[Descarga PDF] «Por Tejiendo Organización Revolucionaria | Febrero, 2019 »

Para quienes la promovían, la huelga comenzó un poco antes del 20 de abril, pues desde los días previos ya casi no íbamos a clases por andar en saloneos, asambleas y reuniones, en nuestras escuelas, en la Asamblea Universitaria en CU o con compas de otros bachilleratos.

Para otros compañeros, la huelga empezó aún antes, asistiendo a las primeras sesiones de la Asamblea Universitaria; ashí se habían contactado con la gente de las facultades y traían la información a la prepa. Nos contaron después que se habían conocido en 1997 promoviendo una visita de los zapatistas a la escuela que fue impedida por orden del director, y en 1998 organizando una conferencia y la marcha para conmemorar el 30 aniversario del movimiento del 68, dicha conferencia sí se hizo pese a la oposición del director. Esa circunstancia suplió la ausencia de organizaciones o colectivos en la prepa, pues ni siquiera había cubículos estudiantiles que asistieran a las "grillas" de CU y se enteraran de los movimientos que allá se organizaban.

Algunos de estos compañeros tenían padres políticamente activos, pero todos tenían en común ser alumnos de profes críticos de la prepa; fue en esas clases donde discutieron las demandas del naciente movimiento estudiantil.

Nos reuniamos con frecuencia pero no entendía todo, por ejemplo, era muy claro el problema de las cuotas, pero no sabía por qué las reformas al reglamento de inscripciones estaban mal, creo que a varios nos pasaba lo mismo, la oposición a las cuotas era lo principal que nos identificaba con el movimiento. Los porros eran otro punto de acuerdo, yo los conocía porque nos asaltaban al salir de la escuela y en esas reuniones estaba descubriendo que además protegían los intereses del director y que había que preocuparse porque podrían agredirnos debido a nuestra actividad política. Sentía que todos les teníamos miedo, eran muchos y los habíamos visto golpear estudiantes varias veces.

Pese a las preocupaciones, fue muy alentador que los esfuerzos rindieran frutos: el 15 de abril, el 97% de los estudiantes votó por estallar la huelga, a decir verdad, siempre tuve la impresión de que varios de esos votos combinaban una oposición a las cuotas con vacaciones anticipadas, pero lo importante es que habíamos logrado una decisión mayoritaria. El 19 en la noche tomamos la escuela. El director, rodeado de un grupo de porros, intentó disuadirnos y luego comenzó a amenazarnos, pero éramos más de 400 y lo obligamos a retirarse, antes de que llegara un contingente de otra escuela que iba por si acaso no hubiéramos podido tomar la escuela. Esa noche algunos padres acamparon afuera de la prepa por temor a que los porros regresaran.

Tras la toma, una comisión que se fue a la sesión de la Asamblea Universitaria en el Che, acudía al histórico cambio de nombre de ésta por Consejo General de Huelga (CGH). En el transcurso de la noche la información de las escuelas fue llegando: ¡la mayoría de las escuelas ya se habían tomado, haciendo valer las aplastantes mayorías que votaron la huelga!, la a huelga ganó incluso en Derecho, pero los porros eran muy fuertes y no dejaron que se tomara la escuela, por lo que al otro día fue una comisión como de 2000 gritando ¡...vamos a cerrar Derecho...! que, no sin forcejear, expulsó a porros y directivos; ahora que lo pienso, el hijo del priísta Narro Robles era dirigente de los porros de Derecho, en una de esas andaba ahí ese día.

Con el CGH también nació el pliego petitorio, creo que con cuatro puntos, pues el del ceneval y el de la recuperación del semestre llegarían después. Esos seis se seleccionaron de una lista de más de 200 puntos que se integraron en una "plataforma de lucha" que, estoy seguro, no estaba claro para la mayoría cómo se conseguiría. Nunca supe bien a bien como se hizo la selección, ahora pienso que las organizaciones y los colectivos que llevaban tiempo luchando en la universidad tuvieron el papel más relevante para eso. Pese a no entender algunas cosas, ahora sentía muy claro el panorama: teníamos las escuelas y sólo las liberaríamos a cambio del cumplimiento de seis demandas, muy sencillo. Por su parte, el rector Barnés declaró que estaba preparado para una huelga larga, ¡uy…, pues nosotros también, ... faltaba más!

