EL TORITO | por TOR | [Número especial, noviembre, 2017]

Este artículo busca caracterizar las líneas generales de la actuación del Estado mexicano frente a la destrucción y tragedia generada por los sismos del 19 y 20 de septiembre de 1985, pero también hablar de la lucha que siguió tras el sismo. En el análisis de lo que pasó aquel año, buscamos establecer algunas comparaciones que nos sirvan para comprender mejor la actuación del Estado tras los sismos de septiembre de 2017. Llamamos a eso las lecciones históricas que sacaron de esa tragedia, y en su intención de mantener el dominio del capital y garantizar sus ganancias, queremos entender algunos “errores históricos”, en su perspectiva, que cometieron en 1985 y cómo se esforzaron en no repetirlos en 2017.

Referirnos al sismo de 1985 a partir de lo que ocurrió en los sismos de septiembre de este año es por una razón metodológica que más allá de comparar la magnitud de la catástrofe (número de damnificados, muertes, derrumbes y daños) nos permita establecer líneas de comparación para apreciar de mejor manera la actuación de los actores y clases sociales. Mucho se dijo que nosotros aprendimos del 85, la solidaridad, la necesidad de reaccionar rápidamente, pero también que la corrupción y la maximización de la ganancia de las constructoras puede llevarnos al desastre. Aquel sismo, sin duda nos enseñó mucho, y ello lo ejercitamos en esta ocasión, esta comparación del comportamiento de la sociedad en ambos sismos ha sido materia de artículos, notas periodísticas, redes sociales. Puede decirse que el 85 tuvo enseñanzas incluso para quienes no se acuerdan, porque el aprendizaje social se da no sólo por el camino de la experiencia propia.

Sin embargo no podemos olvidar que hay al menos otra parte, las clases dominantes, que dan cuerpo a las relaciones sociales que llamamos Estado y lo gobiernan y lo gobernaban entonces. Ellos, como nosotros, vivieron y aprendieron del sismo de 1985, y a diferencia con todas las referencias de lo que hicimos bien por la experiencia previa, no hemos encontrado mucha información sobre lo que aprendió el Estado y sus instituciones: ejército, partidos políticos, gobierno, funcionarios de gobierno, cámaras empresariales, medios de comunicación, y cómo lo ejercitaron en el momento actual. El “olvido” oficial sobre lo anterior no es casual, no quieren recordar y reconocer la errónea estrategia que adoptaron en 1985, pero sobretodo no quieren que comparemos aquella con la que adoptaron frente a estos sismos, a lo que nosotros llamamos sus lecciones históricas.

El Estado adoptó en 85 una estrategia que provocó la confrontación directa de sus instituciones con la gente que se acercó a ayudar a los derrumbes, y quedaron deslegitimados sus funcionarios, también se destapó la corrupción que envolvía a los negocios de la construcción. Se denunció una y otra vez que la cercanía del mundial que se celebraría el año siguiente les urgía a limpiar las calles con maquinaria sin haber agotado los protocolos de rescate y, por lo tanto, sin importarles que aún hubiera gente atrapada.

Algunas preguntas que nos parecen pertinentes para indagar son: ¿Cuál fue la estrategia de respuesta estatal frente al sismo? ¿El Estado se vio rebasado en 1985? ¿Por recursos insuficientes ante la magnitud de la catástrofe, por los errores que cometió en su respuesta o por la organización de la gente? ¿La solidaridad y organización, incluso espontánea, de la gente cómo fue combatida, tolerada o apoyada por el gobierno y el resto de las instituciones estatales?

Hay que preguntarnos, en suma, por la relación no circunstancial entre lo que sucedió en septiembre de 1985 y de 2017. Para ello es necesario reconocer algunos patrones reiterativos, pensamos que es fundamental ubicar y caracterizar la actuación del gobierno, ejército, empresarios y medios de comunicación ante el virtual levantamiento popular del 19-22 deseptiembre de 1985, algunos momentos que fueron fundamentales, para las posibilidades organizativas tras el sismo de 1985 y que - guardando la distancia de la situación actual - busca ser una caracterización de la actuación del Estado en estos rubros y las respuestas posteriores.

