Por TOR | 15 de Octubre 2019
El cambio climático: un asunto de política anticapitalista | EL TORITO [Número 37, Año 6, octubre, 2019]


El Cambio Climático (CC) es uno de los problemas fundamentales de nuestro tiempo, la catástrofe y el colapso, no del planeta, pero sí de las sociedades humanas tal y como hoy las conocemos. Los impactos del CC no son para mañana, ya hoy se hacen sentir en la cotidianidad de millones de personas alrededor del globo, en particular de los más pobres, de los excluidos. El CC es una consecuencia del sistema capitalista por lo que pensamos que la lucha contra el mismo exige una política anticapitalista.

Los datos, los límites y puntos críticos están sobre la mesa: el aumento de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) ha producido un incremento de la temperatura global que pone en riesgo la vida humana y la reproducción de especies y ecosistemas a lo largo y ancho del planeta. Dentro de los GEI el que más contribuye al calentamiento global es el Dióxido de Carbono (CO2), mismo que representaba en 1970 el 55% de los GEI y que hoy día constituye cerca del 65% de estos, asimismo la concentración de CO2 se ha incrementado en alrededor de 144% respecto a la era preindustrial; en general alrededor de la mitad de todas las emisiones de CO2 por actividades humanas entre 1750 y 2010 se han producido desde los años ochenta coincidiendo esto con la expansión planetaria del capitalismo en su fase neoliberal.

Escasez de agua y alimentos, sequias y desertificaciones, inundaciones, incremento del nivel del mar, deforestación, pérdida de arrecifes de coral, olas de calor, incendios, aumento de huracanes y ciclones, extinción, migración y/o mutaciones de especies, incremento de enfermedades, etc., son todos impactos y consecuencias plenamente documentadas del cambio climático.

¿Qué han hecho los gobiernos del mundo para enfrentar este problema? Básicamente, como han atinado a expresar Greta Thunberg y cientos de defensores del territorio y comunidades indígenas: nada, nada que no sea hablar sobre cómo evitar hacer lo necesario para solucionar el problema. La Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente Humano en Estocolmo en 1972; la Convención de Viena para la Protección de la Capa de Ozono en 1985; la implementación del Protocolo de Montreal en 1987; la publicación del Informe Nuestro Futuro Común o Informe Bruntland en 1987 por parte de la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo y la consecuente pretensión de alcanzar un desarrollo sostenible; la creación en 1988 del Panel Internacional sobre Cambio Climático IPCC por sus siglas en inglés; la celebración en 1992 de la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro; la aprobación del Protocolo de Kioto en 1997 y su puesta en vigor hasta 2005; en 2012 la extensión de la vigencia del Protocolo de Kioto; y en 2015 la adopción del Acuerdo de París. Son todos eventos donde los representantes de las clases dominantes globales han buscado como brindar una salida sin solución al problema del CC.

En estas reuniones y conferencias a lo más que han llegado los gobiernos es a establecer acuerdos y protocolos no vinculantes, es decir no obligatorios para aquellos países que como los EEUU decidan no adoptarlos. El que actualmente opera, el Protocolo de Kioto, establece entre otras cuestiones: el mecanismo de desarrollo limpio, la transacción de emisiones y la implementación conjunta, se trata de mecanismos mediante los cuales se hace negocio con el combate al cambio climático, se establece el comercio sobre los llamados derechos de emisión, es decir, se paga para poder seguir contaminando. Vale la pena resaltar que ni en el Protocolo de Kioto, ni en el Acuerdo de Paris que sustituirá al primero en 2020, se hace referencia a los gases de infecto invernadero producto de los transportes aéreos y marítimos, aun cuando estos igualan la emisión de CO2 de Inglaterra y Alemania en conjunto.

En definitiva lo que desde arriba han hecho para combatir el Cambio Climático es poco o nada si pensamos que el riesgo es inminente. La lógica del capital y de la ganancia sin fin para unos cuantos, son la gran barrera que impide a los gobiernos del mundo definir y llevar a la práctica estrategias reales de lucha contra el cambio climático. No les importa la vida, sirven al dinero.

Delineado así el problema quisiéramos insistir en dos consideraciones fundamentales para comprender la lucha contra el Cambio Climático (CC). Como mencionamos al inicio, pensamos que se trata de una lucha fundamentalmente política y cuya orientación debe ser anticapitalista. Veamos.

Es una lucha política en tanto se enmarca dentro de las relaciones de poder entre clases sociales diferentes, una clase explotadora y dominante, las otras explotadas y dominadas, así como entre países dominantes y países subordinados dentro del sistema imperialista. Esta lucha de clases se expresa en la diferente responsabilidad sobre las emisiones de gases de efecto invernadero, hoy es un acuerdo general que los países de los centros imperialistas, llamados comúnmente desarrollados o industrializados, con EEUU y China a la cabeza, son los principales emisores de GEI; asimismo se ha documentado como alrededor de 90 corporaciones públicas y privadas son responsables de cerca del 63% de emisiones de GEI generados desde hace más de 200 años.

