Asamblea General de los Pueblos, Barrios, Colonias y Pedregales de Coyoacán | Revista Palabras Pendientes # 13 Nuestros Derechos en Disputa | Julio 2018

La paradoja del agua en la Ciudad de México

Jardines flotantes, una cosmovisión y estilo de vida lacustre fueron elementos principales de la ahora Ciudad de México (CDMX) antes de la llegada de los conquistadores en el siglo XVI. Por sus peculiares características hidrológicas, al ser una cuenca endorreica, lo que fuera entonces una forma de vida adaptada a los tiempos y vida de los lagos, pasó a ser una ciudad en constante lucha con el agua, primero para eliminarla y así hacer crecer, a partir de su desecación, los espacios para asentamiento humano, luego para abastecer de agua a la gran cantidad de habitantes (hoy casi 9 millones) que desde la explosión demográfica de la urbe en la década de 1970 creció exponencialmente y, finalmente, para desalojar las aguas sucias que produce la gran ciudad (Legorreta, 2006).

Hoy día la zona metropolitana se encuentra rodeada de 60 montañas y 45 ríos, lo que provoca lluvia abundante: cada año caen sobre la ciudad 743 litros de agua de lluvia por metro cuadrado, lo que equivale a 1,100 millones de litros anuales (Acosta, 2012). La paradoja es que aunque es una de las ciudades con más agua en el mundo, sufre de una escasez comparable con la de un desierto, lo que hace que el precio de cada litro de agua sea de los más elevados del mundo, a pesar de que su calidad sea muy baja.

Con la mayoría de sus grandes lagos desecados y por la sobreexplotación de sus acuíferos, la principal fuente de agua de la ciudad está a más de 100 kilómetros de ésta, en territorio de indígenas mazahuas que nunca consintieron, ni siquiera fueron informados, de la construcción del megaproyecto conocido como Sistema Cutzamala, el cual capta el agua que nace en sus montañas sagradas y la bombea para vencer más de 100 metros de altura y así hacerla llegar a la ciudad. Proveer los miles de millones de litros que requiere esta urbe, situada a 2,400 metros por encima del nivel del mar, es considerada como una de las grandes hazañas mundiales de ingeniería hidráulica (Salcedo, 2015).

Por lo anterior, abastecer de agua a la ciudad es caro, ineficiente, un derroche de energía, y además un despojo a las comunidades de las montañas. Sin embargo, ya llegado el líquido a través del Cutzamala, la crisis por el agua en la ciudad no para, pues el problema no es la cantidad, sino la mala gestión pública que se hace de ésta (Ortega, 2009). Además de que un gran porcentaje del agua traída por el Cutzamala se pierde en fugas resultado de las pésimas condiciones del sistema de tuberías de la ciudad. La presión del agua de las tuberías está relacionada con el nivel de ingreso, es decir, que ya dentro de la ciudad el agua sigue corriendo en dirección al poder.

En las delegaciones acaudaladas, como Miguel Hidalgo y Cuajimalpa, donde por cierto se ubica buena parte de los campos de golf de la ciudad, la presión es de 14kg por centímetro cuadrado. Más cerca del centro de la ciudad, en las zonas comerciales de Polanco y Benito Juárez, las clases medias y altas tienen un nivel de presión de menos de la mitad. Sin embargo, en otras zonas de menor ingreso como Iztapalapa, la presión de las tuberías es sólo de 500g por centímetro cuadrado y frecuentemente se sufre de escasez (Salcedo, 2015).

Lo anterior provoca bastantes y frecuentes conflictos por el reclamo de este líquido en las zonas populares, las familias tienen que comprar el agua a pipas de particulares pues además, como sucede en la zona de Iztapalapa, el agua de sus pozos se encuentra contaminada. Adicionalmente, habría que mencionar que la mayoría de los habitantes de la Ciudad de México compra agua embotellada para beberla, lo cual pone en evidencia no sólo la mala calidad del agua de la que se dispone, sino también el negocio en el que se ha convertido dicha crisis.

