Los candidatos presidenciables y las coaliciones con que participan en las elecciones de este año exponen lo que de por sí ya era evidente: ninguna de las "opciones" es de izquierda, es decir, ninguna atiende los intereses populares, los intereses de la mayoría de los mexicanos. Si acaso algo las distingue entre si es el sector de la burguesía al que representan –comercial, industrial, financiero– y al que buscan desesperadamente convencer de su capacidad de gobierno, es decir, de garantizar los intereses del capital trasnacional.

Por un lado, la necesidad de sostener el discurso democrático de pluralidad ideológica fuerza al aparato partidista a mantener las etiquetas con las que pretenden que el electorado los identifique: izquierda, centro y derecha. Por otro, la necesidad de convencer al gran capital de que sus intereses serán salvaguardados genera escenarios absurdos, como son las configuraciones aparentemente incongruentes que representan las coaliciones. Éste es el resultado de querer reproducir el modelo histórico priísta: cubrir discursivamente los intereses de todas las clases y establecer un grupo como el mediador “legítimo” de la lucha que entre ellas impera.

Históricamente los partidos políticos mexicanos se han mezclado en diversas coaliciones, generando diversos grados de incongruencia discursiva pero siempre orientados a beneficiar a la burguesía que opera desde la derecha. Sin necesidad de ir más lejos, uno puede ubicar con facilidad cómo se autodenomina ideológicamente cada partido y comprobar que en los hechos todos han dirigido sus gobiernos hacia la derecha. Lo mismo puede decirse de cada uno de sus candidatos. E incluso si nos forzáramos a creer en el discurso de cada partido y candidato, sería claro que la combinación de las coaliciones dista de poder clasificarse como izquierda. Revisemos brevemente algunos ejemplos.

Por México al frente y Anaya

La coalición es una mezcla curiosa conformada por el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC). El PAN se autodenomina de derecha, conservador y humanista cristiano. Si bien las dos primeras características fueron el sello de los gobiernos de Vicente Fox (2000-2006) y Felipe Calderón (2006-2012), el humanismo brilló por su ausencia, sobre todo en el periodo de Calderón en el cual se inició la guerra contra el narco. El PAN a pesar de ser el segundo partido más antiguo del país –fundado en 1939– y ser el primer partido en lograr arrebatar la presidencia al PRI, durante su gestión no logró generar la mayoría de los cambios y reformas que había prometido a la burguesía, por lo que ésta vio como necesario el regreso del PRI para imponer las reformas estructurales que garantizan sus planes de largo plazo. Quizás el resultado de este fracaso explique por qué, para las elecciones en puerta, decidieron conforman una coalición con el PRD; partido que en las dos elecciones anteriores representaba, según sus propias palabras, un “peligro para México”.

El PRD se autodenomina de izquierda, sin embargo, sus actuales gobiernos en la Ciudad de México, Morelos, Michoacán, Tabasco y Quintana Roo no se han caracterizado por llevar una gestión distinguible del resto de la república. En la Ciudad de México la colusión con inmobiliarias y la venta del centro histórico al sector privado son claros indicadores de cómo se procuran los intereses de la burguesía sobre los del pueblo. Pero quizás sea su acción en el estado de Michoacán y sus vínculos con el narco lo que resulte más esclarecedor, pues es evidente que sin la colaboración del Estado, pero en particular del gobierno local, la exportación de drogas no sería el negocio factible que es. El partido surge como una escisión del PRI en 1989 y a pesar de que en sus inicios es caracterizado como un movimiento democrático que costó vidas defender, su colaboración con el PAN termina exponiendo lo que su trayectoria política no ha podido ocultar. El PRD se convirtió en la cara institucional y aceptable que puede participar en el juego electoral bajo el mote de "izquierda".

Por su parte Movimiento Ciudadano es un partido autodenominado de centro-izquierda. Creado en 1996, ha participado en coaliciones que le dieron la oportunidad de sumarse a las gubernaturas de Guerrero, la Ciudad de México, Oaxaca, Puebla, Sinaloa, Morelos y Tabasco, jugando un papel poco relevante en la política nacional pero pudiendo sustraer una suma nada desdeñable del erario público. De nuevo, ninguno de estos estados se ha caracterizado en las últimas décadas por tener un gobierno de izquierda. Al contrario, la corrupción y el narco han reinado en ellos con impunidad.