La primera discusión que recuerdo del CGH – tal vez fue ese primer día – era si éste adoptaría la forma de una asamblea general o de un consejo de representantes. Los oradores se sucedían y hablaban del movimiento de huelga del 86, de la democracia representativa, la rotatividad, la toma de decisiones, la capacidad de negociar y otras cosas que ya no recuerdo, y aunque se exaltaban y hablaban contra otros oradores, yo sentía que las propuestas eran muy parecidas, los matices los pude ver sólo después.

Una experiencia muy importante que recuerdo fue un taller de lectura de medios que un profe de la prepa fue a dar en las mañanas de las primeras semanas, ahí pude explicarme por qué, así como las autoridades universitarias, los medios de comunicación mentían todos los días: que si había sido una decisión antidemocrática, que si éramos minoría, que si éramos poquitos en las marchas, que si no habíamos querido dialogar, y cosas por el estilo. Llegamos a la conclusión de que los medios estaban controlados y el gobierno o los obligaba o les pagaba para mentir. Entonces, no eran confiables.

El CGH decidió que había que contrarrestar la desinformación de los medios haciendo brigadas al metro y los camiones para hablar directamente con la gente. No sé si las brigadas influyeron algo en contrarrestar la desinformación o si la gente nos recibía bien porque ya de por sí no les creía, pero para lo que seguro sí fueron importantes fue para construir argumentos y exponerlos en público, al principio sólo unos pocos hablaban, los demás pasábamos el bote y repartíamos la propa, en los brigadeos hablábamos de la noticia del día, que si el rector había dicho tal y tal y nosotros decíamos esto otro, que esto era mentira, que si televisa decía que éramos del primer mundo, que no hay que creerles, etćetera. Yo me admiraba de los diferentes estilos de los compas que se animaban a hablar, sobre todo, porque había cosas que se podían exponer muy claramente como las cuotas, y otras que nos costaban trabajo, como las reformas del 97.

A las pocas semanas de huelga apareció un panfleto que se llamaba "Todo lo que usted quería saber sobre los 6 puntos del pliego petitorio", o algo así, creo que lo escribieron los compañeros de Ciencias, no sé si en todas las escuelas fue igual, pero en la prepa la mayoría teníamos uno y en las sesiones del CGH corrió como el fuego sobre la pólvora. En ese folletito estaban muy claros los argumentos para defender todas las demandas del movimiento cuando salíamos a brigadear, estaba más claro en mi cabeza que luchábamos contra el neoliberalismo y la privatización de la educación superior.

Por otra parte, las diferencias políticas dentro del CGH estaban cada vez más claras, y poco a poco se iba volviendo confrontación, incluso se vetó la participación de compañeros en el CGH y en algunas escuelas, el movimiento se estaba dividiendo y sólo algunos advirtieron que se trataba de una estrategia deliberada. Para profundizar la desconfianza y la división la prensa publicó unas fotos de dirigentes estudiantiles cercanos al PRD saliendo de una reunión con políticos y autoridades de la que no habían informado, luego Monsivais publicó en la revista Proceso su acusación de que los ultras habíamos secuestrado al CGH y a la UNAM. ¡Más mentiras!, lo que sí era cierto es que la mayoría ya nos habíamos identificado con la corriente más radical de la huelga, la que no aceptaría levantarla sin el cumplimiento del pliego petitorio, y que era esa corriente la que ganaba las votaciones.