Por si todo esto fuera poco, cuando el agua ya fue utilizada en la ciudad para beber, cocinar, diluir, limpiar, regar plantas o desechar excrementos humanos; comienza su trayecto de salida, que es casi tan largo y caro como el de entrada. Tras ser acarreada por el suelo de concreto de las casas hasta una alcantarilla, el agua entra en una tubería de desagüe, después a una cloaca distrital y de ahí fluye hacia uno de los tres canales principales que llevan los desechos de la Ciudad de México hacia los estados circundantes (Salcedo, 2015).

Los sistemas de desagüe de la ciudad, al igual que el Cutzamala, han causado serios impactos sociales y ambientales. Tal es el caso de la planta de tratamiento ubicada en el valle de Tula, Hidalgo, un megaproyecto que ha provocado la inconformidad de comunidades campesinas e indígenas hñähñü, quienes consideran que su territorio está siendo utilizado como basurero, pues han tenido que convivir con los desechos sucios que nadie más acepta (Salcedo, 2015). Su tierra alberga las mayores fosas sépticas y canales de desechos de México y como parte de su vida cotidiana, las aguas residuales expulsadas de millones de casas citadinas han reverdecido sus valles, irrigado y fertilizado sus cosechas, pero también contaminado sus ríos.

Frente a este panorama tenemos que “la gran paradoja es que nos hemos desgastado desde el siglo XVII en sacar todo este líquido y, al mismo tiempo, buscamos de forma desesperada la manera de obtener más agua para abastecer a los habitantes” (Legorreta, en Acosta, 2012). Ante dicha situación, numerosas propuestas para superar la crisis sugieren la posibilidad de proteger y generar áreas de captación de agua naturales al interior de la ciudad. Sin embargo, los hechos muestran que la tendencia del gobierno seguirá siendo traer agua de lugares cada vez más lejanos y seguir mandando al drenaje la gran cantidad de agua de lluvia que cae en la ciudad, además de la de los acuíferos que en ella aún se encuentran (Ortega, 2009).

Muestra de ello es la incongruencia de las autoridades que, ante tal crisis, proponen la construcción de una supuesta zona urbana sustentable en los Pedregales de Coyoacán, a costa de la destrucción de uno de los ya pocos acuíferos que aún le quedan a la ciudad. Este es un proyecto que evidencia que el agua no sólo corre en dirección al poder, sino que también es desaparecida por éste.

Pero el poder también encuentra resistencias. Sobre una de las vías más transitadas que conectan al sur de la Ciudad de México, bajo una carpa que alberga un montón de dignidad, rebeldía y amor por el barrio, un día de septiembre del año 2016, se le escucha a un hombre decir: “Vamos a defender nuestra agua, nuestras casas, nuestras comunidades, así como hicieron nuestros abuelos”, en el marco de un Encuentro de Pueblos en Defensa del Agua y el Territorio, organizado por la Asamblea General de los Pueblos, Barrios, Colonias y Pedregales de Coyoacán (AGPBCPC), que sobresale por la dignidad y solidaridad entre las luchas que ahí se reúnen, todas ellas de los alrededores de la Ciudad de México. Aquella pareciera una consiga que sólo se escucha en lo rural, por parte de los campesinos, de los pueblos indígenas, mas no de los habitantes de “la gran ciudad”. A veces se nos olvida (o no se quiere reconocer) que las ciudades también reproducen en su interior las prácticas de despojo que ejercen hacia afuera, desarraigando, desarticulando, des-territorializando. Así, el despojo de territorios y aguas de los barrios populares de las grandes ciudades se ha vuelto una sistemática producción de ausencias que es urgente visibilizar y entender en el marco de los conflictos que también acontecen en lo rural, pues por silenciosas, son igual o más peligrosas que aquellas luchas frente a la minería, a la construcción de represas, a los proyectos de monocultivos, etcétera. Es por eso que escribimos este texto, para llamar la atención sobre los megaproyectos que también están aconteciendo a unas cuantas cuadras o estaciones de metro de las casas de los que creen que por el hecho de vivir en la ciudad, son ajenos a los despojos. Escribimos para que la gente se alarme, se una, se organice y, como dice el dicho, ponga sus barbas a remojar.