El objetivo es sustentar las afirmaciones de que a) el Estado tomó lecciones que le sirvieron para administrar la tragedia de 2017; b) son lecciones de organización necesarios para construir nuestro presente y la lucha por nuestro futuro; c) es importante estudiar esta historia para entender cómo manejan las crisis y lucran con ellas y; d) acompañar, solidarizarnos y coadyuvar a los procesos organizativos que se mantienen en pie luego de los sismos recientes (grupos de vecinos, afectados y damnificados, etcétera).

1.México, devaluación y crisis política (antes del sismo del 19)

La persistente crisis económica que se extiende desde la década de los setenta hasta nuestros días es una variable a considerar en el sismo de 1985, porque algunas de sus consecuencias tienen relevancia para el caso, pues en periodo de crisis los empresarios quieren seguir haciendo negocio. En muchas zonas de la ciudad las rentas se subían 100% o 150% anualmente, incluso en algunas de ellas, estas se fijaban en dólares, esto volvía el control privado de grandes complejos habitacionales una posibilidad muy lucrativa, por lo que el aparente acuerdo entre gobierno y empresarios fue dejar el negocio en las manos de los segundos.

En consonancia con lo anterior, y como uno de los casos más comentados, los vecinos de Tlatelolco previamente al sismo de 1985 denunciaban la estrategia del gobierno para deshacerse de las responsabilidades que había adquirido por la vía del Banco Nacional de Obras, Banobras, para dejarlas al negocio de empresarios. En este contexto de confrontación política, al edificio Nuevo León, que sería después un ícono de la tragedia, se le encontraron afectaciones estructurales y después de la presión de los vecinos fue sometido a una reestructuración dos años antes del sismo. La reestructuración que hizo el gobierno fue deficiente y ello costó muchas vidas, hoy lo sabemos. El gobierno trataría de sobornar a los vecinos de ese edificio posteriormente al sismo con montos de indemnización superiores, tratando de cubrir sus responsabilidades.

Lo importante del caso es que expone de manera nítida la dinámica de esos primeros años de neoliberalismo, cuando el Estado comenzó a deshacerse de empresas públicas para transferir las ganancias al sector privado y el sector inmobiliario no fue la excepción, con la justificación de que fueran más eficientes. El descuido de muchas construcciones fue deliberado para facilitar ese proceso de privatización, expulsando a los vecinos de edificios que fueran quedando visiblemente en riesgo, o dejando que las construcciones se deterioraran al grado que fuera inevitable para los vecinos concluir la privatización de los servicios de mantenimiento frente a la alternativa de la provocada ineficiencia de la administración pública. Ese cuento ha sido el de nunca acabar hasta la fecha.

Las instituciones perdieron algo de su legitimidad, y la crisis hacía cada vez más mella en los bolsillos de la población, el descontento iba en crecimiento, y el gobierno logró que el mundial de 1986 se jugara en estas tierras. Así, concluyeron, el país luciría frente al extranjero como un sitio de oportunidades de inversión, al tiempo que la población se distraería y sentiría complacida, ¿teorías de la conspiración? No, la distensión inducida en la población por la gesta deportiva ha sido utilizada por dictaduras y gobiernos en crisis económica o política, eso no es un secreto, queda al lector o lectora juzgar.

2. La tierra se movió

Eran las 7: 18 am la tierra tembló, la sacudida despertó a muchos y a otros tantos más, ya en pie, los obligó a reaccionar.

La reacción del Estado fue tardía, funcionarios de gobierno y fuerzas armadas se presentaron hasta la noche o al otro día, y cuando llegaron a muchos de los derrumbes fue con la orden de quitar a la gente que voluntariamente estaba quitando escombros para rescatar víctimas. En muchos lugares el enfrentamiento llevó a que los militares mostraran y amenazaran a la gente con sus bayonetas. El pueblo no tomó a bien esto, llegar muchas horas tarde y en una actitud de confrontación hizo que el ejército perdiera legitimidad. Por el contrario, la respuesta solidaria empezó a organizarse en las calles y grupos como los legendarios topos se formaron y recibieron el calor que la gente había negado al gobierno.

