EL TORITO | por TOR | [Número especial 4, junio, 2018]

Introducción

En el presente artículo queremos fundamentar la idea de que las promesas de campaña, hechas gobierno desde diciembre de 2012 hasta el presente, únicamente han posibilitado la ejecución de una estrategia planificada de control y contención social para administrar “las riquezas” del país en beneficio de poderosos intereses empresariales y en perjuicio de las clases trabajadoras, por medio de la guerra contra el pueblo, con el único objetivo de posibilitar el desarrollo capitalista.

Para que un recuento del “despeñadero” impuesto a sangre y bala en el sexenio nos diga algo, hay que situar los hechos en torno a la exacerbación de dos profundas crisis a lo largo de este periodo: económica y de legitimidad. La económica es evidente, en tanto que la de legitimidad se manifiestan como un profundo descrédito de sus instituciones: partidos políticos, instituciones de gobierno en los tres niveles, de los llamados poderes de la unión (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), cámaras empresariales, medios de comunicación. Sin consenso social favorable el régimen se mantuvo a flote cambiando cosas de poca importancia para dejar intacto, con ello, lo fundamental y facilitar el enriquecimiento, es decir la relación de explotación que los ricos hacen de nuestro trabajo y la servidumbre del poder político para con los poderosos.

Sin embargo, no debemos olvidar que esto no es producto sólo de la administración en estos seis años del gobierno en turno, recordemos que en nuestro México se perfeccionó la represión y en 2006 se dió inicio a una guerra contra el pueblo. Su objetivo, según vemos a la luz del tiempo transcurrido, fue arrasar con todo y despejar el terreno a la explotación y al despojo. En términos prácticos, allanar el terreno para las reformas estructurales.

I. México dependiente de Estados Unidos, la clave de la dominación imperialista

Cuando se dice que la actual fase del capitalismo es la más brutal y agresiva de su historia, no es mera retórica alarmista. Múltiples aspectos de la vida en sociedad lo han demostrado, desde el reforzamiento del trabajo esclavo, la trata de mujeres y niños en forma masiva, el entrelazamiento entre la economía criminal y la “legal”, la explotación redoblada de las trabajadoras y los trabajadores, la devastación ambiental, por mencionar algunos ejemplos. En este contexto la guerra como forma de dominar y organizar la sociedad, se ha vuelto la forma de operación normal del capitalismo. Todos esos aspectos de la vida están mediados por nuestra relación con nuestro vecino del norte, en particular, determinados por los patrones del gran capital.

La capacidad de imponer esos intereses externos es un producto histórico que a lo largo de muchos años ha moldeado la estructura económica del país, y hoy es evidente que también han tenido un impacto en el tejido social, en la población entera. La dependencia es una de las consecuencias de este modelo y es una moneda de cambio en las negociaciones que arriba se practican -no es casual la actual negociación del TLCAN en medio de la “contienda” electoral, ni tampoco el anuncio de la celebración del mundial de futbol en 2026 entre los tres países que integran dicho tratado- la disyuntiva debe ser más o menos así: o haces lo que digamos o ya no recibirás préstamos o tales productos, o ya no te compraremos esto o aquello, con esto, se amenaza con paralizar aspectos de la vida económica y producir crisis sociales. Con la vida de los pueblos negocian allá arriba. Por ejemplo, la dependencia energética del país: el país no se mueve sin la importación de gasolinas, si de un día para otro se detuviera este flujo, el transporte de mercancías, incluidos los alimentos, quedaría paralizado…

Con la implantación del neoliberalismo y sobre todo con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), por ejemplo el impacto al trabajo, a México le tocó poner la mano de obra con salarios bajos para los trabajadores, como una más de las injusticias que conlleva dicho tratado. Los que administran el gobierno mexicano han ido reorganizando el aparato productivo del país para la división del trabajo que le impusieron esos poderosos intereses: para implementarlo por completo es necesario disminuir la industria nacional que procesa la materia prima, agregando valor a las mercancías y reorganizar el aparato productivo para preponderar las maquilas y la utilización de mano de obra barata. Es decir, nos obligan a vender – o simplemente se roban - nuestros territorios y sus recursos, nos obligan a trabajar en condiciones precarias y con salarios que no alcanzan ni para la canasta básica, sin certeza laboral ni acceso a la salud, y por si fuera poco, en medio de un clima de inseguridad, donde cualquier rincón del país está en medio de una guerra contra todo el pueblo.

