EL TORITO | por TOR | [Número 26, Año 5, junio - julio, 2018]

3 de mayo 2017, en una cabina telefónica dentro de la ciudad universitaria aparece el cadáver de una mujer joven, estrangulada, no sabíamos su identidad. Los medios de comunicación venden la nota como suicidio y es así como conocimos el crimen que se cometió contra Lesvy Berlin Osorio.

Éste fue sólo el comienzo del camino tortuoso que ahora vive Araceli, madre de Lesvy. El camino de la revictimización avanzó de la mano de la redacción de los medios de comunicación y de las autoridades de la PGJ de la CDMX, quienes no se detuvieron en la construcción de una ficción que sería mantenida como verdad hasta hace algunos meses; esa ficción donde la muerte de una joven es una cifra más en las estadísticas, esa ficción donde lo inconcebible se vuelve común y por lo tanto pierde importancia. Pero no fue lo único que se encargaron de hacer los medios y las autoridades, también utilizaron la estrategia más vieja pero confiable: desvincular a Lesvy de los “buenos” valores de la sociedad actual y así poco a poco convertirla en culpable de su muerte.

Lesvy y Araceli han sido víctimas de un procedimiento regular en la sociedad que vivimos, donde la justicia no se imparte, se compra y se maquilla, donde los criminales quedan impunes, una sociedad donde los dolores de los de abajo tienen que soportar el desprecio que cobra formas diversas y se materializa en la burocracia de la procuraduría y en la protección a los que claramente son culpables. En este proceso, en lugar de un oído atento en la búsqueda de justicia, Araceli tuvo desde el comienzo por encima de ella a los profesionales de la mentira y sus voces hirientes acusando: “era alcohólica”, “vivía en concubinato”, “no estudiaba”, “se lo buscó” y con esas premisas en su investigación concluyeron: “fue suicidio”.

Pero el desprecio no se circunscribe solamente a las autoridades gubernamentales, también incluye a las autoridades de la UNAM, quienes jugaron un papel de suma importancia en este proceso al retrasar la entrega de los videos necesarios para realizar las investigaciones y demostraciones necesarias. En la UNAM como en el resto del país las autoridades, que se supone gobiernan, cumplen sus funciones de manera limitada, el gobierno hoy es una gendarmería.

La respuesta de las autoridades universitarias no sólo es indignante sino mezquina, pues aprovechó el caso de Lesvy para echar a andar todo un plan de reordenamiento social de seguridad que se resume en rejas y en un “renovado” cuerpo de vigilancia en “puntos estratégicos”, reordenar a comerciantes, criminalizándolos, cuestiones que más que apuntar hacia la solución real de problemas solo prepara el terreno para el despliegue de una maquinaria de control lista para actuar y culpar en todo momento a la víctima, sobre todo si es joven o si es mujer.

Abajo estamos los más, oímos con rabia las palabras en llanto de una madre, de Araceli. Vemos en ella a las muchas madres que han perdido a sus hijos, vemos en ella a la madre que clama por la justicia, vemos la violencia que se ejerce contra las mujeres, vemos que la justicia no vendrá de arriba. Con cierta impotencia miramos que hay delante nuestro muchas compañeras y compañeros que nos exigen justicia, que nos exigen sostener su vida y su memoria. Nuestros muertos nuestros ausentes son día con día más.

Pasó un año, ya es 2018 y por supuesto que las autoridades no avanzaron en nada, en cambio la lucha de Araceli y quienes la acompañan lograron reclasificar el caso, “feminicidio agravado”. Vemos en Araceli a una compañera de lucha, nos alumbra un poco el camino, y vemos que la justicia aún está muy lejos.

La violencia contra las mujeres sigue siendo insoportable, en números de 2018, 500 feminicidios documentados del 1 enero al 7 de abril de 2018. Pero los muertos cuentan ya por miles, solo en enero y febrero se documentaron más de 2500. Hay gente pidiendo legislar para frenar el fenómeno del feminicidio. Pero ¿acaso las leyes de papel frenan las balas? ¿Acaso el feminicidio puede desvincularse de la guerra que vive México? Cuando se juzgue con las leyes ¿caerán todos los culpables? ¿la violencia contra la mujer se termina cuando se legisla, o más bien se le da un marco legal a la violencia contra la mujer? Bajo esta visión es legal cierta violencia, pero el feminicidio no, así pueden quedar libre de culpa a unos que ejercen violencia contra las mujeres y subsiste el mecanismo social que desemboca en feminicidio.

Para nosotros el feminicidio no es un fenómeno aislado, es una expresión de la sociedad en la que vivimos, y no se frena metiendo tras rejas a las personas que ya son feminicidas, por supuesto que algo tendremos que hacer con los criminales, pero las relaciones sociales que perpetúan la violencia siguen intactas se haga una ley o no.

Sólo para empezar a pensar la dificultad frente a la que estamos. Datos de la ONU dicen que la principal causa del feminicidio son los celos y el crimen lo comete la pareja de la mujer. “celos” es un nombre que esconde la relación de dominación y propiedad que se ejerce entre personas. Y esa propiedad y dominación se ejercen en nuestra sociedad de forma asimétrica entre los géneros. Es decir, los hombres suelen ser los propietarios y suelen tener la función social de establecer las reglas, de sancionar las fallas, de mandar y castigar.

Aunque no haya leyes en nuestro México que hablen de la propiedad entre personas, el hecho es que muy a menudo los hombres poseen y subordinan a las mujeres y a los hijos. Son muchas las aristas del asunto, no es por maldad que los hombres subordinan a la mujer y a la familia, no es natural que los humanos posean humanos. Es un orden social que debe ser cambiado.

A lo largo de la historia ha habido muchas maneras de ser dueños de otras personas, pero poseer a una persona para reproducir e incrementar valor se llama capitalismo. En el capitalismo los mecanismos de control, dominación, y reproducción se han hecho muy afinados y suelen ser extremadamente violentos, pero violencia no es únicamente el azote del látigo, la violencia puede ser invisible, así en sus inicios el capitalismo se impuso como el sistema de hombres libres, erradicando los grilletes del pasado, pero a los trabajadores les tocó la libertad de esclavizarse en las fábricas o morir de hambre.

Queda mucho por exponer, pero es importante señalar que cuando la ONU dice “celos”. Nosotros desde abajo debemos hacer el esfuerzo por ver más allá, ver la propiedad que de hecho tienen en la historia los hombres sobre las mujeres, los celos son un efecto de las relaciones sociales, el hombre dominado y violentamente obligado a trabajar para vivir, en su casa, violentamente mutilado y mutilador en alguien que vive para trabajar. También debemos ver que la violencia tiene génesis, que no es natural, puede ser erradicada. Debemos ser capaces de imaginar otro mundo, uno de justicia para nuestros dolores de hoy. No será justo para Lesvy que la cárcel de unos culpables exonere a otros, son culpables aquellos que inmortalizan el modo de vida que hoy tenemos. La justicia no vendrá de arriba. La haremos desde acá abajo.

EL TORITO | por TOR | [Número 26, Año 5, junio - julio, 2018]