Era muy evidente que el gobierno estaba interesado en controlar y disolver a la organización incluso por la vía armada y que los grupos de voluntarios se veían hostigados por los militares. El error que cometieron confrontando con armas a la gente para controlarla fue uno de los que tomaron nota, como se discute en otro artículo.

Entre las denuncias que se repitieron tras el sismo fue muy repetida la que señalaba a los militares tomar el control de los derrumbes para apresurar la entrada de maquinaria pesada, y es que todo mundo sospechaba que la cercanía del mundial dal año siguiente les llevaba a querer restaurar todo lo más pronto posible, y la reconstrucción tomaría su tiempo. En el momento del sismo las miradas del mundo se posaron sobre Mexico y tal como hacen hoy, querían que todo luciera normal, hacer llegar el mensaje de que no cupiera duda de que en México se podría realizar el mundial. Por otro lado, de la cantidad de fuerzas armadas desplegadas para atender la emergencia no hay muchos datos disponibles.

Por otro lado, en lo que respecta a la información, desplegaron una estrategia de cerco informativo en muchos niveles, para tratar de minimizar lo inocultable, que el terrible sismo había dejado una estela de muerte y zozobra para la población de la ciudad de México.

“Bajo la campaña México sigue en pie, el gobierno intenta normalizar los servicios públicos y el funcionamiento de escuelas, hospitales y edificios de gobierno. Con ello pretende recuperar el control y la solidaridad ciudadana. Organiza una ceremonia en el Campo Marte para premiar a miles de héroes nacionales por su labor en el temblor. Muchos de los homenajeados le gritan y repudian.”

Podriamos resumir que una vez que se restablecen los medios para poder comunicarse, la televisión jugó un papel fundamental, la ciudad quedó incomunicada no solo del resto de estados limítrofes, sino también del mundo. De este modo, las transmisiones de radio y de television que se matuvieron en pie fueron, en las primeras horas, de ayuda. Sin embargo, ante la movilización popular, los concesionarios del espectro radio eléctrico en particular, los grandes medios de comunicación hicieron a un lado la obligación de brindar sus servicios e infraestructura en beneficio del pueblo en desgracia, de este modo en las siguientes horas, días y meses, los medios de comunicación de este país perpetuarían, a órdenes del Estado mexicano y no solo, una de las primeras grandes campañas mediáticas de alcance político militar de toda su historia. Los medios pasaron de ser bienes y servicios públicos, a perseguir sus propios intereses capitalistas. Se usó el medio de comunicacion social para promover las desmovilización, difundir rumores, dramatizar, montar melodramas y para luego minimizar el desastre y la movilización popular. Se dejó de comunicar desde una perspectiva informativa o noticiosa, para así, mentir y promover la adulación de funcionarios y dependencias de gobierno, repetir promesas vacías en voz de diversos representantes del autoritarismo imperante de la época. De este modo la apuesta estaba echada, a pesar del tiempo transcurrido, de la lenta y frustrada respuesta del Estado, y sumados los efectos del sismo del viernes 20 de septiembre, las esperanzas por contener y minimizar la movilización popular por un lado, y de los medios por controlar y reactivar el consumo masivo de mercancías por el otro, se materializaba en Mexico sigue en pie, la campaña esperada. Pero faltaba algo: el previsto mundial de futbol, éste resultaría nodal para cerrar la “normalizadora” pinza institucional. Antonio Enríquez Savignac, secretario de Turismo, anunciaba que se proporcionarían 15 mil millones de pesos para la reconstrucción de hoteles, a una tasa de interés 50 por ciento menor que la usual, pues de acuerdo con el secretario, el país “está en capacidad” de realizar la Copa del Mundo y no sólo puede, sino que “debe llevarse a cabo este evento”.