II. La unidad, consenso y negociación de los de arriba para robarse al país; muerte, despojo, impunidad y represión contra los de abajo

Con el anuncio de las nuevas reformas el Estado Mexicano apostó todo, las vendió como la gran solución a todos los problemas del país, de ahí en adelante - repitiendo hasta la nausea- vendría la paz, prosperidad y crecimiento económico para los mexicanos. En los hechos las reformas significaron el proyecto de recomposición capitalista, el “Pacto por México” sería su puerta de entrada y el mecanismo político de control y ejecución de la políticas neoliberales del sexenio.

Mientras que la modificación de leyes y la centralización de tareas e instituciones en materia de orden y seguridad tuvo los objetivos de neutralizar, contener y controlar cualquier oposición política -medios y periodistas, organizaciones sociales y defensores de derechos humanos, o cualquier opositor interno- a cualquier nivel. El mecanismo integral de control para posibilitar el inmenso horizonte de despojo, saqueo y robo contra el pueblo sería modernizado y puesto a disposición de los poderosos a lo largo de estos seis años[1]. Así, la política de supuesta guerra contra las drogas, continuaría en la misma clave orquestada desde el pentágono, en nombre de la “guerra” contra el narcotráfico, delincuentes y fuerzas federales cometerían – “colateralmente”- incontables crímenes de lesa humanidad en México. Afirmando con ello la vocación militarista del régimen. Normalizando la presencia de soldados y marinos fuera de sus cuarteles en actividades de seguridad social y generalizando la violación de derechos humanos.

Así pues, no hay que olvidar que en la coyuntura actual el imperialismo capitalista, ha tomado una recomposición, conocida por los pueblos originarios que luchan como Guerra de conquista y exterminio, también denominada acumulación por desposesión[2]; la cual se expresa en el despojo de sus conocimientos ancestrales y códigos genéticos, además de recursos naturales como el agua, los bosques y el aire, que son ahora mercancías con mercados abiertos o por crear[3].

Es evidente el incremento del despojo a lo largo de estos seis años, la continuación de las políticas neoliberales y la escalada militarización de los territorios, es decir, la ocupación militar por parte del crimen organizado y las fuerzas federales, ha significado la migración, desplazamiento forzado y el abandono de los territorios. Mientras que para los pocos que se quedan a proteger los territorios, un cerco de desabasto, inseguridad, pobreza, desprecio y muerte; resistencia y rebeldía contra el capital.

La impunidad y la corrupción se convierten así en las garantías para que la violencia no se detenga y, por el contrario, se profundice, tal y como lo han afirmado diversas organizaciones y defensores de derechos humanos.

Sin embargo… no todo está tan mal, no hay olvidar que durante este sexenio se crearon diversas instituciones y mecanismos con el objetivo de -supuestamente- proteger y garantizar el acceso a libertades democráticas, afirmaron desde arriba. En los hechos estas instituciones responden a una política planificada de simulación institucional y contención social, ante la rabia y organización de la movilización social.

La impunidad se hizo parte de la política del gobierno mexicano: los crímenes atroces se sucedieron exponencialme debido, en parte, a la incapacidad de investigar y procesar de manera efectiva a los responsables, dicen los especialistas. Nosotros decimos que los culpables de esta guerra contra el pueblo son la omisión y complicidad del Estado Mexicano. El régimen deliberadamente emprendió acciones para destruir cualquier oposición estratégica usando todos los medios posibles para, después, legitimar su acción como una respuesta ante la amenaza del narcotrafico y del crimen organizando.

