EL TORITO | por TOR | [Número 21, Año 4, abril - mayo, 2017]

Los de abajo, los que no tenemos más que nuestro propio trabajo, siempre hemos padecido de las formas más viles que han encontrado los capitalistas para excluirnos de todo aquello que podría parecer un derecho, pero que ellos han convertido en mercancía. Así, la salud, el agua, la educación, la vivienda, el trabajo, la democracia se han convertido en mercancías, mercancías que se compran y se venden al mejor postor, al que pueda pagarlas.

Para justificar este atropello los grandes capitalistas han utilizado no sólo a gobiernos y su represión, sino algunas formas más sutiles para despojarnos de nuestros derechos, incluso haciendo parecer que si nosotros no tenemos esos derechos es por nuestra culpa.

Tal es el caso de la educación, y en esta ocasión hablaremos de la educación media superior y del cómo se ha convertido este derecho en una mercancía. Muchos han sido los mecanismos para dejar a la gran mayoría de la población fuera de toda posibilidad de acceder a estudios a nivel superior. Cada “etapa” o nivel escolar, se convierte en sí mismo en un filtro. La educación se cae a pedazos culpa de un sistema que ha implementado la lógica del desgaste, del abandono, para después echarle la culpa a los profesores, estudiantes y padres de familia, para privatizar uno de los grandes derechos obtenidos desde la revolución de 1910.

Aunado a este abandono causado por el gobierno y sus innumerables instancias burocráticas, por otro lado, desde la misma educación, nos han enseñado que -según ellos- somos parte de ese abandono. Nos dicen que los que no acceden a los niveles superiores de educación es porque no pueden, porque no tienen las capacidades, cuando el 80 % de los aspirantes a nivel medio superior son excluidos y en el caso del nivel superior es del 92 %. Esa exclusión es justificada por un lado por la falta de espacios en las preparatorias y universidades (espacios que debería garantizar el Estado) y por otro lado por toda esa mentira de que somos nosotros los que o no queremos estudiar o no sabemos cómo hacerlo (cuando en teoría el gobierno también debería garantizar que pudiéramos estudiar.).

Sin embargo, la realidad es otra, los mecanismos para excluirnos de la educación superior, de la ciencia, del conocimiento operan a diario y para muestra “basta un botón”.

Este año la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Medio Superior COMIPEMS publicó la convocatoria para el examen único de ingreso al bachillerato, un examen diseñado para excluir más que para demostrar conocimientos. Del examen ya hablaremos después, sin embargo, quisiéramos recalcar la cantidad de filtros y trabas que existen antes de si quiera poder acceder al examen.

Este año la COMIPEMS decidió realizar un pre-registro en línea bastante elaborado en donde a los aspirantes se les pedían datos claramente con el fin de poder agrupar y clasificar a los mismos. Este formulario presentaba preguntas para determinar el nivel socio-económico de los aspirantes, pero también para determinar, incluso antes del examen, si realmente están preparados o no para realizarlo según sus propios criterios con preguntas del tipo: ¿Cuentas con computadora propia? ¿Tomaste un curso de preparación? ¿De qué tipo era el curso? ¿Sabes qué carrera vas a elegir?

Pero uno se podría preguntar ¿y eso tiene algo de malo? Pensemos un poco más allá. En primera instancia se convierte en un filtro para acceder al examen para aquellas personas que o no cuenten con una computadora o no estén acostumbrado a realizar este tipo de formularios en línea con tantos pasos a seguir y tanta información que llenar. En los cursos de preparación y redes sociales se podían observar a muchas personas tratando de resolver dudas o incluso diciendo que al no poder realizar el pre-registro adecuadamente se han quedado fuera.

Otro punto importante es que este pre-registro en realidad funciona como un registro inicial con demasiados pasos a seguir. Desde el primer momento los aspirantes deben elegir, sin ningún tipo de asesoría, cuáles son sus opciones educativas para ingresar al bachillerato, además llenar el formulario de datos generales, imprimir la boleta de pago de $350, imprimir la solicitud de registro y por si fuera poco si tienes algún tipo de discapacidad debes llenar más formularios. ¡Sólo para pre-registrarte! Así, este pre-registro se vuelve en sí un filtro más para ingresar a la educación superior. Un mecanismo más de exclusión y odio. Un más de los tantos que operan a diario.

¿Y entonces, que opciones tenemos? La organización, la información y la acción. Es por ello que en Tejiendo Organización Revolucionaria nos hemos juntado con un grupo de universitarios, aspirantes y padres de familia para contrarrestar esta exclusión, tal vez por ahora no desde sus raíces, pero si desde una de las trincheras para poder luchar contra estos filtros de forma organizada y consciente con el apoyo mutuo, el trabajo colectivo, la disciplina y la conciencia de que no podrán con nosotros mientras continuemos organizados codo a codo luchando para obtener nuevamente esos derechos que nuestros antepasados nos heredaron a base de lucha y sangre.