“No es ninguna catástrofe, no hay ningún peligro o riesgo. La ciudad de México está a prueba de temblores por su avanzada tecnología. La diferencia de daños en relación a sismos de la misma intensidad en otras ciudades, es notable; la ciudad está bien construida; hay una gran seguridad para sus habitantes”

Los medios en una segunda etapa legitimaron la criminalización al pueblo que se movilizó, el Estado y sus voceros repetían ver “en toda movilización popular sólo ven síntomas de subversión y “agitación comunista”. La tarea primordial en ese Segundo momento fue evitar a toda costa la organización del pueblo, se alentó a dejar en manos del Estado las tareas de rescate y distribución de ayuda. Paradójicamente el Servicio Médico Forense recomendaba continuar la búsqueda de los supervivientes ya que afirmaba que la capacidad de un ser humano soporta hasta veinte días sin ingerir alimentos.

Otro indicador de este cerco informativo puede apreciarse si nos preguntamos algún nombre de otras comunidades y poblaciones afectadas en el estado de Michoacán, por ejemplo, cercanas al epicentro. Si casi nadie recordamos ninguna, ni hemos visto fotos o reportajes especiales que hablen de lo que sucedió fuera de la ciudad de México es producto del ocultamiento de esa información, un hecho deliberado que promueve el olvido social y busca evitar nuestra indignación.

Y efectivamente lograron echar tierra sobre los números de la tragedia, al grado que hoy no sabemos cuántos muertos hubo, ni la cantidad de desaparecidos. Algunos datos del desastre se resumen a continuación, y otros tantos para tener idea de la magnitud se pueden consultar en el texto de Jesús Ramírez Cuevas, Repercusiones sociales y políticas del temblor de 1985. Cuando los ciudadanos tomaron la ciudad en sus manos, La Jornada, Masiosare, 11 de septiembre de 2005:

  • Las víctimas: No se sabrá nunca el número exacto de las víctimas
  • Muertos: El gobierno reconoció que fallecieron entre 6 y 7 mil personas. Sin embargo, la Comisión Económica Para América Latina (Cepal) registró 26 mil fallecidos, en tanto que organizaciones de damnificados calcularon en 35 mil los muertos
  • Todos los servicios públicos se colapsaron, principalmente en las zonas afectadas: el agua potable, la luz, el transporte público, las principales vialidades de la zona centro. La ciudad quedó incomunicada del resto del país y del mundo por la caída del sistema telefónico
  • Viviendas destruidas totalmente: 30 mil
  • Viviendas con daños parciales: 70 mil
  • Edificios destruidos: 400
  • Número de usuarios que se quedaron sin electricidad: Más de un millón 200 mil (a los tres días se había recuperado tan sólo 38% de este servicio)
  • Estaciones del Sistema de Transporte Colectivo Metro afectadas: 32
  • Averías en la red de agua potable: Acueducto suroriente: 28 fracturas. Red primaria: 167 fugas. Red secundaria: 7 mil 229 fugas
  • Deterioros en la infraestructura urbana: Más de 516 mil metros cuadrados de la carpeta asfáltica
  • Fallas en el sistema teléfonico: La red telefónica fue de las más afectadas. Sólo hasta marzo de 1986 se restableció la totalidad del servicio automático de larga distancia nacional e internacional, así como un tercio de las llamadas realizadas mediante operadoras
  • Comunicados por radio y televisión para difundir el paradero de familiares y peticiones de ayuda: 39 mil 625. Llamadas a Locatel para localizar a familiares y amigos: 168 mil
  • Edificios demolidos en los primeros meses: 152
  • Viviendas reconstruidas con la participación de los damnificados: 80 mil

  • La reacción del pueblo mexicano después del sismo, así como hoy, fue solidaria, haciéndose colectiva, y al pasar de los minutos, organizada, así de poco en poco se templó la capacidad de los habitantes del país para acercarnos unos a otros, apoyarnos y resolver problemas; al mismo tiempo así como hoy, las calles llenas de gente se resistieron a la muerte.

