Por Tejiendo Organización Revolucionaria | 1968 - A 50 años del Movimiento Estudiantil - Popular | Especial #5 del Periódico El Torito | Septiembre 2018

El propósito de este texto es ubicar los elementos esenciales del discurso oficial sobre el movimiento estudiantil y popular de 1968, con los que se ha creado un imaginario que es favorable a la clase en el poder. Estos elementos de discurso se ubican en la lucha por la memoria y el legado del movimiento para el presente.

¿Por qué la clase dominante quiere apropiarse de la memoria del movimiento del 68? Una primera respuesta es que no les queda de otra, el impacto que tuvo el movimiento en aquel momento y que se mantiene, es tal que necesariamente se convierte en terreno en disputa. No pudo ser simplemente relegado al olvido, como han hecho con gran parte de la historia, y lo quieren, entonces, para volver inocuo su legado. Esto no es nuevo, la gran capacidad que tienen para coptar y utilizar la memoria para su beneficio se puede ejemplificar con el tratamiento que la ideología oficial da a Zapata, Villa y Magón, a quienes les dicen algo como: “muchas gracias por sus aportaciones, volvieron este México mejor y nosotros seguimos gobernando en su nombre”.

Para hablar de la disputa por la memoria, tenemos que hablar al menos de dos sujetos y en este caso decimos son las clases dominantes, actuando desde la oficialidad, y el pueblo. Las primeras tienen todas las ventajas de los medios y la historiografía a su favor, llevan las de ganar y su versión será la más difundida. Lo anterior les da la posibilidad de adecuar casi cualquier discurso a sus fines, por ejemplo, si nosotros decimos: los estudiantes del 68 lucharon contra la injusticia y el autoritarismo; ellos responderán: “sí es cierto, muchas gracias por todo eso que nos ayudó a superar la injusticia y el autoritarismo y a perfeccionar nuestras instituciones”. El otro sujeto, el pueblos, nosotros, los de abajo, tenemos menos medios para apropiarnos del legado de 1968, pero es muy importante luchar por él, y para ello es necesario analizar el discurso que la clase dominante ha elaborado y que quiere hacer pasar como verdad histórica del movimiento del 68. Los elementos del discurso dominante aparecen mezclados en las diferentes interpretaciones, pero distinguirlos ayuda a descubrir los objetivos que cumple cada uno.

Confinamiento del movimiento a su carácter estudiantil y juvenil y la brecha generacional como explicación

Debido a las demandas que enarboló el movimiento y a sus relaciones políticas con otros sectores es importante analizarlo como un cuestionamiento del Estado que no provenía sólo de los estudiantes, sino también de la sociedad y de sus organizaciones políticas y sociales. Todo análisis del 68 debe considerar tanto su composición como sus demandas, relaciones y formas de organización.

Es bien sabido que el componente fundamental y mayoritario del movimiento de 1968 fue el estudiantil, el discurso oficial aísla este hecho de las demandas y relaciones del movimiento para presentarlo como un suceso gremial y confinado a los estudiantes, incluso de la ciudad de México. Hacer esto no es inocente, sino que pretende ocultar los otros sectores involucrados y eso les permite simplificar una interpretación a modo, un ejemplo lo encontramos en la cita:

“La discrepancia ciudadana no fue tolerada por los gobiernos priístas, de naturaleza autoritaria y corporativa, pero tampoco representó una reivindicación enarbolada por la mayor parte de los ciudadanos”


En este punto es interesante establecer contrastes en la mitología oficial: mientras el movimiento de 1968 se presenta como un suceso exclusivamente estudiantil, el movimiento de Madero en 1910 es presentado como un movimiento ciudadano nacional, aún cuando estaba confinado a algunos círculos de intelectuales y estudiantes. El contraste es evidente, las dos son mitologías históricas, pero una vez limitado el movimiento de 68 a su carácter juvenil o estudiantil se hace una explicación generacional: el problema no es de clases, sino que los viejos autoritarios no entendieron a los jóvenes y la explicación se ha reducido a una combinación de la incomprensión de viejos autoritarios e inmadurez de los jóvenes.

