EDITORIAL

Pareciera que el movimiento de 1968 nació de la nada debido a la represión de dos marchas que confluyeron el 26 de julio, víctimas de la brutalidad policiaca que se desataba desde los días previos, pero no fue así, sino que el estudiantado ya había formado desde los años previos diferentes organizaciones que se habían fogueado en luchas propias y vinculadas con otros sectores. Lo que alcanzó el movimiento tras la represión fue masividad, pues miles de estudiantes críticos decidieron movilizarse y vincularse con organizaciones obreras, campesinas, de colonos y pueblo no organizado, juntos habrían de sacudir al estado capitalista, autoritario y despótico, y sembrarían semillas de rebeldía y revolución. El Estado mexicano no perdonaría esta afrenta y desplegaría toda su violencia.

Por otro lado, tras el paso de los años el Estado mexicano todavía trata de apropiarse del legado de esa importante lucha del pueblo y la izquierda mexicana para quitarle todo lo “incómodo”, con esa finalidad nos repiten hasta el cansancio que debemos la entrada a la modernidad a aquellos mártires del 68 y que ya es del todo innecesario alzar la voz y los puños. Así, sin vacilar, desde arriba reducen el movimiento a la celebración del “romanticismo juvenil latinoamericano” y a la sobria y autocomplaciente condena de la “pérdida de control de la situación política” que desencadenó la represión brutal, ejercida por el régimen en turno: “los gobiernos en turno no sabían gobernar, eran unos gorilas”.

Insisten las voces oficiales con que nos demos por bien servidos de vivir en democracia, que las instituciones funcionan y existen plenas libertades… ¡sí, en este México que llaman “moderno” y “democrático” en el que por alzar la voz y los puños, se secuestra, viola, tortura y encarcela de por vida!.

Así, para ellos, esa historia se reduce a cinco minutos de radio o televisión, una vez al año, haciendo la cuenta incompleta de compañeros asesinados, parte de una letanía de números en la estadística de la infamia. Pero no, la historia no está en los libros, ni en las personalidades, la historia son relaciones sociales y se reproducen día con día, la construyen los pueblos con su permanente lucha por justicia y democracia. En la historia que escriben los poderosos, la justicia y la democracia forman parte de ese discurso gastado, de un régimen manchado de fraudes y muertos, de derechos arrancados a la gente, de pueblos enteros despojados por el interés de unos pocos.

Por eso reivindicamos la memoria del 68 como un pretexto más para aprender de los compañeros caídos, para avanzar levantando las banderas que nos legaron y que hoy siguen vigentes, la sangre derramada no será en vano porque seguiremos luchando hasta la victoria siempre.

Tejiendo Organización Revolucionaria
septiembre 2018

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