    Así, en la banqueta, en el camellón, en los campamentos fuera de la delegación o frente al terreno, en la calle, fuera de los talleres y fábricas, en la vecindad y refugio o en los albergues y entre las lonas montadas se fue construyendo una praxis común, colectiva y comunitaria que solo es producto del trabajo y de la organización por la autogestión y autoconstrucción, por la construcción del espacio público y común, por la administración de la vida digna en ejercicio político de hacerse del destino de nosotros mismos y el espacio que nos rodea. Los depojados y explotados, al margen del gobierno y de la oligarquía empresarial, y contra el gobierno, su ineficacia, su cinismo y los intereses del capital, tomaron la ciudad.

    3. Nosotros somos México, sin nosotros no hay país, nada sin nosotros

    De a poco se fueron reconociendo y articulando los de abajo. Si bien creció el resentimiento antigubernamental que devino en la suspensión masiva de la credibilidad en las instituciones, también se posibilitó romper con la explotación patronal, para muchos inexistente, allí donde el gobierno no es más que pragmático y represivo – miope, acrítico e individualista - y cortoplacista, se develó el contubernio con los explotadores, las más olvidadas se hicieron presentes. 40 mil costureras se concetraban en los edificios de San Antonio Abad y José María Izazaga en más de 800 talleres clandestinos. Cientos de ellas, costureras cansadas de tanta muerte decidieron levantarse tras la muerte, de al menos 600 de sus compañeras. La decision se tomó después de arduas reuniones y movilizaciones, pero sobre todo, como único y posible medio para enfrentar el desprecio y explotación del patrón y de su capataz, el gobierno. No existían pues, condiciones dignas de trabajo, el medio millar de talleres que daban empleo después del sismo estaban en malas condiciones, así, a las costureras se le daba a elegir entre salarios miserables en condiciones insalubres y sin prestaciones o morir de hambre. Muchas por miedo se quedarían sin empleo. Otras callaron muchos años aún. Pero cientos más decidieron organizase por la vía de los hechos, y asumiendo construir su destino con sus propias manos.

    “… despues del sismo valoramos más la vida, el salario, el trabajo que nos cuesta conseguirlo, valoramos la fuerza de nuestro trabajo y la salud que se acumulan en las riquezas del patrón... dejándonos hambre, miseria, vejez y enfermedades... por eso nos organizamos después del sismo, para vivir y trabajar dignamente, para no permitir los mismo atropellos y desprecios ...” (Consturera sidicalista).

    Como vimos, la magnitud de la tragedia fue mayúscula, pero había una diferencia importante respecto de la sociedad actual. En esos años había más organizaciones sociales y tenían más fuerza que ahora, después de años de combate abierto del gobierno que ha cobrado cientos, y tal vez miles de víctimas, entre los que fueron convertidos en presos políticos, o desaparecidos, o asesinados. Eso sin contar la cooptación que a la fecha ha desmovilizado a la izquierda para integrarla al PRD y a Morena, promoviendo la traición.

    El hecho es que en ese ambiente de mayor organización, muchas organizaciones retomaron las demandas de los afectados, o se constituyeron nuevas. Cerca de 40 organizaciones lograron crear la Coordinadora Única de Damnificados (CUD), para enarbolar la demanda de que la reconstrucción debía obedecer a una negociación colectiva, que las expropiaciones no debían ser las que el gobierno decretó sino que el gobierno debía asumir sus responsabilidades para la reconstrucción. Lograron además hacerse oír en su denuncia de los abusos cometidos por ejército y funcionarios, la corrupción de la industria de la construcción y de los políticos que lo permitieron. La importancia de tales acontecimientos fue tal que el contenido de esas denuncias forma parte de nuestro imaginario colectivo: el ejército obstruyó las labores de rescate, los empresarios, por su parte, construyen con materiales baratos para tener más ganancias y pagan sobornos a las autoridades encargadas de velar por la seguridad del pueblo.