III. Robo a mano armada contra el pueblo, el origen de los nuevos ricos

Entre la clase dirigente se disputan administrar el Estado, esto les supone la posibilidad no sólo de enriquecerse más, también permite tomar decisiones fundamentales en política pública, mantener contactos y relaciones con diferentes facciones del capital y ser un interlocutor de primer orden con el imperialismo estadounidense.

Así, sin importar el membrete y origen, se han hecho públicos innumerables casos de “desvio” de fondos públicos. El robo y saqueo del país entero a manos llenas, al menos o quizá en mayor magnitud, en lo que respecta a las “áreas de oportunidad” que se han abierto tras la ejecución de las reformas estructurales, sin olvidar el resto de proyectos y servicios que la federación contrata o licita. Es inimaginable el desvio de recursos públicos mediante las concesiones otorgadas por el Estado a la burguesía emergente o en proceso de serlo.

Si bien algunos periodistas y medios críticos han evidenciado por medio de sus investigaciones estos hechos, es también producto de las pugnas internas entre la burguesía que hemos podido conocer apenas la magnitud del robo, saqueo y despojo contra el pueblo. Allá arriba se acusan, delatan y juzgan entre ellos para sacar mayor tajada y legitimar así la supuesta impartición de justicia. Los casos como los de la “Casa Blanca”[4], los sobornos de Odebrecht[5], “La gran estafa”[6] o la otra estafa, la del magnate Salinas Pliego, con su falsa filantropía[7] o su injerencia en la ley de Biodiversidad[8], son apenas una ínfima parte del millonario robo y despojo. Por ejemplo, la reforma energética es una primerísima causa de las diferencias de allá arriba: todo mundo supo que quien entregara lo que quedaba de PEMEX se haría millonario para toda su vida y además sería parte de la nueva burguesía mexicana. No podemos olvidar que de la privatización de Telmex, por ejemplo, salió Slim, y ahora que el pastel es más grande la disputa es mayor.

El costo de la gran aventura de competencia capitalista ha ido a parar a los bolsillos de las familias trabajadoras al menos por dos vías distintas. Por un lado con la disminución del salario real y por otro con el aumento de la deuda pública, ésta se ha incrementado significativamente en lo que va de este sexenio, casi un 49% entre enero de 2013 y diciembre de 2018[9].

IV. La segunda fase ofensiva, contra izquierda organizada, la guerra para desmovilizar cualquier respuesta organizativa

Es importante situar el sexenio de Calderón y el PAN como el inicio de la guerra contra el pueblo y entenderlo como una primera fase, es decir para arrasar con cualquier oposición[10]. Así, el gobierno de Peña concretó la segunda fase de una estrategia de amplio espectro, contra el movimiento social, periodistas, defensores de derechos humanos y cualquiera, incluso partes de la burguesía; en términos prácticos, cosechó los frutos de al menos seis años de guerra contra el pueblo dejando el teatro de operaciones “libre” para actuar, es decir al país entero listo para el saqueo y el despojo.

Así, la represión fue y es constante en todos los pueblos y sectores organizados, éstos son perseguidos, encarcelados, hostigados con órdenes de aprehensión, asesinados y desaparecidos. La única alternativa de las luchas organizadas en estos doce años fue intentar romper los cercos impuestos por la guerra contra el pueblo y tratar de reorganizar el movimiento social. La guerra, momento necesario del capitalismo, se extendió a toda la sociedad, de este modo, el gobierno, los de arriba, desmovilizan la organización, rompen el tejido social, fragmentan familias y comunidades enteras.

