¿Quién mató a la gallina de los huevos de oro? O de como con mucho petróleo no tenemos gasolina


EL TORITO | por TOR | [Número 20, Año 4, febrero - marzo, 2017]

Todos los que hemos visto la televisión o escuchado la radio en los últimos días hemos oído repetirse ese comercial que reza: “el precio de la gasolina subió porque en el último año, en todo el mundo, el precio del petróleo aumentó”. Entonces, como pasa con los comerciales que todos los días nos invitan a vivir en otro mundo lleno de fantasías y aspiraciones, debemos preguntarnos ¿Es cierto lo que me dicen? ¿Debo creerle al presidente del país cuando me dice que la culpa es de lo que pasa en el mundo y no de él?

No es nuestro tema hoy la estrategia de los gobiernos para intentar construir realidades que no existen a fuerza de repetir frases vacías e invocar mentiras millones de veces. Tampoco es nuestra intención hacer un listado de las falsedades que día a día escupen por sus bocas los funcionarios de este país, hablaremos sólo de la gran mentira que hoy proclaman a voces para calmar la ira social, esa de la necesidad de aumentar el precio de la gasolina, y sus constantes llamados a la unidad nacional, unidad que solo significa resignación y sumisión.

Es falso que el precio de la gasolina se haya elevado únicamente por el alza internacional de los precios del mercado. Evidenciar esta mentira no es labor sencilla porque si bien existen responsables directos y todos tienen nombre y apellido, el fenómeno está envuelto en un proceso mucho más complejo; un proceso que se ha trabajado al menos durante veinte años. El 20 de julio de 1938 se creó por decreto presidencial la compañía Petróleos Mexicanos (PEMEX) para ser la única empresa encargada de la exploración, producción y refinación del petróleo mexicano, el cual es, para suerte de los nacionales, tanto que permite ser exportado al mercado internacional. Durante muchos años el gasto público del gobierno descansó en hombros de la producción y exportación de petróleo. Pero, como es historia en este país, la industria petrolera mexicana no cargó sólo con el peso del gasto público, sino con los gastos de los parásitos y las sanguijuelas que bien han sabido aferrarse a la estructura estatal, cargó con los múltiples robos, desviaciones de recursos, cargó -como dice una famosa canción- con sus viajes, sus viejas, sus casas, sus guaruras...

Conforme avanzaban y se recomponían las fuerzas del capitalismo internacional, se perdían los espíritus nacionales y se avanzaba en la división internacional del trabajo, aparecieron los nuevos esquemas, se borraron las fronteras y había que abrirse completamente a las leyes de libre mercado. Los gobiernos tenían que dejar de meter las manos en cosas de la producción y circulación de mercancías y debían dejar esas cosas a la autorregulación que dicen tiene el mercado, debían dejarlo en manos de quienes dicen saber cómo hacerlo: los señores empresarios (capitalistas o burgueses como les decían en otros tiempos). Así, los gobiernos mexicanos comenzaron a deshacerse de las empresas propiedad del Estado, malbaratándolas a esos que hicieron pasar como empresarios-héroes arriesgados dispuestos a asumir los retos por fracaso que constituían las empresas estatales mexicanas y que, por pura casualidad, hoy son súper exitosas.

A pesar de haber sido PEMEX una de las principales empresas productoras y exportadoras de petróleo a nivel mundial hoy no es capaz de proveer de combustible a precios accesibles a sus propietarios. Eso lo dicen los políticos y eso no es mentira, hoy PEMEX es incapaz de refinar el combustible para abastecer la demanda nacional; pero esta imposibilidad no se debe a fuerzas superiores o suprahumanas, no es culpa de Dios ni de la naturaleza, ni del destino. El Estado mexicano impidió por diversas vías y en los hechos la reinversión y recapitalización de la empresa estatal. Fue como sus tecnologías se hicieron obsoletas, se abandonó el desarrollo de tecnologías mexicanas y se descartó la construcción de nuevas refinerías.

Al mismo tiempo se siguió trabajando para hacer la empresa ineficiente. Con el argumento de la corrupción, de la carga que significa el sindicato de los trabajadores petroleros (que no lo es) y de la imposibilidad de hacerlo ella misma, la administración de la empresa se encargó de regar las ganancias en particulares al dejar por subcontratación sus actividades clave; con el esquema de coinversiones la empresa dejó de ser 100% estatal para comenzar a compartir sus ganancias con capitales privados en esquemas que para nada benefician a la petrolera pero que son sumamente rentables a los nada bien intencionados capitales externos (sus amigos y patrocinadores). PEMEX quedó amarrada a la inversión externa, a la renta de equipos y servicios y a la compra de lo que en realidad podría vender.

Los gobiernos encontraron dinero fácil y se dedicaron a extraer sin invertir, pues era mucho más rápido vender la materia prima al mercado internacional que procesarla. Además, el Tratado de Libre Comercio nos obliga a vender y comprar, así que si les vendemos el petróleo crudo, les podemos comprar el refinado y así fomentamos las relaciones comerciales con nuestro vecino del norte ¿no? Y así estamos importando lo que podríamos exportar, pagando al precio que ellos propongan y en su moneda, porque finalmente nos dejaron sin opción, entregamos las ganancias de la refinación y comercialización a los capitales privados.

Hoy nos dicen que las finanzas no se sostienen y que es necesario eliminar todos los gastos con los que tiene que cargar el gobierno, que estamos mal acostumbrados a que todo se nos pague y se nos resuelva y que así no podremos llegar a ser un país de primera; que la “gallina de los huevos de oro se murió” y que los ciudadanos debemos hacernos cargo de nuestros gastos y de nuestras obligaciones con el Estado y ora sí, llaman a la comprensión y a la unidad de todos los mexicanos.

Lo cierto es que han hecho chuza. Con la reforma energética liberaron las trabas para abrir la industria petrolera a los capitales privados, en todos sus procesos. Ahora, argumentando que la competencia obliga a mejorar las ofertas, con la liberación del precio de la gasolina dejan abiertas las posibilidades para que todos aquellos que tengan posibilidades -entiéndase gente acompañada de muchos ceros a la derecha- puedan participar en el negocio de importación, distribución y comercialización de la gasolina, para que puedan enriquecerse aún más y fácilmente a costa de los consumidores del combustible. Además, el gobierno dejará de gastar todos esos millones que costaba sostener los precios de la gasolina, transfiriendo directamente el gasto hacia la población, pero como no solamente se trata de dejar de gastar sino de seguir captando recursos para sus gastitos, el precio de la gasolina no dependerá únicamente del precio del mercado internacional, sino que tendrá que agregársele los impuestos que el Estado ha determinado para ser pagados directa o indirectamente por el consumidor.

Así el precio de la gasolina quedará establecido a partir de la fórmula:
Precio internacional + Impuesto al Valor Agregado + Impuesto Especial sobre Producción y Servicios + Impuesto sobre la renta. ¿Podrían eliminarse los impuestos en el precio de la gasolina? ¿Podríamos reducir de alguna manera los costos con la producción de combustible nacional? ¿De verdad es culpa únicamente de la subida de los precios internacionales? ¿Usted, señor Enrique Peña Nieto, tiene algo que ver con que ahora tengamos que pagar el dólar tan alto? ¿Acaso han influido sus decisiones en ello? Bueno, pues sigan intentando engañarnos con sus comerciales de fantasía, incrementen el coraje de toda aquella mayoría a quienes nos encabrona nos vean la cara. Ya llegará el tiempo en que nos colmen los de oro que dejó de poner la gallina, que nos pongamos de acuerdo y les tomemos los medios de producción.