Por TOR | 22 de julio 2019 | Y cuando despertaron, la exclusión educativa seguía ahí | Resistencia | EL TORITO [Número 34, Año 6, Agosto, 2019]

Hace unos días, universidades como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), entre otras, dieron a conocer los resultados a sus respectivos procesos de admisión a la educación media superior y superior. Cada año, dichas universidades deja fuera a más de 25 mil alumnos que aspiraban obtener un lugar para estudiar el bachillerato o una carrera con un alto nivel académico, y este año, no fue la excepción.

Pero, ¿por qué sigue creciendo el número de rechazados? ¿Será que las universidades ya no pueden recibir a los miles de aspirantes que cada año presentan el examen de admisión, en ocasiones por segunda, tercera, cuarta vez? ¿Será que es culpa de la educación que se recibió en años previos? ¿Será que esos aspirantes rechazados no estudiaron lo suficiente para poder obtener un lugar?

La respuesta a estas interrogantes no es sencilla pues el problema de la exclusión educativa no es un problema individual, es decir, no depende de los y las estudiantes que cada año presentan el examen con la ilusión de entrar a la UNAM, a la UAM o al POLI, pues la obtención de un lugar en dichas instituciones no tiene que ver sólo con el nivel de conocimientos generales sobre Español, Historia de México, Geografía, Química o Matemáticas, sino con una serie de filtros diseñados por el CENEVAL, dichos filtros no miden conocimientos profundos sobre algún tema, sino cierto nivel de habilidades para contestar un examen de 120 o 128 preguntas.

Partiendo de lo anterior, podemos afirmar el problema del rechazo a la educación media superior tampoco tiene que ver sólo con el tipo de educación que se recibe en los 3 años de preescolar, en los 6 de educación primaria y en los otros 3 de educación secundaria. Es cierto que pese a las recientes reformas educativas, tanto la de Peña Nieto como la que se aprobó en meses pasados por el gobierno de la 4T, que por cierto no difieren en mucho, salvo en la inclusión de la materia de Civismo en la educación básica; la educación que recibimos a lo largo 12 años antes de entrar al bachillerato o de 15 años antes de poder entrar a la universidad no sólo es deficiente, tampoco pretende hacer estudiantes críticos sino personas con los conocimientos técnicos mínimos para desempeñar tareas de obrero aún a nivel profesional.

Entonces, ¿Con qué tiene que ver el problema de la exclusión educativa? En primer término, es importante decir que el proceso de selección para ingresar al bachillerato y a la universidad ya es de por si un filtro, que comenzó en 1996, que de inicio es económico, si no tienes para pagar los 300 o 400 pesos que cuesta el derecho a hacer un examen, simplemente no puedes presentarlo.

En segundo lugar está el examen, pues éste, como decíamos, no mide los conocimientos de los aspirantes, por lo que se torna en una competencia que además es desigual, injusta y manipulada, pues para responder ese tipo de exámenes no nos preparan igual en una escuela pública, que apenas tiene para gises y pizarrones; que en una escuela privada, es decir, obtener un lugar para acceder a la educación media superior y superior, también es una cuestión de clase.

En tercer lugar está el tema de la matricula, ésta ha sido insuficiente desde siempre, por ello, el problema central no es la insuficiencia de lugares sino el desinterés del Estado en garantizar el derecho a la educación en todos sus niveles a través de la construcción de nuevas universidades o bien, a partir de la generación de nuevos espacios en las escuelas y universidades ya existentes. El tema de la matricula es de gran importancia pues, en el caso del bachillerato, determina ya el acceso a la educación superior y este proceso, se vuelve parte de los filtros de los que hablábamos en los párrafos anteriores.

El cuarto elemento es la cuestión del Presupuesto que se destina cada año a la educación. Casi sobra mencionar que éste también es insuficiente frente a las necesidades de los centros educativos a nivel medio superior y superior, y el “casi” es porque en el tema del presupuesto no sólo está involucrado el Estado sino grandes empresas que actualmente de manera velada pero contundente, están influyendo de manera estratégica en los planes de estudio, en la inversión en proyectos de investigación y también, en el número de aspirantes que pueden ser aceptados año con año. Esta relación de las universidades con grandes empresas, si bien no es nueva ni completamente oculta, de lo que nos habla es del avance del proceso de privatización de la educación que hace de ella una mercancía que sólo puede ser adquirida por quien pueda pagarla, razón por la cual ésta se vuelve cada vez más un privilegio y no lo que debe ser: un derecho.

Todos estos elementos, si bien no son los únicos que hay que tomar en cuenta, nos permiten tener un terreno común para poder entender lo que sucederá con el problema de la exclusión educativa ahora en el gobierno de la 4T. Hace unos días, la Secretaría de Educación Pública (SEP), lanzó el Programa Emergente “Rechazo Cero”. El objetivo de este programa es otorgar un lugar a los alumnos que no hayan obtenido un lugar en el nivel superior en algunas universidades publicas y sobre todo, en universidades privadas con algún tipo de beca. Este programa se suma a la iniciativa de crear 100 universidades, de las cuales, aún no se tiene mayor noticia, lo único que sí sabemos es que ofrecerán carreras técnicas especializadas muy útiles para el desarrollo de los megraproyectos como el Tren Maya; además estas universidades no serán certificadas por la SEP sino por organismos como la OEA o la UNESCO a través del Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y El Caribe (CREFAL), que ha servido como un mecanismo para la intervención militar en Latinoamérica.

Por todo lo anterior, a escasos seis meses del nuevo gobierno, podemos afirmar que el objetivo de estos programas no es resolver el gran problema de la exclusión educativa, por lo tanto, ésta seguirá existiendo a pesar de las “buenas intenciones” de la 4T. Por ello, como hace más de diez años, el Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior (MAES), ha salido nuevamente a las calles y ha convocado a asambleas para llamar a todos aquellos estudiantes a quienes no les fue otorgado un lugar para estudiar una carrera universitaria, a sumarse a este movimiento y movilizarse para exigir lo que por derecho nos corresponde: el acceso a la educación universitaria crítica, científica, popular.

Si eres de los miles de rechazados a la educación superior o si consideras que ésta debe ser accesible para los más, súmate a las movilización convocada por el MAES el próximo jueves 25 de julio, del Ángel de la Independencia al Zócalo, la cita es a las 7 pm. Si quieres más información sobre las asambleas y movilizaciones del MAES y de su lucha que ha logrado que cientos de estudiantes logren ingresar a la educación superior, visita su página en FB: Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior MAES (@QueChidoElMAES).

¡Porque la educación siga siendo un derecho y no un privilegio, súmate a las movilizaciones!


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