¡Ante la represión de los de arriba, los de abajo se organizan!


por TOR


Ya sea en la ciudad o en el campo los pueblos protestan, se movilizan, se organizan por demandas como la vivienda, salud, educación, trabajo, tierra y en defensa de los recursos que les han sido arrebatados o amenazan con hacerlo. En la ciudad como en el campo los capitalistas encuentran en la explotación la vía para enriquecerse, en el despojo (de recursos naturales, de espacios públicos, etc.), una manera efectiva de acumulación, en la represión estatal el mejor medio para garantizar su éxito, y en el aparato burocrático legislativo la mejor manera para legalizar sus crímenes.

En distintos artículos hemos hablado de luchas de los pueblos originarios, organizados para resistir los embates de capitalistas que pretenden robar el agua, los bosques, los minerales, la tierra, mediante los conocidos megaproyectos. Agrupados en torno al CNI, estas comunidades han decidido avanzar en nuevas formas de organización y articulación, haciendo un frente común.

Sin embargo, la lógica del despojo no sólo se aplica a los pueblos originarios. En la ciudad se planifican megaproyectos como segundos pisos, autopistas urbanas y supercarreteras (Supervía Poniente, el Arco Sur, la utopista urbana del Oriente, la supercarretera Toluca-Naucalpan, la supercarretera México-Tuxpan que cruzaría Ecatepec, Teotihuacán, Acolman, Tezoyuca, Atenco, Texcoco, Chimalhuacán), drenajes profundos, rellenos sanitarios, unidades habitacionales no populares, centros comerciales, gasoductos, enormes instalaciones eléctricas, metro y metrobús hacia zonas rurales, o el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, entre otros. Estas obras han beneficiado a empresas y constructoras nacionales y multinacionales, algunas como OHL (denunciada en varias ocasiones por negligencia y fraudes) y Pinfra (que ya tuvo el descaro de denunciar penalmente a pobladores del municipio de San Bernardino Chalchihuapan en Puebla por el cierre de una autopista en una protesta), ambas administran algunas de las nuevas carreteras con millonarias ganancias; CEMEX, monopolio latinoamericano; Gas Natural Fenosa, demandada en distintos países por el trato dado a sus trabajadores; o Grupo Carso e ICA que, en complicidad con el gobierno del DF, cometen negligencias del tamaño de la línea 12 del metro.

Y es justamente el hasta hace poco GDF (Gobierno del Distrito Federal ahora CDMX) del PRD y compañía, quienes han avanzado de manera contundente en el proyecto neoliberal de privatización de la ciudad. Ejecutores y cómplices del despojo a miles de campesinos, vecinos y comunidades para permitir la edificación y construcción de todos estos proyectos, además ofrecen y venden al mejor postor espacios públicos, la red de transporte público, o la construcción y mantenimiento de obras de infraestructura de servicios públicos como el agua.

Además, avanzan en una nueva forma de organización territorial que beneficia a empresas privadas y burguesía citadina: las ZODES (Zonas de Desarrollo Económico y Social), pues en su construcción participarían nuevamente constructoras que están orientadas a la construcción o ampliación de hospitales (principalmente privados), unidades habitacionales o el rehuso de complejos productivos en zonas donde la clase trabajadora no tiene acceso.

También es el gobierno de la CDMX, con el beneplácito de los partidos políticos quien ha intentado en varias ocasiones criminalizar la protesta social. El artículo 362 del Código Penal del Distrito Federal intentaba condenar la protesta de aquellos que no están conformes con lo que ocurre en la ciudad, contra quienes luchan por mejores condiciones de vida, por vivienda, por acceso a educación, en contra de proyectos que despojan y solo benefician a los pocos de siempre. Igualmente la ley de Movilidad de la ahora CDMX, abre las puertas a la represión de la protesta, al prohibir la libre manifestación en vías primarias, permitiendo a la Seguridad Pública tomar “las medidas necesarias” para evitar bloqueos.

Pero a pesar de todo, a pesar de la represión y contubernio de los de arriba, los de abajo también se organizan; desde los pueblos originarios las distintas luchas que se libran contra el despojo, la explotación y por una vida digna en la ciudad. En barrios y colonias, individuos así como colectivos, asambleas populares y barriales, organizaciones sociales, estudiantiles, vecinales, sindicatos, etc., pertenecientes a distintos sectores, salen a las calles para reclamar y denunciar los embates, cada vez más fuertes del capitalismo.

Así nos encontramos y se encuentran, poco a poco, la Organización en contra de la Supervía, las organizaciones en contra del nuevo aeropuerto, la organización en contra de la negligencia en la construcción de gasoductos, las organizaciones e individuos en contra de las ZODES. De este modo, la organización en las calles, también avanza.

Y, sin embargo, ¿cómo podemos conocernos? ¿Cómo aprender de las otras luchas y de las experiencias de otros individuos y organizaciones? Si bien no sólo los pueblos luchan, son los pueblos quienes nos muestran la importancia de la confluencia con otras luchas, con otras organizaciones y movimientos que sufren el despojo y represión, que han avanzado en distintas condiciones y tienen algo que enseñar y que aprender, además de extender los lazos solidarios. Se hacen necesarios espacios de coincidencia para, por lo menos, conocer y alzar la voz por otras luchas, difundir las experiencias de otros, para así encontrar caminos comunes.