¿Cómo construimos nuestros barrios?

Los Pedregales de Coyoacán son un conjunto de barrios que, como muchos otros a las orillas de la ciudad, están luchando contra los intereses del gran capital que, por medio de la especulación inmobiliaria y los desarrollos urbanos, quiere arrebatarles y entregar al mejor postor el territorio que ellos construyeron con sus propias manos. Y es que la historia de los barrios de los Pedregales realmente puede resumirse así pues en 1971 hombres, mujeres y niñxs levantaron, literalmente, una colonia sobre la lava , en una tierra inhóspita en la que sólo vivían piedras y víboras.

Sobre esa construcción histórica de los barrios del Pedregal, Elena Poniatowska (2000) ha narrado:
Resulta difícil saber qué es lo más asombroso en los fundadores de esta mítica colonia: el enfrentamiento con los comuneros, las pesadas piedras que tuvieron que romper y cargar para limpiar el terreno o el conseguir ser escuchados por las autoridades que finalmente no tuvieron otra opción que legitimar esta lucha por la tierra cuando brigadas formadas por inconformes del DF, Guerrero, Michoacán, Oaxaca, Guanajuato, Hidalgo y otros estados, se dieron cita para edificar calles y escuelas que hoy conforman el Pedregal de Santo Domingo a lo largo y a lo ancho de más de 2 millones de metros cuadrados

Hoy día, a un lado de Ciudad Universitaria, se extiende Santo Domingo, la colonia emblemática que fue ocupada hace más de cuarenta años por quienes no tenían tierra y que, gracias al trabajo colectivo, pudieron hacer un hogar en use lugar que entonces parecía totalmente inhabitable. ‘’Espantoso pantanal’’, ‘’lodazal infame’’, así lo recuerdan los colonos, dice Poniatowska (2000), quien además, en su crónica sobre “La invasión del Pedregal de Santo Domingo”, apunta sobre lo fundamental que fue la contribución de las mujeres para su levantamiento “porque como ellas recuerdan ‘muchos maridos no querían invadir’, pero ellas fueron las que se aferraron, las más luchadoras porque los hombres tenían que irse al trabajo mientras las mujeres se quedaban al frente de la casa, de los hijos, de la educación, de la economía familiar, de los servicios y de la lucha por la tenencia de la tierra con el peligro de que los comuneros los desalojaran o llegaran los granaderos”.

Poco tiempo llevaba el proceso de invasión cuando el Instituto Nacional para el Desarrollo de la Comunidad Rural y de la Vivienda Popular (INDECO) expropió la tierra comunal llamando la atención del entonces Departamento del Distrito Federal (DDF) para destinarla al desarrollo de programas de habitación popular en la zona.

En 1973 el Fideicomiso de Desarrollo Urbano Ejidal (FIDEURBE) inició los trámites para regularizar la colonia. La zona de Los Pedregales quedaría sujeta a las normas de regulación urbana mandadas desde el DDF. Poco después se introdujeron los servicios de agua y luz. Todos estos fueron logros del trabajo comunitario de los primeros habitantes de los Pedregales, quienes vieron el proceso de regulación culminado hasta 1993, cuando se expidió un decreto para que la Dirección General de Regulación Territorial fuera la única institución a cargo de regular los lotes (García, 2015).

La defensa del territorio para los habitantes de Los Pedregales no es nueva, ni vieja, más bien ha sido continua. Desde la construcción de sus barrios en 1971, en todas las ocasiones que el Estado ha tratado de intervenir en los Pedregales, con pretextos de algún tipo de proyecto o con intención de desalojarlos, la población se ha organizado y enfrentado la situación (García, 2015). Hoy día, en eso se encuentran. Una vez más han tenido que activar sus estrategias de defensa, de apoyo mutuo, sus lazos comunitarios, pero ya no para ayudarse a romper los suelos hostiles y construir sus casas, sino que esta vez para evitar que las destruyan.

