Por TOR | enero 2020
Una crítica de la izquierda anticapitalista al decálogo fifí | Desprecio | EL TORITO [Número 38, Año 6, Dic. 2019]

El pasado primero de diciembre de 2019, se realizó una marcha más de algunos sectores de la burguesía y pequeña burguesía mexicana, que aglutinó a algunos sectores de la derecha y la ultraderecha agrupadas en organizaciones de la sociedad civil y los partidos políticos tradicionales como el PAN, PRI y PRD y sus infaltables partidos satélites.

El motivo de esta marcha fue generar un contra-acto político a la concentración morenista que celebró un año de gobierno en el Zócalo de la CDMX.

Entre muchas de las cosas que hay que destacar de esta movilización, hay una que nos llama la atención: una playera blanca con un punteado titulado "10 razones para ser Fifí" que algunas personas lucían con un orgullo que no nos sorprende, ¡burguesía y derecha a fin de cuentas! Sin embargo, nos parece importante detenernos un momento para exponer este decálogo a la luz de una crítica anticapitalista.

El Fifí dice: decido trabajar; sin embargo, podría decir no hacerlo y su situación no cambiaría por una sencilla razón, posee los medios de producción, desarrolla su vida a expensas de la explotación de los trabajadores a los que prefiere llamar socios. Y en efecto son sus socios explotados, los que le permiten imaginar: Satisfago mis necesidades. Los anticapitalistas luchamos por que la explotación sea desterrada de las relaciones humanas y que las relaciones sociales estén basadas en el apoyo mutuo y que la producción este dirigida la satisfacción de las necesidades de las mayorías del pueblo trabajador.

No nos sorprende que el fifí se diga a sí mismo: Soy ambicioso, y se sienta orgulloso de sí mismo. La historia nos ha dejado claro que los capitalistas ambicionan tener cada vez más, a costa de la miseria de millones de personas; que nada importa mientras tengan llenos sus bolsillos y vivan en la opulencia, a costa del saqueo, el despojo y la destrucción del planeta.

Todo eso está bien para el fifí, que se dice a sí mismo: Soy feliz, porque claro, qué más felicidad que poseer todo, sin importar el orígen de sus posesiones. Nosotros pensamos que la única felicidad posible está fuera del capitalismo, que, si algo podemos ambicionar, es la construcción de una sociedad sin clases y que de lo único que podemos sentirnos orgullosos es de ser pueblo rebelde y trabajador.

Su condición de clase les permite, además, disfrutar de las cosas buenas, es decir, buena comida, buena ropa, buena casa, buena salud, buena educación, todo de calidad. Para el fifi todo lo bueno es lo que vale mucho dinero y "casualmente" todo lo bueno para el fifí es privado. Todo lo demás, lo "malo", lo "público" es para el pobre que no tiene más que su trabajo para subsistir y que con suerte le permitirá acceder a servicios básicos de pésima calidad. En la sociedad por la que luchamos, la vida digna es el valor máximo. Una sociedad en donde el acceso a todo servicio sea un derecho que permita el desarrollo pleno todos y todas.

Cuando el capitalista neoliberal o sea el fifí, dice: Soy exigente, Me levanto temprano y Lucho por mis metas; omite decirnos que la cuna que lo parió es de oro, lo que le permite desarrollarse plenamente, pero esa cuna de oro es posible, como decíamos líneas atrás, por una regla inquebrantable de este sistema capitalista neoliberal: la explotación a través de la cual, el trabajador forja esa cuna a cambio de volver a forjar otras cunas más, sin que él pueda siquiera disfrutar del fruto de su trabajo. El fifí, entonces, le exige al pueblo que siga trabajando en las condiciones que siempre lo ha hecho, precarias y sin ningún tipo de seguridad social; que se levanten temprano como siempre lo han hecho, porque si no lo hacen les descuentan el día por el retardo que causa cruzar la ciudad de una punta a otra, siempre con el riesgo de acosos, asaltos, violaciones y secuestros; y que luchen por las metas del patrón, del cacique, del finquero, del explotador.

Para nosotros el único límite que puede detener este sistema es el hartazgo y la dignidad del pueblo. Dignidad que nace de sabernos constructores de un mundo nuevo, de sabernos conscientes de nuestro papel en las transformaciones sociales y del poder que tenemos para voltear la tortilla, como dicen nuestros hermanos latinoamericanos de varios países que han decido emprender la lucha que cambie el rumbo de sus vidas.

El fifí, altanero y soberbio como solo él puede ser, nos dice: Provoco los cambios, y en efecto, hay muchos ejemplos de ello. Su sistema, el sistema capitalista, ha cambiado tanto la vida, que es imposible vivirla plenamente. Provocaron una crisis en diciembre de 1994 que dejó a su suerte a millones de trabajadores mexicanos; provocaron una supuesta guerra contra el narco en donde el único asesinado y desaparecido fue el pueblo trabajador, y la cuenta sigue; han cambiado tanto la Constitución que los pueblos indígenas, trabajadores del campo y la ciudad han quedado desprotegidos frente a la voracidad capitalista transnacional. No nos cabe la más mínima duda de que provocan cambios, aunque sólo sea en beneficio del capital nacional y extranjero.

Por último, no nos sorprende que el decálogo fifí exacerbe y promueva un pensamiento profundamente individualista, es el pensamiento que a lo largo de todo el período neoliberal nos han machacado a través de los medios masivos de comunicación y vale decir, se sigue promoviendo no importa el color del gobierno en turno. Frente a esta escalada ideológica de la burguesía y la derecha más reaccionaria del país, así como de la escalada gobiernista que nos hace creer que una transformación en beneficio del pueblo está en marcha, pero con un capitalismo neoliberal menos salvaje. Los promotores del neoliberalismo de izquierda y derecha abanderan al ciudadano individual, a la persona solitaria y aislada del mundo como máximo valor.

Los anticapitalistas abanderamos el derecho colectivo de los pueblos indígenas a autogobernarse; abanderamos el derecho de los trabajadores y trabajadoras del campo y de la ciudad a una vida digna con pleno acceso a salud, alimentación, educación, vivienda y servicios básicos; abanderamos el derecho de las mujeres a luchar contra la violencia machista y a decidir sobre sus cuerpos. Nuestras banderas son las banderas del pueblo rebelde, de las y los trabajadores del campo y la ciudad contra la explotación, el despojo, el desprecio y la represión y por una vida digna.


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