Este discurso ha permeado a la izquierda también, pues es común encontrar el señalamiento de que así como los viejos priístas (dinosaurios) no entendieron a los jóvenes, tampoco lo hicieron los viejos comunistas. De aquí se desprenden discursos al gusto del cliente, por lo que ha sido retomado por la izquierda para criticar al PC y su acción. La conclusión de este discurso sería que es más importante la juventud que caracteriza al movimiento que su anticapitalismo y su capacidad para formular y enarbolar banderas sociales más generales.

El nacionalismo, el desarrollismo y la justificación de la autodeterminación y el progreso

El nacionalismo fue promovido y explotado desde el principio en el discurso presidencial y de los mandos militares y políticos al señalar una presunta injerencia extranjera que amenazaba al país y afectaría su desarrollo. Así, Emilio Portes Gil, expresidente de México precisamente cuando se le otorgó autonomía a la universidad, declaraba para el Heraldo de México, el 3 de agosto:

“Los escándalos de los últimos días provocados por agitadores extranjeros, mal llamados comunistas, entre quienes figuran españoles, que en su tierra no se les permite provocar desórdenes; puertorriqueños, franceses y algunos norteamericanos, y que han arrastrado a miles de estudiantes a cometer actos delictuosos, como el incendio de camiones, destrucción de automóviles particulares, rotura de cristales; revelan muy claramente la existencia de una conjura para desprestigiar a México y poner dificultades al régimen revolucionario en su programa nacionalista que tiende a beneficiar, principalmente, a los trabajadores, a los campesinos, a la clase media y a numerosos núcleos de población, que necesitan una mejoría económica, social y cultural”


Así fue como se aprovechó un nacionalismo que tenía ciertas bases materiales, pues el país estaba creciendo, en las ciudades se amplió la clase trabajadora que tenía salarios medios y el capitalismo creció económicamente.

El mensaje central de este discurso fue: agentes extranjeros quieren desestabilizar al país, manipulan a los jóvenes para hacerlo y ello pone en riesgo el desarrollo del país y por lo tanto la estabilidad económica que disfruta parte de la población. Se pedía a los mexicanos que a cambio de desarrollo sacrificaran democracia.

Otro ejemplo notable es el informe presidencial del 1 de septiembre de 1968, donde Díaz Ordaz señala que:

“...durante los recientes conflictos que ha habido en la ciudad de México se advirtieron, en medio de la confusión, varias tendencias principales: la de quienes deseaban presionar al Gobierno para que se atendieran determinadas peticiones, la de quienes intentaron aprovechar con fines ideológicos y políticos y la de quienes se propusieron sembrar el desorden, la confusión y el encono, para impedir la atención y la solución de los problemas, con el fin de desprestigiar a México, aprovechando la enorme difusión que habrán de tener los encuentros atléticos y deportivos, e impedir acaso la celebración de los Juegos Olímpicos (...) De algún tiempo a la fecha, en nuestros principales centros de estudio, se empezó a reiterar insistentemente la calca de los lemas usados en otros países (...) El ansia de imitación se apoderaba de centenares de jóvenes de manera servil y arrastraba a algunos adultos (...) Habíamos estado provincianamente orgullosos y candorosamente satisfechos de que, en un mundo de disturbios juveniles, México fuera un islote intocado. Los brotes violentos, aparentemente aislados entre sí, se iban reproduciendo, sin embargo, en distintos rumbos de la capital y en muchas entidades federativas, cada vez con mayor frecuencia. De pronto, se agravan y multiplican, en afrenta soez a una ciudad consagrada al diario labor y que clamó en demanda de las más elementales garantías”


El gobierno afirmó tener pruebas de la injerencia extranjera pero no las presentó y no fue menor la base social que logró construir apoyado en este discurso. Hoy sabemos que era falso y no sólo eso, sino que se utilizó la mentira premeditadamente.