Muy pronto nos acostumbramos a vivir en las escuelas, a hacer y deshacer. A pesar de que se prohibieron en la asamblea, no dejó de haber fiestas ocasionales, juventud es juventud. Los días eran más o menos monótonos, despertando alguien ponía a Manu Chao o a Silvio en las bocinas que daban al patio, luego de despertar había que ir a tocar a la cocina para ver qué había de comer, a sabiendas de que seguramente sería pasta, atún o sopas maruchan, a propósito, no sé como les pasó a los demás, pero algunos no pudimos volver a comer atún hasta después de varios años, y las maruchan todavía no me entran del todo bien.

La vida política en la escuela era invisible y cotidiana, es decir constante. Se hicieron grupitos que discutían entre sí, algunos hacían planes para la asamblea semanal, y se rolaban las responsabilidades, la principal era la de la puerta de entrada, pues alguien tenía que cuidarla, aunque varias veces se quedó sólo el señor candado. En la asamblea de la escuela se elegían los delegados para el CGH, aunque decirlo así es una formalidad, pues el procedimiento era preguntar quienes irían para que recogieran los 5 votos a que teníamos derecho para la plenaria. Las discusiones en las asambleas de la escuela, pero sobretodo en las plenarias del CGH creo que fueron nuestra principal fuente de formación política. El CGH era casi siempre los sábados, se citaba a las 4, pero ya sabíamos que si llegábamos a las 9 con suerte aún no empezaba, y si sí estarían en la lectura de los resolutivos por escuela. Eso sí, cuando se trataba de reuniones decisivas todos llegábamos más temprano a registrar los votos de la escuela y si iniciaban antes, aunque nunca a tiempo.

Un punto de discusión que nos dividía siempre era la posición respecto al diálogo, si debíamos flexibilizar o no, definir una estrategia para negociar, incluso la pelea llegó a ser sobre si debíamos negociar o no. Pero discutíamos sobre escenarios que no ocurrían, las autoridades se concentraban en descalificarnos a través de la prensa y, cuando por fin se dignaron a hablar con el movimiento, crearon una comisión sin capacidad resolutiva que fue tajante: ¡discutiremos las demandas del movimiento con las puertas abiertas, el primer punto de discusión es el levantamiento de la huelga! ¿Habríamos oído bien? ¿Qué les pasaba? ¿Quien discute el levantamiento antes que las demandas? Era precisamente la huelga la que nos había dado el poder de hablarles de tú a tú y de llamarlos a dialogar con la fuerza de las instalaciones en nuestras manos, ¿cómo se les ocurría que las íbamos a soltar con puras promesas? Podíamos ser jóvenes e inexpertos, ¡pero tampoco era para que ofendieran nuestra inteligencia!.

Por otro lado, muchas organizaciones políticas de izquierda nos apoyaron, también bastantes intelectuales y profes, eso fue muy importante para mantener los ánimos y tal vez las escuelas, por ejemplo cuando el rector llamó a tomarlas por la fuerza, creo que en septiembre, la organizacion conocida como los “Panchos” y que luchaba y lucha por una vida y vivienda dignas; llegó a CU para reforzar las guardias, siempre hubo muchos estudiantes, pero para rechazar a los porros nunca sobraba gente.

También el EZLN escribió su rechazo a la propuesta de los eméritos cuando casi toda la izquierda y la derecha se fue con la finta de que ésta sí resolvía la huelga. Los eméritos agruparon a mucha gente contra la huelga, tal vez nunca sabremos donde se cocinó esa propuesta, pero fue una gran jugada de la rectoría y el gobierno que influyó mucho en la opinión pública, tanto así que el brigadeo en metro y camiones no volvió a ser igual, si bien las muestras de apoyo no dejaron de existir, se hicieron menos frecuentes y al contrario, las muestras de rechazo se hicieron más presentes; las declaraciones del EZLN eran oxígeno puro para el movimiento y para los estudiantes, pues nos mostraba que no estábamos solos.

