A más de dos años seguimos exigiendo justicia


por TOR - Octubre 2016


Se han cumplido dos años desde la desaparición forzada de nuestros 43 compañeros de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa Guerrero. Dos años han pasado en que las consignas de justicia y presentación con vida han sido sostenidas con gritos y lágrimas, con dolor y rabia. Han pasado incontables mañanas, tardes y noches en las que los padres y madres de familia se han encontrado en una encrucijada: sus hijos están desaparecidos y FUE EL ESTADO.

El gobierno mexicano ha decidido simular una investigación, mentir a los padres de los 43 y al resto de México sin resolver nada, ha negado el papel y los vínculos del ejército y funcionarios corruptos con los hechos, ha ignorado abiertamente las pruebas para mantener su “verdad histórica” después de que esta se viniera abajo por completo, gracias al trabajo e investigación del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y de muchos otros individuos y colectividades que han demostrado la imposibilidad de las declaraciones de este Estado asesino en voz del entonces titular de la Procuraduría General de la República (PGR), Jesús Murillo Karam.

El Estado mexicano sigue reprimiendo, en todos los niveles y de todas las formas, y ha ejercido su poder golpeando constantemente a quien le reclama y exige, los estudiantes movilizados, organizados y comprometidos con la sociedad y con otro proyecto de educación, representan para el Estado, sus intereses y los de sus aliados una amenaza que debe ser eliminada. Esta forma de proceder no es nueva, el Estado siempre ha tenido miedo a los que luchan, los estudiantes que han luchado por la defensa de la educación pública y gratuita poniendo freno al proyecto neoliberal en las escuelas. A través de la organización en las asambleas, a través del brigadeo, el saloneo, las pintas y el volanteo, han mostrado su compromiso con la transformación en medio de un clima de criminalización y guerra contra el pueblo. Movimientos como el del 68, nos permiten recordar que FUE EL ESTADO quien, ejecutó la orden para “sembrar la paz” a costa de la muerte de innumerables estudiantes y no estudiantes que se manifestaban en aquel entonces. Las muertes sirvieron y han servido para ocultar el descontento de muchísimos sectores cuya amplitud rebasaba la fuerza del Estado.

El 26 de septiembre de 2016, en la Ciudad de México, grupos organizados de estudiantes, trabajadores y otros individuos marchamos hacia el Zócalo acompañando la lucha de los familiares y compañeros de los normalistas de Ayotzinapa, haciendo presente la protesta, repitiendo a toda voz ¡Vivos se los llevaron! ¡Vivos los queremos! y ¡Fue el Estado!

Ayotzinapa fue un hecho que indignó a la población e hizo caminar codo a codo a cada una de las facultades, escuelas y universidades públicas y privadas. Estudiantes y no estudiantes volvemos a machar juntos el 26 de septiembre por la justicia y el 2 octubre por la memoria, hoy y siempre seguiremos marchando y seguiremos luchando haciendo eco de nuestra indignación y rabia.

La represión no se hizo esperar. Al día siguiente el 17 de septiembre del 2016 en Michoacán, en la comunidad de Carapan, 49 normalistas de la Normal Indígena de Cherán, de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México y de la Organización de Normales Oficiales del Estado de Michoacán fueron detenidos después de enfrentarse al mando único de la policía de Michoacán. El enfrentamiento dejó también un saldo de 30 heridos, debido a que la policía disparó con armas de alto poder hacia los camiones en los que viajaban los normalistas, para después perseguirlos mientras buscaban resguardarse en el bosque. Una vez más los instrumentos del Estado sirven para reprimir, para crear miedo y perpetuar esta guerra donde el pueblo pone los muertos y los heridos. Lo ocurrido es apenas un ejemplo de la cotidiana violencia que se ejerce desde el Estado, la represión y la violencia que la normaliza se han convertido en elementos cotidianos a lo largo y ancho del país, así contra quien se organiza y se manifiesta políticamente como contra quien no lo hace, así contra el normalista, contra el trabajador o contra la mujer.

Al cumplirse dos años del ataque, desaparición forzada y asesinato de normalistas de Ayotzinapa, las heridas y pérdidas que acompañan la lucha son más numerosas que antes. Del Estado no ha llegado la verdad, no ha llegado la justicia y no ha dejado de llegar el desprecio y la represión. Pero aunque sean múltiples las heridas, cabe señalar la importancia de recordarlas, de luchar por ellas y de demandar el castigo de los responsables; de apoyar y sostener a quienes ya lo hacen; de mantener, sino la cuenta, la conciencia de las dimensiones del horror que vivimos, porque no hay otro modo de entender y transformar la realidad.

Mientras el gobierno mexicano ponga oídos sordos a las demandas de la sociedad y apele a la transfiguración de los hechos sembrando pruebas falsas, mientras siga la mentira y la desfachetez del tirano seguiremos saliendo a las calles para convencer a quienes sin reparo desde lejos nos miran naturalizando violencia, el crimen y la barbarie. Porque marchando recordamos, marchando nos reconocemos unos a otros en la lucha, marchando nos solidarizamos con el dolor del otro, marchamos y marcharemos para reconocer la fuerza que juntos tenemos, y porque sabemos que organizados seremos más fuertes para resistir y luchar.

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[Número 19, Año 3, Octubre-Noviembre, 2016]
A más de dos años seguimos exigiendo justicia