    Así, el 27 de septiembre, apenas una semana después del temblor, se realizó la primera movilización de damnificados hacia Los Pinos. Con ello se iniciaba un prolongado y formativo proceso de lucha, donde la movilización, vinculación y articulación de diversos sujetos y organizaciones, lograron al paso de los días levantar un diverso proceso organizativo, pero sobre todo lograron la reducción del número de expropiación de predios, garantizar el acceso a créditos baratos, la planeacion de un programa de reconstrucción popular y la reinstalación de los servicios de agua y luz. Ello propiciara tangencialmente, entre otras cosas, la renuncia el secretario de Desarrollo Urbano y Ecología, Guillermo Carrillo Arenas ­constructor de muchos de los edificios que se cayeron­, en su lugar fue nombrado Manuel Camacho Solís.

    En mayo de 1986, Camacho es obligado a sentarse frente a las organizaciones de damnificados, se ordena desde Los Pinos reconocer a los revoltosos como interlocutores políticos independientes, y con ello, firmar el Convenio de Concertación Democrática para la Reconstrucción. La administracion política del desastre habia tenido un alto costo politico para el Estado, y ojo, eso nunca lo olvidaran en Los Pinos y ni en Washington, por ello mismo, no existió renglón alguno en ese ni en en otros convenios firmados por el Estado, de alusión o condena alguna contra los culpables intelectuales o materiales de las muertes ocasionadas por la corrupción, omisión y responsabilidad en la construcción y verificación de normas de las estructuras derrumbadas por el sismo. Se eximió al gobierno federal y local, a los contratistas, empresarios y constructoras de cualquier responsabilidad hecha tragedia, con ello, el Estado montaría, apenas unos meses después, por medio del futbol mundial, el circo que le permitiría ocultar - apenas por unos años - las manos llenas de sangre, huellas de la barbarie contra el pueblo.

    “¿En donde vivimos, a quiénes les confiamos la seguridad de nuestras viviendas, cuales son las condiciones de los sistemas de energía, de drenaje, de abastecimiento de agua, la comida y los servicios?” (Testimonio en la Ciudad de México, 2017)

    Cabe señalar que muchas de las colonias populares y de los predios ocupados y luego construidos en la ciudad actualmente, fueron fruto de la lucha de varias organizaciones populares que se crearon tras el sismo o que ya existían y retomaron las demandas por vivienda digna que el gobierno no pudo, o no quiso, cumplir para los cientos de miles de damnificados víctimas del sismo. Y en la vida social empezaron a existir más organizaciones, cierto que con el transcurso del tiempo tomaron caminos incluso divergentes, pero lo que nos interesa resaltar aquí es que la capacidad de organizarse de la gente pudo tomar cuerpo y eso, desde luego es una de las cosas que los poderosos quieren evitar porque le viene mejor a sus intereses tratar y negociar con individuos a quienes pueden coaccionar más fácilmente.

    Así, una diferencia importante es que en los sismos recientes el Estado asumió de manera consistente la tarea de desmantelar la organización, a través de implementar una estrategia de un manual de guerra encaminada a controlar y contener la organización de la sociedad, lo hizo así desgastando la solidaridad y encauzándola por lo individual en lugar de lo colectivo. La estrategia la aplicaron, sólo la historia y nuestra actuación decidirá si la estrategia les funcionó a cabalidad o si sólo lograron desgastar la organización inmediata y espontánea a los sismos y están madurando algunas organizaciones de damnificados que hay que apoyar.