¿Qué amenaza pesa sobre nuestra agua y territorio?

Desde el mes de marzo de 2015 en el predio ubicado en Avenida Aztecas 215, Pueblo de los Reyes en Coyoacán, Ciudad de México, la empresa inmobiliaria SAZMSACJ, con nombre comercial “QUIERO CASA”, inicio la construcción de un complejo habitacional de 377 departamentos de lujo y 683 cajones de estacionamiento en tres sótanos.

Hacia abril de 2015, la empresa se había comprometido a realizar un estudio de mecánica de suelos para descartar la presencia de agua subterránea en las zonas que pretendía cavar para hacer los cimientos de la obra. Sin embargo, los vecinos tenían en su poder evidencia de que bajo ese edificio que se proyectaba se encuentra uno de los puntos de recarga de los acuíferos de la ciudad (Gilet, 2016), como lo demuestra un conjunto de estudios y planos que el Comité Vecinal del Pueblo de Los Reyes consiguió en el año de 1998, cuando obligó a la autoridad de aguas de la ciudad que se los facilitara.

A pesar de su compromiso y sin contar con permiso de excavación sin una consulta vecinal, la inmobiliaria excavó, provocando varios afloramientos de agua subterránea visibles para los transeúntes desde la calle. El agua que brotó inundó una parte importante de la obra, por lo cual la empresa recurrió a la extracción del agua por medio de mangueras que desembocaban al drenaje. De la misma manera, en las noches, trabajadores de la inmobiliaria llenaban pipas de agua y la transportaban a lugares desconocidos. Durante un año, la inmobiliaria echó al drenaje cerca de mil 500 millones de litros de agua dulce.

Diversos medios de difusión alternativos llamaron la atención sobre el ecocidio que se estaba cometiendo en los Pedregales. En aquel momento, los testimonios de los vecinos indignados ante aquel desastre denunciaban lo siguiente: “Cuando fracturaron el manto rocoso y empezó a manar el agua, violaron tanto la ley de aguas como los reglamentos de la Ciudad”. “Estamos frente a una explotación clandestina de un bien público que escasea. Lo que hizo esta empresa provocó una afectación hídrica para la ciudad entera, no sólo a la zona de Coyoacán y Los Pedregales. Con esa vena se comunican todas las corrientes que surten los pozos profundos de la Ciudad de México hasta desembocar en el Lago de Texcoco. Aporta el 20 por ciento de los pozos profundos de la ciudad.”

Frente a esta situación, por medio de diversos documentos dirigidos al Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX), al Instituto de Verificación Administrativa (INVEA), a la Dirección General de Obras y Desarrollo Urbano, a la Dirección de Mejoramiento y Mantenimiento Urbano, a la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (SEDUVI), a la Procuraduría Ambiental y Ordenamiento Territorial (PAOT) y a la Delegación Coyoacán, lxs vecinxs solicitaron la intervención de dichas autoridades para detener el desperdicio de agua, pero éstas ignoraron las peticiones y no sólo permitieron que esta situación continuara, sino que también intentaron encubrirla al conectar las mangueras directamente al drenaje.

La actitud indolente de las autoridades frente a lo que lxs vecinxs consideraban un gran problema, sólo puede entenderse dentro de un proceso de mayor alcance que se basa en el contubernio entre autoridades y empresas, quienes hacen uso del gastado argumento de “la modernización” y del “desarrollo económico”, que en realidad es su justificación pública para la acumulación de riquezas de unos cuantos, los de siempre.

