La lucha magisterial contra el gobierno autoritario.


2 junio, 2016. Ha terminado un mes de mayo más y el 15 se conmemoró otra vez el día del maestro. Afortunadamente, muchos profesores decidieron celebrarlo defendiendo la educación pública. Miles de docentes de toda la república participaron en un paro de labores que ha buscado frenar la reforma educativa peñanietista que, más que mejorar la educación, pretende atacar los derechos laborales de los trabajadores de la educación y dar paso a la iniciativa privada en el sector educativo.

En Chiapas, Michoacán, Guerrero y Oaxaca, prácticamente todas las escuelas pararon, mientras que en muchos otros estados hubo nutridas movilizaciones. La Ciudad de México fue sede de múltiples plantones que buscaban presionar para ser escuchados por el gobierno central y los funcionarios de la Secretaría de Educación Pública. Lo que han recibido es cerrazón, intentos de desgaste y hasta la más cruda represión, y vale la pena hacer un recuento del momento actual de la lucha magisterial.

El Estado se ha mostrado intransigente y ha negado sistemáticamente la participación de los maestros, principales conocedores de las problemáticas de estudiantes y escuelas, en las modificaciones que la educación necesita. En su lugar ha pretendido implantar un sistema de control, amenazas y precarización laboral haciéndonos creer que eso mejorará las cosas. Esta actitud absurda tiene una explicación.

La actual reforma laboral que quieren hacer pasar por educativa tiene como finalidad sustituir en los salones de clase a profesores que históricamente han sido claves para impedir que la educación pierda su carácter crítico y se convierta en mercancía. Los exámenes de oposición, más que supuesta calidad, buscan la entrada en las escuelas de profesionistas ajenos a una tradición, profundamente arraigada, de profesores cercanos a las luchas populares. El ataque a las normales rurales y el desprestigio de los maestros con que nos bombardean los medios de comunicación son parte de la misma estrategia. Los profesores con vocación estorban en los nuevos planes que el gobierno y los empresarios tienen.

Buena parte del magisterio, el que permanece organizado, se da cuenta de las intenciones de arriba y puede actuar para evitarlo. Es por eso que organizaron un paro nacional y jornadas de protesta desde el 15 de mayo. Es por eso que exigen diálogo ser escuchas. Al mismo tiempo, el gobierno amenaza con sustituir a aquellos que falten tres días al trabajo. Se aprovecha de que miles de personas desempleadas, que no obtuvieron un lugar en el examen de oposición, aceptarían un trabajo de forma dócil: sin cuestionar, sin exigir. Demuestran que para ellos, los profesores son desechables e intercambiables.

El secretario de educación, Aurelio Nuño, ha insistido en que todo está bajo control, en que las movilizaciones convocadas por el magisterio disidente no han sido exitosas, en que la mayoría de los maestros han sido evaluados en todos los estados. Sin embargo eso contradice que hablen de 26 mil profesores listos para sustituir a los despedidos, o que en Michoacán se vaya a realizar un tercer intento de evaluación. El desalojo violento de campamentos la madrugada del 20 de mayo por parte de la Policía Federal y equipos antidisturbios, el traslado involuntario de maestros en camiones hasta sus lugares de origen, la permanencia en la cárcel de cinco dirigentes del magisterio oaxaqueño, la manipulación de cifras que contradicen las que los medios de comunicación reportan en las movilizaciones; todo esto habla de que el gobierno no tiene las cosas bajo control, que los maestros organizados no están derrotados y que las cosas no están decididas.

Aunque las Secretarías de Educación Pública y de Gobernación se burlen diciendo que habrá diálogo cuando se acepte la reforma educativa, y sólo con la finalidad de implementarla más rápido, debemos recordar que el respaldo a los y las educadoras es fundamental, que la lucha por la educación pública, científica y popular es la lucha de los de abajo, que estamos ante un retroceso autoritario en el que se criminaliza cualquier protesta y que permitir el avance de esta reforma es darle más espacios a los empresarios para generar riqueza a partir de nuestras necesidades.