En el mismo sentido es claro que el nivel de consumo, y la consecuente emisión de GEI y CO2, se encuentra altamente diferenciado, los ciudadanos estadounidenses, por ejemplo, han adquirido hábitos de consumo que les exigen no sólo adueñarse de recursos dentro de su propio país, sino acceder a los recursos de otras regiones del globo. De la misma manera se puede afirmar que los EEUU consumen alrededor del 25% de la energía a pesar de poseer sólo alrededor de un 4% de la población mundial, Otro dato que ejemplifica esta situación es que, según sus patrones de consumo, el 10% de la población con mayores ingresos genera alrededor del 50% de las emisiones de dióxido de carbono, mientras que el 50% de la población con menores ingresos sólo emite cerca del 10% de las emisiones de CO2, en particular los ciudadanos norteamericanos emiten tres veces más CO2 que los europeos y cerca de cien veces más que los habitantes de los países empobrecidos. En estos y otros números podemos reconocer una profunda desigualdad, que si bien parece obedecer sólo a nacionalidades o geografías, es ante todo una desigualdad de clase, es decir una desigualdad social y política.

En este marco es muy claro que el combate del CC pasa por decidir hacerlo y tomar las acciones correspondientes. El problema central aquí es el problema del poder ¿Quién toma las decisiones y con base en qué posición lo hace, buscando qué metas y objetivos, con qué ideas en mente? La lucha contra el CC pasa por recuperar para las grandes mayorías, para los explotados y dominados, la capacidad de tomar las decisiones, pensando en nuestros propios intereses y teniendo en mente el objetivo de satisfacer las necesidades sociales y no las ansias de ganancias de unos cuantos millonarios que se reparten el planeta.

Contrarrestar el CC es una lucha política en tanto que su triunfo requiere, no sólo escuchar a los científicos y sus propuestas, no podemos esperar que la ciencia ofrezca las soluciones tecnológicas, si es que lo hace; los datos que el conocimiento científico nos ofrecen ya están sobre la mesa, la radiografía del desastre que vivimos y sus aún mayores consecuencias no son un secreto para nadie. Tampoco se trata de alcanzar una conciencia ecológica que nos lleve a consumir ética o sustentablemente, la solución individual no es tal, aun cuando se trate de un campo de acción ineludible y necesario, no es suficiente. La dimensión de clase y el alcance colectivo y de masas de la acción es fundamental, requerimos tomar para nosotros la capacidad de orientar las fuerzas sociales según los intereses de las mayorías, es decir, tomar en nuestras manos las definiciones fundamentales sobre qué hacer y cómo hacerlo.

La lucha contra el CC es también anticapitalista. Con ello queremos decir que para observar una solución real al CC y sus consecuencias, debemos orientar la acción individual y social hacia la eliminación y superación del sistema capitalista. Dentro del capitalismo no hay solución, en particular los últimos 40 años muestran la incapacidad política dentro de los marcos del capitalismo para encontrar soluciones viables; de cumbre en cumbre, de acuerdo en acuerdo se ha mostrado la incapacidad de las clases dominantes para solucionar el problema; gobernantes van y vienen, empresarios y burgueses millonarios van y vienen y todos muestran la estrechez de su pensamiento, lo limitado de su mirada, lo que consideran deseable y posible está limitado por sus intereses de clase, intereses que pueden resumirse en la necesidad de obtener cada vez más y más ganancias a costa de lo que sea, de la vida misma.

¿Qué quiere decir que la lucha contra el CC debe ser anticapitalista? Se trata de entablar la lucha contra el CC pensando en nuevas formas de vivir, de producir y reproducir nuestra vida cotidiana, nuestra existencia como sociedades y pueblos. En concreto la perspectiva anticapitalista supone luchar por una nueva forma de organizar, no sólo el consumo individual y los patrones irracionales de consumo, sino ante todo el consumo productivo, ese que se efectúa en el ámbito de la producción, dentro de las fábricas, maquiladoras, agroindustrias, minas y pozos de extracción alrededor del mundo. ¿Acaso es necesario, o responde a los intereses de las mayorías, gastar infinidad de recursos en producir, por ejemplo, un celular nuevo cada año para que pueda ser comprado a crédito por millones alrededor del mundo? ¿Acaso es necesario seguir produciendo tantos automóviles para que haya unos cuantos millonarios que poseen varios modelos y los cambian cada seis meses, aun cuando esto signifique derrochar cantidades exorbitantes de agua, plásticos y metales? ¿Beneficia en algo a las mayorías gastar enormes recursos en la producción de armas y armamento de última tecnología aun cuando esto sólo sirva para la siguiente guerra regional o global, para llenar los bolsillos de las principales industrias bélicas como Loocked Martin o Boeing, ambas estadounidenses?

La perspectiva anticapitalista nos permite pensar un planeta donde las fuerzas sociales, el trabajo social, este orientado a satisfacer las necesidades de los pueblos y no la necesidad de ganancia que tienen los bolsillos de la burguesía, de los millonarios de siempre. Ya hoy día millones de personas de abajo participamos en la producción de sin fin de mercancías que recorren el mundo, desde una inofensiva pluma hasta aparatos electrónicos que están programados para dañarse, armas o medicamentos, materiales de construcción que cada tanto son desechados, etc.; participamos de esta producción dentro de la fábrica pero también en el transporte o venta de los mismos, o ya sea abasteciendo materias primas, alimentando o cuidando a las y los trabajadores que los producen directamente, etc. Lo cierto es que hoy día entre todos producimos todo, sólo que no lo hacemos según nuestros intereses, según nuestras necesidades, sino según las órdenes y necesidades del patrón, esto es lo que debe cambiar.

Es la producción misma la que debe cambiar, el consumo productivo, la distribución y cambio de lo que ha sido producido. Definir entre todos qué debemos producir, en qué cantidades y de qué calidades es algo no sólo posible hoy día, sino necesario para superar el CC y sus implacables consecuencias.


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