Así, la suma de las tres posiciones ideológicas de esta coalición da como resultado la novedosa opción ideológica derecha-centro-izquierda, representada por el candidato panista Ricardo Anaya Cortés. Anaya ha sido caracterizado mediáticamente como un político joven con una trayectoria “sobresaliente”: diputado plurinominal de Querétaro, diputado federal y presidente del PAN. En su carrera todo parecía ir viento en popa, hasta que se vio envuelto en un “escándalo” de lavado de dinero mediante una triangulación de recursos. Resulta pertinente entrecomillar la palabra "escándalo" porque el hecho no ha ameritado acción penal por parte del Estado, ni parece ser impedimento para que Anaya continúe su campaña. Respecto del candidato, el sector de la burguesía que se ha pronunciado a su favor es amplio. Grupo Bal, Grupo México, Cinepolis, Lala, Kimberly Clark de México, por mencionar algunos. La lista aumentará conforme se acerque el primero de julio, esto debido al temor que tiene este sector de que “ya saben quién” gane y no sean ellos –la burguesía que se ha visto más beneficiada en los últimos gobiernos– quien siga siendo privilegiada, sino alguno de sus rivales capitalistas. Recordemos que si algo caracteriza al capital es la competencia y que éste sólo genera esfuerzos de unidad cuando debe hacerle frente a la izquierda, situación que no es el caso en estas elecciones. Como prueba un botón: que Anaya prometa cumplir los Acuerdos de San Andrés, firmados por el EZLN y el gobierno federal priista de 1996, es un lamentable indicador de la poca fuerza que leen en la izquierda como sector capaz de exigir que se cumplan las promesas de campaña.

Juntos Haremos Historia y Obrador

Esta coalición la conforman Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro Social (PES). Empecemos por MORENA, de reciente creación (2014) y que se autodenomina de izquierda. Siendo un partido tan joven no debería resultar sencillo señalarle una mala reputación, pero no es así. Tan solo en la Ciudad de México, los gobiernos de las alcaldías de Xochimilco, Tlalpan, Tláhuac, Cuauhtémoc y Azcapotzalco han sido cuestionados por diversas organizaciones y movimientos ciudadanos. Por ejemplo, en Xochimilco hubo una serie de protestas que dieron lugar a que se propusiera la destitución de Avelino Méndez por forzar la imposición de personas de su simpatía como autoridades de Pueblos y Barrios Originarios.

El capital político de MORENA es la carrera de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien se postula este año por tercera vez como aspirante a la presidencia. AMLO migró del PRI al PRD para después escindirse y formar su propio partido. Su carrera ha sido exitosa a pesar de estar poblada de altibajos: un intento de desafuero al finalizar su gobierno en el aquel entonces Distrito Federal (2004-2005) y un amplio apoyo popular que le ha granjeado el plagarse de difamaciones. En concreto, se le acusa de querer instaurar un régimen similar al de Hugo Chávez en Venezuela y para evidenciarlo se trae a colación su “populismo”.

Lo cierto es que su proyecto de nación no dista mucho del de sus adversarios; por ejemplo el corredor transístmico para la circulación de mercancías y maquila entre Asia y la costa este de Estados Unidos, se suma al proyecto de Zonas Económicas Especiales iniciado en 2016 y en el que coinciden todas las propuestas políticas. Además, a pesar de sus declaraciones contradictorias, es evidente que Obrador no echará para atrás la reforma educativa, sólo realizará cambios en lo laboral sin modificar el modelo educativo que conlleva. Tampoco la reforma energética dará marcha atrás, pues el candidato sólo ha prometido revisar los contratos y anular algunos.

En todo caso, el talón de Aquiles¬¬¬ de López Obrador–cuando de convencer al capital nacional y trasnacional se trata¬¬– ha sido sostener ciertas críticas a un sector importante de la burguesía nacional y conseguir movilizar al pueblo aprovechando el hartazgo generalizado. Estas críticas le han ganado el membrete de populista en algunos ámbitos, de izquierda en otros y en general de ser la única opción si se quiere algo distinto. Tristemente, su gestión como jefe de gobierno no arroja muchas esperanzas, pues ésta se caracterizó por traer a Giuliani y su política de tolerancia 0, así como por dejar en bandeja de plata el centro histórico de la ciudad a Slim.

El apoyo popular forjó la fuerza de AMLO para correlacionar con todos los partidos políticos, no obstante, esto no alcanza para llegar a sentarse en los Pinos. Para ello es necesario el apoyo de un sector relevante de la burguesía y por ende que la misma se encuentre en un momento histórico en el que no requiera cerrar filas contra la izquierda, sino que pueda pelear abiertamente en busca del aumento de sus riquezas. En la campaña de Obrador la participación de Yeidckol Polenvsky –quien fuera presidenta de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra)– y el empresario Alfonso Romo, tienen el significativo papel de ser garantes ante la burguesía.

Recientemente se han publicado notas periodísticas que vinculan al candidato de MORENA con miembros del Grupo Televisa y a Salinas Pliego (uno de los capitalistas mexicanos que figura en las listas de los más ricos del mundo). Así, los intereses capitalistas que defiende Obrador le impiden conciliarse con todos los integrantes del Consejo Coordinador Empresarial y el Consejo Mexicano de Negocios. En este sentido, la cuestión fundamental para determinar si llega o no al poder reside en las disputas internas de la burguesía y los cálculos que hagan ¿En qué escenario pierden más?¿un sexenio de conciliación con la población disconforme ante la violencia y la precarización, en el que además deberán hacer acuerdo entre ellos limitando el canibalismo capitalista? Por las últimas declaraciones del sector empresarial esto no parece verosímil. Si AMLO llega al poder no será por un consenso del capital. Por ello, no queda claro aún si todos los sectores relevantes de la burguesía volverán a aliarse en su contra o si en este periodo ya no ven necesario colaborar entre ellos; entonces, asistiremos a unas elecciones en las que el resultado sería desconocido para la burguesía, que se jugaría el todo o nada.

