EL TORITO | por TOR | [Número 25, Año 5, abril - mayo, 2018]

El proceso para el registro de los candidatos independientes para las elecciones presidenciales de 2018 da cuenta una vez más de la podredumbre en que se encuentra sumida la vida política de este país.

Sabemos de por sí que las cosas no son fáciles para la gente de a pie, la común, como usted o como nosotros; mientras que a la gente de la política institucional, a los de allá arriba, a los poderosos, el dinero y la corrupción se los facilitan todo. Dice la Constitución que todos los ciudadanos tenemos derecho a votar y a ser votados pero resulta que no. No es así, porque desde el poder se imponen miles de trabas tanto para el ejercicio del voto como para ejercer el derecho a ser un candidato a cualquier puesto político.

Si uno aspira a cualquiera de los cargos políticos que se ejercen por elección popular, solo una vía es la fácil y segura: ser el elegido de uno de los partidos políticos existentes o entrarle al esquema partidario con uno de nueva formación. En teoría, podríamos prescindir del esquema partidario ejerciendo lo que se conoce como una candidatura independiente, pero en la práctica ya se ha demostrado que no. Analicemos, como ejemplo, lo sucedido en el proceso para la validación de los aspirantes independientes para candidatos presidenciales para el 2018. Con el argumento del control de los recursos que se utilizan en las campañas, la fiscalización y transparencia de los mismos, así como el control en la impresión de las boletas electorales, el Instituto Nacional Electoral determinó que quienes aspiraran a las candidaturas deberían pasar inicialmente una serie de filtros que dieran muestra de la honradez y de que valía la pena el gasto de la impresión de su nombre en la boleta. Para ello determinó que cualquier aspirante debía contar con el apoyo de al menos el 1% del padrón electoral, esto significaba la recolección de, por lo menos, 866 mil 593 apoyos totales, cuyos firmante debían ser parte de la lista nominal.

Por el contrario, para registrar o mantener el registro de un partido político se necesita tener como afiliados únicamente al 0.26% del padrón… Es evidente la disparidad a la que se enfrenta un aspirante independiente frente a un miembro de la partidocracia, pues en el país hay partidos políticos con registro a nivel federal que en número de afiliados quedan muy lejos el número de apoyos solicitados al aspirante independiente (Tabla 1).

Tabla 1

Otro elemento que pone en desventaja a alguien que aspire a una candidatura independiente es que éste tiene que hacerse por sí mismo del presupuesto para juntar las firmas que demuestren que tiene el apoyo ciudadano. Contrario a cualquier aspirante de partido político que lo obtiene por el simple hecho de estar registrado en él (sin contar lo que puedan agenciarse por desvío de recursos del estado y aportaciones o manejos ilícitos de dinero). Valga decir que el conjunto de los partidos políticos, que casi todos tienen ya elegido a un solo candidato, se han gastado ya 60 millones 414 mil 840 pesos tan solo de precampaña ¡Qué barbaridad! (Tabla 2).

Tabla 2

Por otro lado, en esta lógica de la política de porquería, están los candidatos independientes que, en realidad, no lo son. Ya se ha hablado mucho de ellos… estaban en partido o en cargo público, no les gustó alguna decisión y decidieron hacer carrera por ellos mismos: Margarita, El Bronco, Ríos Pitter y el señor sindicalista Eduardo Santillán. Curioso es que, a pesar su discurso sobre la importancia de una candidatura independiente como garantía de honradez e incorruptibilidad, los resultados nos muestran un panorama muy distinto.

La primera cuestión que debemos tomar en cuenta es la seriedad y honestidad con que estos aspirantes se enfrentaron al proceso de recolección de apoyos pues parece que no les fue suficiente hacer recorridos invitando a la población a apoyarlos y movieron las estructuras de partido o del estado a las que estaban adheridos para actuar a su favor: facciones del partido al que pertenecieron o con empleados de las instituciones estatales donde mantienen su influencia. Peor aún, estos señores demostraron que ponerse la camiseta de independientes no les curó de la terrible enfermedad de engaño, corrupción y cinismo de la que se infectaron cuando estuvieron en el poder y echaron mano de las mañas que bien aprendieron ahí. No dudaron ni un solo momento y en cuanto pudieron comenzaron a presentar miles de apoyos falsos: fotocopias de credenciales, datos de padrones electorales comprados; bueno, hasta plantillas de credenciales se hicieron. Algunos conocedores de su condición callan al respecto apostando a que no nos demos cuenta o se nos olvide y que bajo el argumento de "fueron los auxiliares" les perdonemos las inconsistencias. Otro, desfachatado y cínico como ha demostrado ser, hasta se atrevió a calificar de travesura el gran engaño y montar el show con sus simpatizantes frente a las instalaciones del INE (Gráfica 1).

Gráfica 1

La otra cuestión es la relativa a los recursos utilizados para la recaudación del apoyo ciudadano¿cómo un ciudadano cualquiera fuera del financiamiento que supone la estructura partidaria puede hacerse de los recursos y las condiciones para atravesar el país y cumplir con el requisito de dispersión? Ellos no hablaron mucho de esto pero valga la pena mostrar las cifras de lo que se gastaron (Tabla 3).

Tabla 3

Finalmente, reflexionando y aprendiendo, les agradecemos que una vez más hayan demostrado de qué está hecha la política de arriba de nuestro país, que por más que digan y digan siguen haciendo todos las mismas cochinadas. Dicen esos del INE que investigarán la procedencia de todos los recursos de los gastos de precampaña y del periodo de apoyo ciudadano, a ver si es cierto… y ojalá ese instituto se pusieran a investigar con detenimiento la validez de los documentos presentados en las afiliaciones de los partidos políticos existentes, pero bueno, esas cosas ya sabemos, siempre son a contentillo.

EL TORITO | por TOR | [Número 25, Año 5, abril - mayo, 2018]