De tal manera que crimen tras crimen perpetrado por el Estado mexicano -o en complicidad con él- fueron criminalizados, perseguidos y hostigados selectivamente aquellos sectores críticos o contrarios al sistema. Para ello fue crucial el papel que tuvieron medios de comunicación afines al Estado[11]. En estos seis años la alianza entre medios y Estado acentuó la supuesta división de intereses entre los que luchan por sus derechos y por los derechos sociales y el pueblo en general; atribuyéndoles a los primeros, antivalores y “radicalidad” contra el progreso, bienestar y modernidad. En síntesis los medios contribuyeron a la acción represiva y de criminalización contra el movimiento social, cuya aplicación fue sistemática, por ejemplo, en el caso Ayotzinapa. No bastó que con sangre quisieran silenciar a los normalistas, se montó una campaña conjunta para silenciar las movilizaciones populares de amplios sectores nacionales e internaciones, quisieron imponer su mentira pintada de verdad. Paradójica e independientemente de su postura, aparentemente crítica, esos mismos medios hoy con sangre van a firmar las elecciones, y aseguran darle la cobertura mediática más grande de la historia, para demostrar, dicen, el proceso democrático.

Ante el terror impuesto, tal como en muchos rincones del planeta, en nuestro país, desde el abajo social la rabia organizada levantó no sólo la bandera de la verdad y la justicia, también se hermanó y movilizó para rescatar y proteger a su pueblo ante los desastres naturales, mientras los de arriba mantienen los cauces institucionales que ellos mismos escupen y destruyen con su violencia, o en su caso disfrazan y simulan de preocupación por la población en general, no sin antes obtener su respectiva y millonaria tajada. Los bandos se vuelven claros y la verdad se muestra como un ejercicio de justicia. Los crímenes de Estado se suceden para encubrir su culpabilidad. El poder no mira las exigencias fundadas de esclarecimiento de los crímenes de Estado, rendición de cuentas o castigo a los culpables de los crímenes perpetrados, redoblan la sordera ante el clamor de las calles pidiendo justicia social, se consumen en la terquedad de reprimir la organización que se levanta para construir lo que ellos no son capaces. El desprecio y represión, hechos guerra contra el pueblo, fueron el sello de política de los de arriba en estos seis años.

V. La única alternativa es organizativa, de los de abajo contra los de arriba

Hemos comprobado que mientras las agendas de los partidos electorales, sean de “izquierda” o no, están centradas en quién va a ocupar la presidencia en 2018, en cómo vender las promesas de soluciones mágicas a los múltiples problemas del país, en el fondo cómo beneficiarse de la venta de los recursos naturales; acá abajo y con l@s de abajo nos proponemos reconstruir un país que ha sido convertido en una fosa clandestina, desgarrado por la violencia legal e ilegal, concesionado a transnacionales para megaproyectos de muerte, plagado de miseria, hambre, explotación, corrupción, presos políticos con sentencias que abarcan vidas enteras, familias fragmentadas por la migración, pueblos abandonados por la falta de trabajo digno, miles de jóvenes que por su condición social no aspiran a una educación integral, miles de pacientes que mueren esperando un lugar ¬en los servicios de salud públicos, este país donde a diario son asesinadas y desaparecidas, en promedio, siete mujeres, que se suman a la lista de poco más de 27 mil personas desaparecidas.

Los hechos abajo nombrados, consideramos, son muestra de esta estrategia de guerra contra el pueblo. Así, el Estado mexicano ha convertido al pueblo y a su territorio en la segunda nación más violenta del mundo, después de Siria.




