Auditorio Che Guevara ¿Para quién y para qué?


por TOR

Después de 9 años trabajando en el espacio, Tejiendo Organización Revolucionaria (TOR), ha tenido oportunidad de externar su posición sobre el Auditorio Che Guevara en diversas ocasiones: el espacio se defiende con trabajo y ha sido el trabajo y la participación de la comunidad universitaria, de diversos movimientos sociales y luchas en el país, la que ha sostenido ese espacio durante los más de quince años que lleva funcionando libre de la gestión de las autoridades universitarias, aunque nunca ha logrado librarse de la sombra y los ataques constantes confabulados desde la torre vecina de rectoría.

Sostenemos nuestra posición, y en todo caso, consideramos necesario caracterizar, aunque sea brevemente, para quiénes y para qué creemos que sirven los espacios tomados dentro de la universidad.

El Auditorio es para y de la comunidad universitaria, fue ésta quien lo tomó y es ésta quien debe gestionarlo. La presencia de la comunidad universitaria en el espacio es la que hace que éste sea útil para las organizaciones, movimientos sociales y luchas del pueblo. Es el encuentro entre la comunidad universitaria y las luchas que buscan transformar el mundo lo que da sentido a un espacio libre de las autoridades que imponen modelos neoliberales de educación, mercantilizando el conocimiento, separándolo de las problemáticas del pueblo trabajador, para ponerlo al servicio de las empresas. Las organizaciones, luchas populares, y movimientos sociales no dependen de la infraestructura da la universidad, lo que requieren es una comunidad universitaria organizada, capaz de gestionar espacios independientes de las autoridades para ser recibidos dentro de la universidad y construir en conjunto la sociedad que queremos.

Pero la “comunidad universitaria” (que está conformada por estudiantes, académicos y trabajadores), está lejos de ser un ente homogéneo, hay estudiantes, maestros y trabajadores interesados, propositivos y comprometidos con el acontecer de la vida política, económica y cultural del país, pero hay también un porcentaje autocomplaciente, conforme con su lugar en la universidad, indiferente y apático ante lo que ocurre en el mundo. No será este último sector el que logre construir la transformación que tanto necesita la universidad, el país y el mundo, pues sus intereses no superan el de la reproducción del status quo.

Es la comunidad universitaria la que debe hacerse responsable de construir aquello que quiere ver, tanto en el auditorio como en el resto de la universidad, es aquella que no llama a las autoridades a retomar el espacio, porque sabe que son las mismas autoridades las que desde hace muchos años promueven un proyecto privatizador dentro de la universidad, aquellas que laboralmente mantienen la precarización de los profesores por hora que ronda el 80% del total de académicos, la que elimina plazas sindicalizadas, que presupuestariamente mantienen castas burocráticas, y las que retiran fondos a la investigación mientras que construyen espacios para el uso de empresas privadas sin retribución a la universidad (la maestría en Alta Dirección en la Facultad de Contaduría, el caso del equipo de los pumas manejado por una Asociación Civil ajena a la universidad o el deportivo Harp Helú son algunos ejemplos). Políticamente estas autoridades utilizan a la UNAM como trampolín y capital político en sus carreras personales, culturalmente favorecen el pensamiento conservador y la elitización de la cultura, además de mantener la dinámica mafiosa entre los grupos artísticos. Las autoridades universitarias se conducen a través de la mentira, apostando por el olvido de que fueron ellas mismas las que desmantelaron el auditorio y lo inutilizaron después de la entrada de la Policía Federal Preventiva (PFP), el 6 de febrero del 2000.

El sector de la comunidad universitaria crítico, propositivo y comprometido debe demostrar que lo es, renunciando a su posición cómoda de “usuarios educativos” para entrar en la lucha por gestionar y trabajar los espacios dentro de la universidad: desde las salas y laboratorios, recursos y voz en las decisiones y problemáticas, hasta los grandes auditorios y foros con que cuenta la universidad. Por eso llamamos a este sector a que sumen sus esfuerzos y compromiso en la construcción de un nuevo rumbo para el auditorio, sirve, pero no basta agendar actividades. Es necesario abrir y formar parte de la gestión, organizarse para construir efectivamente un espacio autónomo y autogestivo, con acuerdos políticos sobre su rumbo y con la suficiente fuerza para ser defendido con el trabajo ante las embestidas políticas y mediáticas. Es en ese camino que hemos orientado nuestra presencia en el auditorio, primero con la Galería Autónoma CU, y ahora, con nuestra participación al lado de otros colectivos, individuos y organizaciones en el Foro José Revueltas. Es en esta perspectiva que vemos la salida a la actual coyuntura con saldo a favor para la lucha social dentro y fuera de la universidad.