Agua pasa por mi casa: el desperdicio de agua en Los Pedregales.

por TOR


Junio 2016. El 29 de abril se instaló en el número 215 de la Avenida Aztecas en la delegación Coyoacán de la Ciudad de México un plantón indefinido que tiene por objetivo exigir al gobierno de la Ciudad de México la cancelación definitiva de la obra que en el predio se realiza y la expropiación por causa de utilidad pública de la totalidad de éste.

La instalación del plantón fue acordada por la Asamblea General de los Pueblos, Barrios, Colonias y Pedregales de Coyoacán, luego de que las autoridades de la Ciudad se han negado a responder a una problemática que, finalmente, concierne a todos los habitantes de esta ciudad: el abasto de agua.

¿Y cómo se resuelve con un plantón una problemática tan grande? Vamos a contextualizar el caso para que podamos comprender la importancia de esta lucha:
Hace un año aproximadamente, la inmobiliaria “QUIERO CASA” inició excavaciones en el terreno para la construcción de un conjunto habitacional de departamentos de lujo y al igual que se acostumbra con los proyectos de este tipo, los vecinos no fueron informados y mucho menos consultados sobre su pertinencia.

Iniciada la obra, los vecinos de la zona notaron que del interior del predio salían unas mangueras que funcionaban ininterrumpidamente bombeando agua limpia hacia el drenaje de la calle, además notaron la presencia de pipas de agua, de propiedad privada, que se abastecían en aquel lugar.

Los habitantes de la zona de los Pedregales y de los pueblos Los Reyes y La Candelaria, así como diversos estudiosos del tema tienen por cierta la existencia de agua en el subsuelo de la zona, así como conocimiento de los manantiales que en esta existieron. Además, también dan cuenta de ello los pozos de extracción que funcionan actualmente y abastecen en parte el Sistema de Aguas de la ciudad.

Las sospechas de los vecinos estaban fundadas: al hacer las excavaciones la empresa inmobiliaria dejó al descubierto un venero de agua dulce y con las bombas la estaban echando al caño o a la pipas según fuera el caso.

Después de reiteradas quejas para atender la situación del agua desperdiciada y de la irregularidad de la obra, los vecinos decidieron pasar de la queja a la acción y comenzaron una serie de movilizaciones y protestas que hicieron que al fin las autoridades hicieran presencia en el lugar. La obra se canceló pero, como suele suceder, las autoridades se salieron por la tangente: clausuraron la obra porque no se guardaban las medidas de seguridad y protección necesarias…

¿Y el agua? Siguió brotando de manera tal que en pocos días inundó todo el predio, cambiando el paisaje por el de una laguna muy particular y haciendo obvio lo que se venía denunciando: ahí existe un manantial que puede utilizarse para el abastecimiento de los habitantes de la zona quienes además, como otros cientos de miles de esta ciudad, suelen sufrir continuamente por el desabasto del líquido. Frente a la verdad de las cosas y, como comúnmente decimos, con los pelos de la burra en la mano, los vecinos organizados reforzaron las movilizaciones y su exigencias.

Pero en esta historia que parece del como suele suceder, sucedió lo que cualquiera imaginaría que sucedería: las autoridades hicieron el cuento chino y anunciaron a todos los medios de (des)comunicación masiva que el agua del predio no podía utilizarse porque “es agua mala” y mientras enviaban unos trescientos policías a enfrentar a los inconformes. Así, sin argumentos claros y con la amenaza del uso de la fuerza las autoridades de la Ciudad de México pretenden convencer a los habitantes de los pedregales. Sin embargo, los vecinos, saben ser sensatos y saben ser valientes. No cayeron en la provocación, reforzaron sus investigaciones y están más seguros que nunca de que el agua que brota de ese suelo, puede ser reutilizada y es susceptible de ser potabilizada. Por eso instalaron y sostendrán el plantón hasta que las dos exigencias sean cumplidas.

¿Y quién, de los mortales, los comunes como nosotros, no ha sufrido desabasto de agua en esta ciudad?

El problema es tan grande que, por ejemplo, el gobierno de la Ciudad ha implementado medidas para contener la ira social como la condonación del pago de los derechos del agua a los usuarios de la delegación Iztapalapa que demuestren haber sufrido desabasto desde el 2011 hasta el presente.

Si las autoridades fueran tantitito congruentes y se atuvieran a sus dichos, ¿cuál sería el problema de ejercer el “Decidiendo juntos” de su slogan respondiendo positivamente a las exigencias? Si de verdad, como ellos afirman, el agua no brota purificada por la naturaleza, ¿cuál es el impedimento para instalar y echar a andar la tecnología para dejarla limpiecita? ¿No tendría que ser compromiso de todos resolver estos problemas? ¿Acaso el agua no es una cuestión de utilidad pública?

Y una vez más, como siempre, nos dejan bien clarito para quien trabajan los (des)gobernantes, porque valen más los dineros que los ricos puedan extraer de sus 377 departamentos vendidos, que garantizar el abastecimiento presente y futuro.

Y una vez más, como no siempre pasa, pero que se agradece cuando sucede, el pueblo organizado pone el dedo en la llaga y demuestra cómo sí hay maneras de resolver lo importante, pero que no se quiere.

Con el plantón, el pueblo que se organiza nos enseña que la trinchera por pequeña que parezca puede ayuda a resolver problemas gigantes y enciende una luz digna y rebelde que nos invita a reflexionar sobre nuestras prioridades, sobre lo que es importante, lo más necesario, lo vital; además de invitarnos a ser congruentes, a actuar para defenderlo, porque como dicen los compañeros: el agua es vida y la vida se defiende.