Resulta llamativo, además, que el imperialismo no se ha declarado en contra de alguno de los candidatos, cosa que sí ha hecho en los casos de países como Venezuela. México es considerado parte de la seguridad interna estadounidense, su silencio entonces no debe interpretarse como una concesión a nuestra libertad de autodeterminación, sino como una señal inequívoca de que todos los candidatos están alineados con sus intereses. AMLO, quien pareciera más crítico, ha dicho que los acuerdos de seguridad y de libre comercio continuarían bajo su mandato, incluso, se puede entender que en los conflictos migratorios no existirá confrontación alguna. De los otros candidatos sobra la mención.

En suma, resultaría superficial caracterizar a MORENA o AMLO como izquierda. Más cuando se alía en coalición con un partido como el PES que se autodenomina de derecha y que desde 2005 busca ser conocido como el partido de la familia, lo que, desde su visión, implica oponerse al aborto y al matrimonio gay. Resultaría sorprendente que un partido conservador como Encuentro Social tuviera como compañero de campaña al Partido del Trabajo, que se autodenomina de izquierda, si no fuera porque en su participación en gobiernos recientes no ha sucedido nada que sea de izquierda. Participaron en coalición en los gobiernos de Chiapas, Michoacán, Oaxaca después de la APPO.

Así, la adición de las autodenominaciones de los partidos de la coalición Juntos Haremos Historia da como resultado una impresentable izquierda liberal de derecha, que quizás pueda ofrecer un escenario en el que se reconfigure un poco la burguesía nacional pero que quedará lejos de generar condiciones realmente distintas en el país. Aquí la apuesta de varios consiste en que esa reconfiguración de la burguesía puede dar un “respiro” a la izquierda o al pueblo en general, escenario que, por las condiciones asfixiantes del país, tampoco significa soltar mucho el amarre. Al fin y al cabo ya han garantizado con las reformas la dinámica de despojo y explotación que requerían para, ahora sí, comenzar a pelearse entre ellos.

Todos por México y Meade

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Nueva Alianza (PANAL) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) conforman la coalición Todos por México. Irónicamente es la única en que la suma de las autodenominaciones ideológicas de cada partido da como resultado una postura congruente, que además es abiertamente de derecha. El PRI es el partido más antiguo, con trayectoria más larga en el poder y representa a la élite más poderosa del país. Posee grandes bases en organizaciones campesinas y sindicales en todo México, lo que le garantiza la mayoría de representación tanto en la cámara de diputados como en la de senadores, en los gobiernos estatales y municipales. Esto no cambiará a pesar de la falta de popularidad de su candidato a la presidencia: José Antonio Meade. El regreso del PRI a los Pinos después de la interrupción de los dos sexenios del PAN fue un despliegue de todo lo que ha caracterizado al partido: la corrupción, la violencia y el reformismo a favor de la burguesía. La continuación de la guerra contra el narco y la guerra contra el pueblo.

El Partido Verde se alío con el PAN cuando Fox contendió a la presidencia y con el PRI cuando lo hizo Peña. Fundado en 1986 se autodenomina como un partido conservador, que de ecologista sólo tiene el nombre. Por otro lado, aunque el partido Nueva Alianza se autodenomina de centro, fue fundado por Elba Esther Gordillo y su participación se ha caracterizado por ser de derecha.

Meade fue Secretario de Hacienda y Crédito Público, Secretario de Relaciones Exteriores, Secretario de Desarrollo Social y Secretario de Energía. Sin necesidad de ahondar mucho en su perfil basta traer a colación la Estafa Maestra, como llamaron al desvió de 3 mil 435 millones del erario público a través de universidades públicas mientras él coordinaba la Secretaría de Desarrollo Social.

El sector de la burguesía que apoya al PRI es el mismo que apoya al gobierno de Peña. En general tanto el Consejo Coordinador Empresarial como El Consejo Mexicano de Negocios sabe que sus intereses serán atendidos con Meade, sin embargo, también saben que durante este sexenio quemaron al PRI para lograr pasar todas las reformas, por lo que el descontento social anula la viabilidad de que éste pueda ganar las elecciones. Ante la baja popularidad del partido y la imposibilidad de que la trayectoria política de Meade gane sobre la de AMLO, un gran sector de la burguesía se ha plegado con el PAN.

Los independientes

Si bien sólo queda uno de los dos candidatos independientes, resulta necesario recalcar que ni Margarita Zavala ni Rodríguez Calderón, El Bronco, eran ciudadanos de a pie antes de postularse como candidatos. Ambos abandonaron el membrete del partido al que pertenecían, no obstante, conservaron y utilizaron parte de la estructura de estos para lograr postularse a la presidencia.

Ahora bien, tanto Margarita como el Bronco participaron en los comicios para extraer lo que pudieran de ganancia y con ello fortalecer su perfil político.

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EL TORITO | por TOR | [Número especial 4, junio, 2018]