Nuestra principal amenaza tiene aliados

El desarrollo inmobiliario del que estamos hablando es apenas uno de los proyectos de la Asociación de Desarrollos Inmobiliarios (ADI), perteneciente a los hermanos José y Salomón Shabot, y forma parte de los 28 proyectos inmobiliarios que construyen por toda la CDMX. En estos proyectos están involucradas empresas como Interceramic, CEMEX, Rotoplas, Coca-cola, Gas Fenosa, Grupo Bimbo, Telmex, y tiendas comerciales como Chedraui y Coppel.

Los contratos para la construcción han sido otorgados, a nivel federal, por la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU); a nivel local, por el INVEA y por la SEDUVI, en complicidad con autoridades delegacionales. Esto da cuenta de una clara vinculación de los gobiernos con las empresas y evidencia la política-negocio que favorece el incremento de desarrollos inmobiliarios porque les generan enormes ganancias.

Además, este proyecto inmobiliario se encuentra vinculado a otros tantos más que intentan imponerse en la zona sur de la CDMX, en el marco del proyecto denominado Zonas de Desarrollo Económico Social (ZODES) o también conocido como “Ciudad Futura”, impulsado fuertemente por el Gobierno de la Ciudad de México (GDMX), liderado por Miguel Ángel Mancera.

De acuerdo con el documento ejecutivo de difusión del proyecto ZODES Ciudad Futura, el propósito de esta obra es el de «impulsar vocaciones productivas, generar inversión, infraestructura y condiciones urbanas sustentables para recuperar cualitativamente zonas específicas de la CDMX, a través de un modelo de gestión territorial basado en asociaciones estratégicas entre el sector público, el sector privado y el sector social, orientadas a mejorar la calidad de vida en la ciudad». Es decir, que para llevarlo a cabo es necesario obligar al GCDMX a crear una asociación público-privada, una de las máximas expresiones del neoliberalismo en la ciudad (García, 2015).

La ZODES “Ciudad Futura” comprende un polígono o «zona de actuación» de 528 hectáreas, que van desde el Estadio Azteca en su parte oriente, hasta la Ciudad Universitaria al poniente, y de sur a norte desde la Planta de Asfalto hasta el Parque Huayamilpas, afectando directamente a las colonias: Ajusco, Santa Úrsula, Santo Domingo, Copilco, El Pueblo de los Reyes y La Candelaria.

Para esa zona el proyecto plantea, entre otras cosas, transformar la Planta de Asfalto en un complejo desarrollo urbano de uso habitacional de hasta 37 niveles de alto. Así como un cambio sustancial al modificar el uso de suelo de la zona de habitacional comercial (HC) a habitacional mixto (HM), también de un gran número de niveles. Se proyecta también la construcción de Centros de Transferencia Multimodal (CETRAM) –enormes plazas comerciales que a su vez serán paraderos donde se concentrarán diferentes rutas de transporte– en las estaciones del metro Universid y Huipulco, también la expansión del Estadio Azteca, en el parque Arlington, además de la introducción de redes de gas natural y la remodelación del parque Huayamilpas.

Todas ellas son construcciones que, en conjunto, tienen el objetivo de elevar el costo de la vida para desplazar a los habitantes originarios y convertir el territorio en una zona exclusiva para personas de alto nivel económico, pues el hecho de que se realice en una de las zonas más populares de la ciudad, con una renta potencial del suelo baja, resulta un botín fácil para las empresas inmobiliarias.

Por otro lado, el abastecimiento de agua es un problema fundamental que viene aparejado con proyectos como este. Actualmente la zona de los Pedregales de Coyoacán se abastece de agua por tandeo, es decir, que por periodos de días no hay agua. Son muy pocos los pozos que se utilizan para el suministro de la zona y otros más son de uso industrial. Según la Factibilidad de Servicios Hidráulicos (documento que emite la dependencia encargada de la operación hidráulica en la CDMX) el abastecimiento de agua en la zona de los Pedregales no alcanzaría en caso de construir infraestructuras muy sofisticadas o nuevas viviendas y, dado el caso, el acceso al agua se volvería de alto costo.