El anticomunismo

El anticomunismo fue un elemento también utilizado por el gobierno desde el principio del movimiento, en las conferencias de prensa: unas veces aparecía una conjura comunista del PCM infiltrado en el movimiento, otras aparecía el comunismo internacional infiltrado y dirigiendo, pero siempre con el fin de desestabilizar al gobierno. Desde las primeras marchas estudiantiles aparecen en el discurso oficial los “agitadores profesionales”, en las declaraciones de los funcionarios, como Corona del Rosal. Por su parte, el dirigente de la FNET declaraba a inicios de agosto que el Comité Coordinador de Huelga del IPN, “está incitando a los estudiantes a quemar autobuses y causar daños a particulares, pues está infiltrado por agentes de la CIA y del comunismo internacional”

Esta parte del discurso también está dirigido a Estados Unidos y a la burguesía mexicana. A los gringos porque es claro el mensaje de combate al comunismo que el gobierno mexicano enviaba, para aparecer agradable a los ojos del imperialismo, que dirigía desde algunos años antes una violenta cruzada anticomunista: la Guerra Fría.

A la burguesía, porque si bien el giro a la derecha de los gobiernos surgidos de la revolución se hizo evidente en los años 50, la burguesía es desconfiada de sus aliados porque está cuidando siempre sus ganancias. Entonces, había que convencer a la burguesía de que el gobierno combatía al comunismo de forma contundente. Si a alguien cabía duda sobre el carácter procapitalista o prosocialista del gobierno mexicano, después de la represión salvaje del movimiento, dichas dudas se desvanecieron.

El discurso de la provocación

La mejor exposición de la tesis de la provocación se realiza en El móndrigo, un libro que apareció inmediatamente después de la brutal matanza del 2 de octubre y que se hace pasar por un diario recuperado ese día en la Plaza de las Tres Culturas. Presuntamente, el diario pertenece a alguien de un grupo que tiene planes de provocar la represión para que la gente se indigne e inicie la revolución. Hoy se sabe que dicho libro fue escrito por instrucciones de Gutiérrez Barrios y que el escritor, temeroso de cometer algún error que le costara el enojo del déspota, optó por incorporar de manera literal a la narrativa del libro informes de policías y militares infiltrados en el movimiento (un análisis muy interesante de esa novela se encuentra aquí: goo.gl/tL74Qk)

La idea central es que el ejército fue provocado y por eso disparó. El objetivo no tanto es justificar una reacción, sino exculpar al ejército y al gobierno de la represión, pues todos ellos habrían sido engañados por una supuesta izquierda radical que buscaba la represión para acelerar la maduración de las condiciones de la revolución. Como lo demostró la siguiente década, en que el ejército cometió masacres y desapariciones impunes y fue un operador de primera importancia en la guerra sucia con que el gobierno combatió a la izquierda, era importante para ellos mantener lo más limpio posible el nombre del ejército cuando se hablaba de masacres contra civiles y más aún si habría muchos estudiantes involucrados.

Este discurso adquirió carácter social, desde el primer momento en que se imprimieron y repartieron anónimamente miles de ejemplares de El móndrigo en la ciudad de México. Su amplia difusión ameritó una referencia explícita en el informe de la Fiscalía Especial para los Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp), donde se señala que no encontraron evidencias de ello. La facilidad con que se adopta este discurso, y la dificultad de combatirlo, también se relaciona con las fuentes, pues el gobierno, con sus propios informes policiacos, militares y otros infiltrados como prueba señalaron como tesis la provocación, en tanto que no hay fuentes con las cuales contrastar, pues el supuesto ultraizquierdismo carece de archivo documental.

