clase trabajadora, y lo peor de todo es que muchas veces alcanzan sus objetivos.
Las y los trabajadores, sin importar a qué nos dedicamos, debemos impulsar la unidad de nuestra clase. Sólo así podemos defender nuestros derechos y conquistar mejores condiciones de vida. No hay que permitir que nos engañen ni que nos dividan, por el contrario: vamos a organizarnos para luchar por nuestros intereses.
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