EL TORITO | por TOR | [Número 23, Año 4, agosto - septiembre, 2017]

Según el boletín del 21 de junio del gobierno de la Ciudad de México de las 13 mil toneladas diarias de basura que se generan en la ciudad, cerca del 50% proviene de los hogares y en promedio cada persona genera al día 1.5 kilogramos de basura.

Esta forma de enunciar el problema de la cantidad de basura responsabiliza al ciudadano de producirla, pero ¿cómo es que consiguen formular este discurso y que implicaciones tiene?

El truco se encuentra en definir a la basura como cualquier resto de alguna actividad humana que ya no resulte útil a quienes lo usaron, lo que supone por un lado que cualquier objeto puede convertirse en basura, cosa que sabemos cierta, y por otro que se convertirá en basura en el momento en que sea desechada. Por ende quienes generan basura no son los que producen en un inicio el objeto sino quienes lo consumen y después lo desechan.

Así entendida la producción de basura sería una actividad de desprendimiento que uno podría moderar en beneficio de sus conciudadanos, modificar su patrón de consumo y reciclar en vez de desechar. Y en efecto, las políticas para el control y manejo de basura consideran que estas son las soluciones a implementar.

Por ejemplo, el mes de julio entro en vigor en la Ciudad de México la Norma Ambiental NADF-024-AMBT 2013 para la separación de la basura en cuatro categorías: orgánica (residuos sólidos biodegradables), inorgánicos reciclables (materia prima para reutilizar y reciclar), inorgánicos no reciclables (residuos difíciles de reciclar) y manejo especial y voluminoso (residuos electrónicos domésticos).

Ahora bien, la separación de la basura en desechos y residuos, en aquello que ya no puede tener ninguna utilidad y aquello que puede reciclarse, es fundamental para facilitar su manejo y ayudar a reducir el impacto ambiental. Pero regular la separación de la basura no atiende el problema de su producción, por más separada que esté la cantidad sigue siendo escandalosa.

Ya que para el gobierno la producción de la basura se genera en cada casa, la estrategia para combatirla han sido diversas campañas mediáticas que pretenden concientizar al ciudadano e informarle sobre su rol protagónico en la solución del problema. Resulta evidente por el aumento anual en las cifras de basura que se “generan” en la ciudad, que estas campañas no han logrado su cometido.

Esto se debe a que la producción de basura no anida en nuestros hogares, la basura se produce y se vende en forma de mercancías destinadas a tener una vida útil breve pero que de igual manera generan ganancias a los dueños del capital de las industrias que verdaderamente la producen. La producción de empaques, botellas, envolturas, bolsas, en fin de todo aquello que acompaña al producto que realmente queremos adquirir cuando consumimos algún bien material, es un negocio tan redituable como la producción misma del objeto al que acompañan. De igual manera, la producción de artículos de baja calidad que tendrán que ser desechados poco tiempo después de su compra, de obsolescencia programada, garantiza la necesidad del usuario de volver a consumir permitiendo que la industria siga produciendo chatarra y con ello siempre habrá quien se engorde los bolsillos.

Proclamar que es posible que el consumidor modifique su manera de consumir sin que el productor modifique su manera de producir es absurdo. No querer decir que la generación de basura en casa no arroja a sus productores ninguna ganancia, pero que la generación de mercancía-basura sí resulta beneficiosa para la industria, es querer ocultar que la gestión de la basura es en sí mismo un negocio.

¿Queremos decir con esto que de nada sirve separar en nuestras casas la basura? ¿Qué no es necesario modificar nuestra manera de consumir? ¿Qué reutilizar y reciclar son consignas hippies, chairas e ingenuas? En absoluto, separar la basura para poder reciclarla o reutilizarla y consumir de manera crítica son tareas necesarias que implementadas en su dimensión colectiva sí son capaces de generar mejores condiciones. Lo que queremos decir es que no bastan, que es necesario modificar el sistema de producción en su conjunto, que el problema de la basura no se superara de manera independiente gracias a regulaciones estatales que pretendan imputarle a la población la responsabilidad del desastre medioambiental.

EL TORITO | por TOR | [Número 23, Año 4, agosto - septiembre, 2017]