Algunos ejemplos del discurso de la provocación en la época:

I. El Partido Popular Socialista (PPS) declara en un manifiesto su “pleno apoyo” a Díaz Ordaz y acusa como responsables de los hechos ocurridos a “las fuerzas imperialistas, los agentes de la CIA, los grupos de extrema derecha y los seudoizquierdistas”; en este ejemplo puede verse que aparecen elementos del nacionalismo mencionado arriba y elementos que apuntan a la supuesta provocación.

II. La progobiernista FNET declara a principios de agosto que el gobierno de México es víctima de una conspiración nacional e internacional “por parte de los provocadores tradicionales organizados en las corrientes del maoísmo, y del trotskismo”, quienes, dice, desde hace tiempo estaban ya preparados para el estallido de violencia.

III. La Secretaría de la Defensa Nacional declara en un boletín de prensa el 30 de julio:

“A petición del regente del Distrito Federal, general Alfonso Corona del Rosal, y en apoyo de la policía para hacer frente (sic) de la situación planteada por los estudiantes, las tropas del ejército entraron en acción a las 0:50 horas de hoy para disolver a los grupos en agitación que ya habían saqueado armerías y recurrido al uso del armamento sustraído, así como al uso de bombas de tipo casero en contra de las fuerzas policiacas del Distrito Federal”


Este discurso es muy maleable, puede adquirir diferentes formulaciones y reaparece de vez en vez:

a) El presidente fue engañado desde adentro y hubo una conspiración para desacreditar tanto a la figura presidencial como al régimen político.

b) El ejército fue provocado y engañado por una izquierda para provocar una rebelión.

c) Combinaciones de las dos arriba expuestas: Facciones del gobierno aprovecharon a la izquierda para promover sus propios intereses. O facciones del gobierno usaron agentes extranjeros. O agentes extranjeros usaron a sectores de la izquierda para desestabilizar.

La finalidad de señalar como responsables actores diferentes al gobierno y al ejército es la constante, incluso están dispuestos a pagar el precio de señalar a algunas cabezas, siempre que las instituciones queden exculpadas de la represión.

Adicionalmente, este discurso acusa una manipulación política de las organizaciones hacia los estudiantes y a los sectores sociales movilizados, con ello se le niega su carácter popular y democrático, pues todo sería fruto de algunos “agitadores profesionales que actúan según sus propios intereses”, de paso podemos decir que el carácter democrático y popular se hace evidente en las demandas del movimiento y en las formas organizativas que adoptó. Como ejemplo de manipulación podemos citar que, a mediados de agosto, el regente del DF, Corona del Rosal, declaró:

“Voy a aprovechar esta ocasión para referirme, brevemente, a los lamentables acontecimientos que desgraciadamente sucedieron recientemente en esta capital. Sucesos que indudablemente estaban planeados con anticipación y sucesos que afortunadamente estallaron antes de lo que habían previsto las gentes que los organizaron... que los habían planeado para atacar a México en su tranquilidad, en su orden, en su estabilidad y, lo que es peor, en el porvenir de todos los jóvenes pobres de México…”


O el telegrama que dirigió Luis Echeverría, secretario de gobernación, a los gobernadores:

“Jóvenes estudiantes o falsos estudiantes han sido comisionados por agitadores Partido Comunista y su expresión juvenil llamada Central Nacional de Estudiantes Democráticos, para promover agitación con pretextos diversos pero netamente subversiva en ambientes juveniles punto Han salido comisiones a todas entidades federativas punto Permítome sugerirle particular búsqueda estas comisiones fin expulsarlas esa entidad y especial atención a cualquier síntoma, inquietud fin contrarrestarlo punto…”


La tesis de la democracia que el pueblo pagó con la sangre de sus jóvenes

Actualmente se repite hasta el cansancio que el legado del movimiento del 68 es la democracia en México, y esto constituye un discurso de cooptación del movimiento dirigida a legitimar las instituciones actuales. Se señala que el 68 marca una especie de inicio de las luchas democráticas que van a acabar con la alternancia en la ciudad de México (1997) y en el país (2000), pasando por la reforma electoral de 1977 y la ciudadanización del IFE (1994) y posteriores reformas de los órganos electorales (2008, por ejemplo).