    Como parte de la estrategia de desgaste, en los sismos recientes el Estado no propició enfrentamientos directos con la fuerza de seguridad, sino que prefirió cruzarse de brazos, ponerse a hacer acuerdos para los negocios que vendrán en la reconstrucción. Al tiempo de implementar acciones para que las demandas no vuelvan a ser colectivas sino que la gente se endeude con los bancos para rehacer su patrimonio. Dejó que la solidaridad se desbocara sola, que sintiéramos que ya habíamos hecho algo al llevar acopio o acudir en masa a las zonas de derrumbe, ocultar información y soltar sólo algunas trazas para hacernos ver el heroísmo de las fuerzas armadas. Según nuestra opinión, mucho de lo que hicieron tras los sismos el 7 y 19 de septiembre, provino de las lecciones que sacaron de desastres anteriores, entre los cuáles el de 1985 es muy significativo. Nosotros tenemos que sacar también nuestras propias lecciones para que ellos, los capitalistas, dejen de lucrar con nuestra muerte y vuelvan un desastre natural una verdadera tragedia para nosotros.

    Fuentes:

  • Humberto Musacchio, 1995. Ciudad Quebrada 2da edición, Para Leer en Libertad
  • Pedro Moctezuma B, 1995. Despertares: comunidad y organización urbano popular en México 1970-1994
  • Elena Poniatowska. Nada, nadie. Las roces del temblor. ERA. México. 1988
  • Carlos Monsivais, 2005. No Sin Nosotros. Los Dias Del Terremoto, 1985-2005 Ediciones Era, México
  • Jesús Ramírez Cuevas Repercusiones sociales y políticas del temblor de 1985. Cuando los ciudadanos tomaron la ciudad en sus manos, La Jornada, Masiosare, 11 de septiembre de 2005
  • No les pedimos un viaje a la luna (1986), [58:06 min] Dir. Maricarmen de Lara. Prod. Maricarmen de Lara, María Eugenia Tamés. Guión: Maricarmen de Lara, María Eugenia Tamés


  • Notas:
    [1]. Véase Humberto Musacchio, 1995.
    [2]. Considerando que la devastación fue tal que imposibilitó comunicarse vía telefonica, aunado a que el transporte se colapso, véase Jesús Ramírez Cuevas, Repercusiones sociales y políticas del temblor de 1985. Cuando los ciudadanos tomaron la ciudad en sus manos, La Jornada, Masiosare, 11 de septiembre de 2005
    [3]. El viernes 20 de septiembre, el Presidente de la República afirma en su mensaje por televisión: “La verdad es que frente a un terremoto de esta magnitud, no contamos con los elementos suficientes para afrontar el siniestro con rapidez, con suficiencia”.) A las diez de la mañana, el licenciado Miguel de la Madrid hace un llamado al pueblo de México “para que todos hagan lo que tienen que hacer, que cuiden sus intereses y auxilien a sus semejantes. Que todos vayan a sus casas”. El jueves 19 y viernes 20 lo dicen los altos funcionarios y lo repiten cada tres minutos los locutores de radio y televisión: “No salgan de sus casas, quédense allí, ¿a qué van a los sitios del desastre? No contribuyan a la confusión. No se muevan”. Véase Humberto Musacchio, 1995.
    [4]. El gobierno discursivamente se une al pueblo, paralelamente, su legitimidad se hunde. Por tanto, su reacción termina pragmatica, represiva y cortoplacista.
    [5]. Declaración de Ramón Aguirre del Regente del departamento del Distrito Federal. Véase Humberto Musacchio, 1995.
    [6]. El sábado 21 de septiembre el Regente Ramón Aguirre opta a la acción dispersa - según Pedro Moctezuma, 1995- a los voluntarios, el lunes 23 emite la consigna: normalización, con ello, se le niegan las facilidades a los voluntarios, se les llama a retirarse.
    [7]. Más de 30 mil personas desfilan en silencio con tapabocas y cascos, símbolos de los rescatistas lograron una movilización masiva de más de 30 mil personas. Véase Poniatowska, 1988.
    [8]. Se construyen 45 mil viviendas; se firma la reconstrucción de Tlatelolco; Los damnificados no firmantes del acuerdo se movilizan y obligan al gobierno a la reconstrucción 15 mil viviendas más; minestra continua la ayuda nacional e internacional directa para edificar más de 20 mil viviendas.

    EL TORITO | por TOR | [Número especial, noviembre, 2017]