EL TORITO | por TOR | [Número 21, Año 4, abril - mayo, 2017]

Este mes de marzo se cumplieron 16 años de una de las movilizaciones populares más multitudinarias de los últimos años. La Marcha del Color de la Tierra salió de Chiapas el 2 de febrero de 2001 y llegó a la Ciudad de México el 11 de marzo de 2001, a su paso recorrió 12 estados de la República. En ella participó una delegación de 24 zapatistas y muchos delegados del Congreso Nacional Indígena. Pero ¿cuáles fueron las razones de tal marcha?, ¿quién la convocó y para qué?, ¿qué se logró y para qué sirvió? En este 2017, el Congreso Nacional Indígena nombrará un Concejo Indígena de Gobierno que se propondrá gobernar al país y cuya vocera participará en las elecciones presidenciales de 2018. Intentando comprender este y los siguientes pasos que darán los pueblos, invitamos a voltear ese año de 2001 y encontrar en él herramientas que nos permitan responder mejor a tal iniciativa y generar más herramientas para frenar el avance actual del capitalismo.

La Marcha del Color de la Tierra fue convocada, aunque aún no se le llamó así, por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en diciembre del 2000 y tenía como objetivo dialogar con el Congreso de la Unión, el poder Legislativo de nuestro país, e intentar convencer a los legisladores para que aprobaran la propuesta de iniciativa de ley indígena de la Comisión de Concordia y Pacificación (cocopa), conocida como Ley Cocopa. Tal comisión, la cocopa, estaba formada por senadores y diputados de los principales partidos políticos y se creo en 1995 con la finalidad de favorecer el diálogo entre el Gobierno mexicano y el EZLN después de su alzamiento en enero de 1994. Esta comisión, en 1996, redactó su propuesta de iniciativa de ley inspirándose en los Acuerdos de San Andrés firmados entre el Gobierno Federal y el EZLN y redactados con la participación de importantes sectores de la sociedad civil y el movimiento indígena. Esa es la razón por la cual, tanto los Acuerdos de San Andrés como la ley cocopa, gozaban de reconocimiento y cierta legitimidad. Significaban un paso en el reconocimiento de los pueblos indígenas, sus sistemas normativos, su cultura, su organización social, su derecho a la autodeterminación; en resumen, eran un paso en su reconstitución integral como pueblos después de siglos de existencia sin derechos reconocidos en las leyes. Como parte importante de lo anterior, daba facultades a los pueblos y sus instituciones de gobierno y organización a decidir en particular sobre sus recursos y sobre su desarrollo, por lo que ya se oponía a los intereses y planes que el capital tenía en todo el territorio nacional.

La Marcha del Color de la Tierra, también conocida como Marcha de la Dignidad Indígena, terminó con la participación frente a los diputados de delegados del CNI y parte de la Comandancia del EZLN, pero a su paso por pueblos, comunidades, foros, escuelas, etc., significó el encuentro con millones de personas que escucharon, hablaron, opinaron, exigieron, reflexionaron, sobre los derechos de los pueblos, el despojo capitalista, las reformas neoliberales, el derecho a la autonomía, entre muchos otros temas. En ese sentido tuvo al menos dos interlocutores claros: por un lado el poder legislativo como instancia en la que se podía aprobar el reconocimiento de los derechos indígenas; por otro lado la gente y los pueblos que podían construir desde abajo las condiciones para que tales derechos se ejercieran, más allá del reconocimiento. Uno de los dos interlocutores optó por el desconocimiento y la traición a los acuerdos adquiridos con los pueblos en San Andrés.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), los tres principales partidos en esos años (y todavía), aprobaron en el Senado por unanimidad, el 25 de abril, mes y medio después del arribo de la marcha, una reforma en materia indígena que desconocía completamente los Acuerdos de San Andrés. Tal reforma fue rápidamente aprobada en la mayoría de los congresos locales y publicada en el Diario Oficial de la Federación en agosto siguiente. La Suprema Corte de Justicia de la Nación desechó al año siguiente las controversias constitucionales contra la reforma, muchas de ellas promovidas por municipios indígenas que consideraban violados sus derechos. Es por eso que tal episodio se considera una traición de los tres principales partidos políticos y de los tres poderes del Estado mexicano. Once años después esos mismos tres partidos firmarían el Pacto por México para sacar adelante un paquete de reformas estructurales necesarias para la etapa actual de acumulación capitalista, por lo que no es exagerado considerar que aquella contrarreforma en materia indígena fue el inicio de un periodo en el que el pueblo no hemos podido detener el avance de la burguesía. Los Acuerdos de San Andrés y la Ley Cocopa daban a los pueblos indígenas, y por lo tanto a todo el pueblo de México, herramientas legales para defenderse y detener el despojo capitalista anunciado desde la reforma al 27 constitucional en 1992 y la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio en 1994. No es menor la derrota que como pueblo sufrimos en aquel entonces, a la luz de lo que vendría después. Por eso consideramos importante tener presente ese año, esa marcha, y revisar lo ganado y lo perdido.

Más arriba mencionamos dos interlocutores. Aún falta hablar del segundo, de las comunidades y pueblos indios y del pueblo en general. Aquella marcha fue una escuela organizativa para mucha gente y muchas comunidades. Por ejemplo, el Congreso Nacional Indígena avanzó mucho en su organización y consolidación. La traición gubernamental fue una razón para avanzar en procesos locales y regionales de autonomía y lucha contra los intereses del capital. Consideramos que esa demostración de fuerza hizo que las reformas reaccionarias tardaran más de lo que esperaban. Sin embargo el avance neoliberal no se ha detenido y al pueblo nos sigue faltando lo mismo que entonces, construir desde abajo las condiciones para ejercer y hacer respetar nuestros derechos, para lo cual vamos a tener que echar para atrás los intereses del gran capital en nuestro camino para derrotarlo definitivamente. Por lo mismo consideramos importante estar pendientes de la actual iniciativa del CNI y el EZLN y verla en perspectiva, para entender mejor todo lo que está en juego en el momento que hoy vivimos.


Para estudiar y analizar este y otros periodos del CNI, invitamos a asistir al seminario De la Rebeldía nacerá la Libertad de los Pueblos, cuyos videos y materiales están disponibles en http://tejiendorevolucion.org/14020.html