Si bien no puede ignorarse el impacto del movimiento para la actualidad, definitivamente no está justificado señalar el México actual como el punto de llegada al que se dirigía el movimiento de 1968, pues se asume que estas son las instituciones democráticas que la ciudadanía busca. Parte del objetivo es evitar el análisis del movimiento como un episodio de la lucha de clases en México. Al respecto, debe señalarse que, una vez derrotados, todos son asimilables (Zapata, Villa, Magón, el movimiento del 68 y muchos etcéteras), para ello se reconoce su participación y se interpreta su legado a modo. Ejemplos de este discurso son los siguientes:

“con la matanza, el régimen del PRI selló su destino: un orden político que asesina su disidencia cívica era una dictadura, y en esa medida el sistema político mexicano tenía el tiempo contado”, [añadiendo, para enfatizarlo que] “una cosa es la rebelión por la libertad y otra cosa es la construcción de la democracia”


Otro ejemplo es el siguiente:

“La transformación incrementalista del régimen que ha permitido más de dos decenios de evolución política, dentro de un marco general de estabilidad, es tributaria de las luchas estudiantiles de 1968”


El discurso para los sectores más reaccionarios y la justificación de la defensa del estado de derecho

En este punto confluyen diferentes señalamientos, por ejemplo, haya sido como haya sido pero el estado de derecho se salvaguardó, aún con los errores cometidos, la finalidad del Estado imaginado por la teoría liberal estaría cumplido.

No se puede, sin embargo, justificar la defensa del estado de derecho sin estigmatizar a quienes se le oponían, así, se permea en la sociedad que los estudiantes deben estudiar y no marchar, así como los trabajadores deben trabajar y no protestar. Para ejemplificar este discurso, se puede citar la intervención de Alfonso Martínez Domínguez, presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, en una asamblea de la juventud de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares a principios de agosto, que declara que:

“los jóvenes que asisten a las escuelas superiores son la minoría; una minoría que por muy limpia o muy grande que sea su bandera no tiene derecho a desperdiciar el tiempo o a ocupar un lugar que bien podría ser para hijos de campesinos, de obreros o miembros del sector popular”


Otra vez, un ejemplo notable de la defensa del estado de derecho y la estigmatización que se hizo contra el movimiento es el informe presidencial, donde se señala:

“En conclusión, el Estado Mexicano debe velar por la autonomía universitaria, no sólo respetarla; pero también es su obligación respetar y hacer respetar nuestras instituciones y cuidar el régimen jurídico interno de las universidades, así como encauzar las diferencias dentro de la ley e impedir que la soberanía nacional pueda ser mediatizada por actos de violencia externos o internos (...) Es evidente que en los recientes disturbios intervinieron manos no estudiantiles; pero también lo es que, por iniciativa propia o dejándose arrastrar, tomó parte un buen número de estudiantes (...) Creo que debo adelantar la posición del Gobierno con relación a algunas demandas de fondo principalmente político (...) No admito que existan “presos políticos”. “Preso político” es quien está privado de su libertad exclusivamente por sus ideas políticas, sin haber cometido delito alguno (...) No debo invadir la esfera de acción de otro Poder, pero estoy encargando a la Procuraduría General de la República y a la de Justicia del Distrito y Territorios Federales que revisen concienzudamente, a petición de la parte interesada, los casos pendientes en que pudiera presentarse duda (...) En cuanto a los que ya están sentenciados y, por tanto a disposición del Ejecutivo Federal, informo al pueblo que, ante gestiones realizadas, ofrecí hacer uso de alguna de las facultades que la ley otorga al Ejecutivo para liberarlos (...) siempre y cuando cesara la serie de actos de pretendida presión que se han venido realizando para obtener su libertad (...) ¿Debe o no ser delito afectar la soberanía nacional, poniendo en peligro la integridad territorial de la República, en cumplimiento de normas de acción de un gobierno extranjero? (...) si después de que se conozca por el pueblo mexicano el contenido de los artículos 145 y 145 Bis del Código Penal, la opinión pública se pronuncia a favor de la derogación y este Honorable Congreso resuelve expedir la ley correspondiente, la promulgaré y la publicaré sin dilación (...) Vamos ahora a la recapitulación de los hechos que conviene tener presentes (...) Se ha llegado al libertinaje en el uso de todos los medios de expresión y difusión; se ha disfrutado de amplísimas libertades y garantías para hacer manifestaciones, ordenadas en ciertos aspectos, pero contrarias al texto expreso del artículo 9o. constitucional; hemos sido tolerantes hasta excesos criticados (...) La policía, pues, debe intervenir en todos los casos que sea absolutamente necesario; proceder con prudencia sí, pero con la debida energía. Las autoridades, siempre que sea necesario la harán intervenir. En ese mismo concepto, agotados los medios que aconsejen el buen juicio y la experiencia, ejerceré, siempre que sea estrictamente necesario, la facultad contenida en el artículo 89, fracción VI de la Constitución General de la República que, textualmente, dice: `Artículo 89.-Las facultades y obligaciones del Presidente son las siguientes: (...) VI.- Disponer de la totalidad de la fuerza armada permanente o sea del ejército terrestre, de la marina de guerra y de la fuerza aérea para la seguridad interior y defensa exterior de la Federación´ (...) No quisiéramos vernos en el caso de tomar medidas que no deseamos, pero que tomaremos si es necesario; lo que sea nuestro deber hacer, lo haremos; hasta donde estemos obligados a llegar, llegaremos (...)”


Esta estigmatización, como puede verificarse en las noticias sobre las luchas del pueblo mexicano que se desarrollan actualmente, es uno de los elementos primordiales que utiliza el poder para combatir a la oposición hasta nuestros días.

Una conclusión

A pesar de que hemos intentado dividir en sus elementos al discurso dominante, debemos señalar que ninguno de los elementos aparece por separado y que el imaginario que el poder ha logrado construir sobre el movimiento de 1968 utiliza estos diferentes aspectos de manera diferenciada.

La ocurrencia de diferentes elaboraciones discursivas sobre el 68 podría confundirse con una estrategia para adecuarse a cambios en la correlación de fuerzas, o sea, dijeron que eran provocadores, pero cuando no pudieron sostenerlo cambiaron su versión a que fue una juventud rebelde que ayudó a la democratización. Nosotros pensamos que no es esa la clave en que debe analizarse el discurso del poder, sino que los diferentes discursos están dirigidos a diferentes interlocutores, cumplen diferentes propósitos específicos, y coinciden en que todos salvaguardan la impunidad del Estado en la represión y en esa medida coadyuvan a la dominación. Lo que sí podría argumentarse es que constituyen una especie de protocolo de largo plazo para el ocultamiento y la impunidad de éste y otros crímenes de Estado, decimos esto porque es insultante la similitud del discurso que se ha mantenido sobre el movimiento de 1968 y el que se mantiene en la actualidad en el caso de los 43 con la mal llamada verdad histórica del gobierno.

Habremos de concluir de lo anterior que todos los episodios de la lucha de clases son asimilables por el poder y que tenemos que luchar por una memoria que nos sea útil para la transformación. La batalla ideológica que se libra entre las clases nos obliga a pensar con mucho cuidado nuestra versión, a extraer las conclusiones y la forma en que nos ayudan en el camino de la transformación. La disputa por la memoria es, pues, muy importante.






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