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Notas:
[1] Gobierno mexicano gasta discrecionalmente $7.2 mil millones en armas
[2] Véase sobre la nueva fase del capitalismo: David Harvey, El nuevo imperialismo, Akal, Madrid, 2004; López Bárcenas, F., Nuevos colonialismos del capital. Propiedad intelectual, biodiversidad y derechos de los pueblos, Icaria, Barcelona, 2012.
[3] Véase “La guerra de conquista sobre el campo mexicano. El nuevo despojo … 5 siglos después.” versión electrónica. S.I. Marcos (Sub Comandante Galeano) 2007, véase Carlos Gónzalez García del Congreso Nacional Indígena (CNI) durante el encuentro la Digna Rabia en 2008,
[4] La casa blanca de Enrique Peña Nieto (investigación especial)
[5] El caso Odebrecht sacude a México por acusaciones contra el exdirector de la petrolera estatal
[6] La Estafa Maestra se hizo entregando 7 mil 670 millones de pesos en contratos ilegales. Participaron 11 dependencias federales, 8 universidades y más de 50 funcionarios.
[7] Las Orquestas de TV Azteca han recibido casi $1,700 millones en recursos públicos.
[8] La aprobación de la Ley General de Biodiversidad se encuentra por ahora detenida. Si bien es incierto el destino de esta iniciativa, es seguro que el capitalismo no cejará en su intento de acumular más y más recursos y medios de producción. Por tanto, es necesario que nos mantengamos alertas, organizados y en lucha contra la violencia y el despojo neoliberal.
[9] En 2016 ascendió a 180.986 millones de dólares. Una cifra que casi duplica la de 2009. La deuda externa de México equivale a 18,3% de su Producto Interno Bruto (PIB), de acuerdo con la Cepal. En general, la deuda soberana de México, tanto dentro como fuera del país, oscila en torno al 45% según la agencia Standard & Poor’s (S&P), según Alejandro Gómez Tamez en el "El crecimiento explosivo de la deuda pública externa"
[10] Podríamos resumir este periodo en tres etapas: la primera es el ascenso al ejecutivo de un presidente represor, la segunda se ubica en el arriba impulsando las reformas, por último, el festejo del poder hacia 2012. Todo parecía estar dicho, mientras se preparaba el “Pacto por México” que garantizaría los siguientes pasos, el gobierno avasallaba todo intento de acción organizada. El operativo Michoacán en 2006 ensaya la guerra que se declararía en 2009; el mismo año se reprime a Atenco y se ocupa militarmente la Ciudad de Oaxaca; la reforma a la ley Issste, las modificaciones a la Ley Minera y la desaparición de Luz y Fuerza del Centro y del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), demuestran que la guerra ya estaba cumpliendo sus metas; la represión en todas sus formas se recrudece durante estos años en lugares como Villas de Salvárcar en Ciudad Juárez, San Fernando Tamaulipas, Boca del Río Veracruz, Cadereyta y Apodaca en Nuevo León, Torreón Coahuila, Acapulco Guerrero, Cuernavaca Morelos, entre muchos otros.
[11] No es casual, el papel que tubo el gasto en publicidad oficial pues, según la revista Contralínea, habrá consumido más de 47 mil millones de pesos del erario al término del sexenio de Enrique Peña Nieto, que representa 1 mil millones menos que el costo de la reconstrucción de las ocho entidades afectadas por los sismos de septiembre pasado, estimado por el presidente en 48 mil millones. Véase https://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/2018/04/24/publicidad-oficial-facciosa-viola-derecho-a-la-informacion-onu-y-cidh/

Otras fuentes consultadas:
Crónicas del despojo: la guerra de reconquista de los territorios [Foros de discusión y reflexión: Crónicas del despojo, 2013]
El capital y el terremoto. Negocio con la tragedia [El Torito, Número especial, noviembre, 2017]
Poder adquisitivo ¿tanto por cuanto? [El Torito, Número 23, Año 4, agosto - septiembre, 2017]
Más allá de enero... la imposible cuesta para los trabajadores [El Torito, Número 24, Año 5, febrero - marzo, 2018]
La Constitución ha muerto para los trabajadores [Sobre el tablero, columna de análisis de TOR, 22 de Febrero 2017]
El saqueo de la riqueza petrolera en México [Sobre el tablero, columna de análisis de TOR, 8 de Febrero 2017]
¿Quién mató a la gallina de los huevos de oro? O de como con mucho petróleo no tenemos gasolina [Número 20, Año 4, febrero - marzo, 2017]
El Concejo Indígena de Gobierno (CIG) [Número 22, Año 4, junio - julio, 2017]
“Pasar a la ofensiva”. Breve recuento de los pasos colectivos del CNI [Número 20, Año 4, febrero - marzo, 2017]

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EL TORITO | por TOR | [Número especial 4, junio, 2018]