Los eméritos insistieron en entregarle su propuesta al CGH y acordamos un encuentro en el Che, muchos pensamos que no irían pero llegaron, ahí se leyó un documento del CGH que rechazaba la propuesta y se intentó un intercambio de argumentos, pero, según contaron los medios, “por nuestros gritos y consignas los profesores se retiraron”. Ya estábamos enojados y creo que el sentimiento general era que ya se les había hecho costumbre ignorarnos, mantenían una supuesta mesa de diálogo pero todas las propuestas las hacían en otro lado. Era finales de julio, la huelga no estaba ni a la mitad.

La presentación de la propuesta de los eméritos estuvo acompañada por la represión. A la semana siguiente, el 4 de agosto, la policía del DF golpeó y detuvo a más 100 estudiantes del CGH que buscaban evitar la realización de clases extramuros en Las Águilas, Cárdenas justificó la acción policial. Esa fue la primera vez que nos golpearon y no sería la única ni la última, de ahí se sucedieron varias hasta la toma policial de Ciudad Universitaria en febrero, con helicópteros y todo. Una de las golpizas más famosas fue la de Periférico, que parecía un escarmiento, pues Rosario Robles, entonces promiente perredista, o alguno de sus funcionarios, declaró que estaba prohibido marchar por el peri..., como dicen por ahí, “de por sí el niño es risueño y todavía le hacen cosquillas”…

A la siguiente sesión del CGH llegaron muchas escuelas con la propuesta de volver a marchar por los carriles centrales, el acuerdo no fue total pero ganamos la votación y se convocó a la marcha. Ese día tenía miedo, creo que todos, en la prepa se definieron distintivos y se decidió que nadie que no los tuviera podría entrar al contingente, para evitar la provocación. Nos pusimos un listón, creo que rojo, en el brazo y marchamos por muchas horas, la mayoría del tiempo estuvimos detenidos porque la policía montada nos bloqueó el paso. Ya casi al oscurecer, una comisión negoció que marcharíamos por la lateral, pero era tal la cantidad de policía que ellos mismos cerraban el tráfico de los carriles centrales, eso nos provocaba una mezcla de enojo y satisfacción: no marchamos por los carriles centrales, pero habíamos logrado cerrar la circulación de Periférico, las fotos de la prensa del día siguiente eran impresionantes, una marcha más grande de lo esperado y tres o cuatro retenes de la policía montada así como un cordón policial que cubría todos los contingentes.

Muchos personajes de la izquierda avalarían más adelante la represión y el encarcelamiento de más de 1000 estudiantes, mediante un plebiscito, algunos arrepentidos irían al tutelar y al reclusorio norte a decir que se habían utilizado sus firmas para reprimir pero que no había sido su intención, ¡sí claro, nosotros también nacimos ayer!. Yo recuerdo a Poniatowska en el tutelar, fue con otros pero sólo la recuerdo a ella, me impresionó ver a quien escribió La noche de Tlatelolco: los custodios nos sacaron y nos pusieron en formación, nos hicieron desfilar frente a la señora para que pudiera disculparse con nosotros, creo que el miedo nos paralizó, escuchamos en silencio para que luego nos devolvieran a los dormitorios en los que pasamos esas noches; no nos bastaban ni convencian sus arrepentimientos, nuestro veredicto fue unánime: ¡hipócritas!.

Al final de la huelga la sensación general fue que habíamos perdido porque la policía tomó las escuelas, nos apresó a muchos y no se cumplió el pliego petitorio, pero con la distancia que impone el tiempo creo que ganamos: el pase automático sigue vigente en la UNAM, éste se desvinculó formalmente del CENEVAL y la huelga se volvió un espectro temible que impuso la gratuidad de la educación superior en el país, al grado que ni la UAM y ni el IPN actualizaron sus cuotas. Lo que nos quedaron a deber fue el Congreso, De la Fuente no cumplió lo que prometió en su plebiscito, pero algún día se los vamos a arrebatar y vamos a democratizar la UNAM, pues esa democratización fue la principal demanda del CGH y sigue pendiente.

EL TORITO | por TOR | Número especial 6, Año 6, 2019