Pese a eso, ni a los dueños del capital ni a las autoridades correspondientes les importó haber derrochado agua limpia por más de un año, pues desde el 2013 se ha evidenciado la colusión que existe entre el GDMX y la empresa ProCdMX (año en que se otorgó la concesión de la Planta de Asfalto para construir la “Ciudad Futura”). Ejemplo de ello han sido las trabas que SACMEX ha impuesto cuando se le pide información acerca de las condiciones de los pozos de la zona (García, 2015).

Es más, desde la jefatura de gobierno anterior (de Marcelo Ebrard) se han estado acomodando las piezas jurídicas y políticas para echar a andar el proyecto ZODES. Actualmente se ha modificado la Ley de Desarrollo Urbano de la Ciudad, la cual, en su artículo 41, sienta las bases del despojo, pues señala que las modificaciones al uso de suelo serán tomadas por un comité técnico sin la consulta de los habitantes (Reveles, 2015).

De esta manera, la planeación urbana ha quedado delegada en absoluto a los funcionarios, quienes no representan en sus decisiones a los habitantes históricos de sus barrios, sino que por el contrario, la Asamblea General afirma que con ellas aumentan las condiciones de vulnerabilidad en las que de por sí ya se encuentran. Lxs vecinxs de la Asamblea tienen claro que la “Ciudad Futura” no cambiará sus condiciones de vida para bien, pues apuesta únicamente por crear espacios de élite y de consumo. Mientras que el gobierno maneja un falso discurso de desarrollo y sustentabilidad que resulta insensato cuando se conocen las condiciones materiales que este proyecto demanda y se calculan “a ojo de buen cubero” los impactos ambientales y la cantidad de desplazados que implicará.

Nos dimos cuenta que luchamos contra algo más poderoso

Sabiendo que fueron sus madres, padres y abuelxs quienes lucharon por construir esa parte de la ciudad desde hace décadas, cuando los Pedregales eran la periferia de la ciudad, uno de esos lugares donde nadie quería vivir, ahora, frente a esta embestida, son lxs hijx y nietxs, sin duda, los que tendrían que moverse a las nuevas periferias, donde encuentren viviendas y servicios que sí puedan pagar.

Los vecinos de los Pedregales identifican a todos estos proyectos en el marco mayor de un proceso de gentrificación. Concepto surgido en el debate académico pero incorporado y apropiado por diversos movimientos sociales. Básicamente, un proceso que comienza con la poca o nula inversión pública y degradación de los servicios, continúa con estigmatización sobre las condiciones de las zonas señalando la marginación y la criminalidad, momento preciso en el que se inicia la especulación por el suelo y los grupos inmobiliarios compran al por mayor, y luego comienza a ser caro vivir en la zona gracias a que sube la renta del suelo y el costo por el abasto de los servicios. La única opción para la población originaria es irse de ahí.

Por su parte, la AGPBCPC explica el proceso de gentrificación al que ellos se están enfrentando de la siguiente manera: Los Megaproyectos Urbanos que quieren imponer empresarios y gobiernos en nuestros territorios tienen el objetivo de cambiar nuestras calles y espacios públicos para con ello establecer una nueva forma de vida para todxs lxs que en él vivimos. Nosotros, los pobladores originarios seremos desplazados por otros habitantes con un mayor nivel económico. Los pueblos, barrios, colonias y pedregales de Coyoacán serán de quien pueda pagarlos y no de quienes los construimos con sudor y esfuerzo durante tantos años.

Tal como lo describe la AGPBCPC en uno de sus panfletos de difusión es como se da, y es percibido, el proceso de gentrificación en muchas de las grandes ciudades latinoamericanas. Un juego injusto en el que, básicamente, los que tienen mucho dinero juegan con la vida y con el futuro de gente que tiene muy pocos recursos (Deutsche y Gendel, 2015). Pero es muy importante entender de manera más amplia el proceso de gentrificación si no queremos convertirnos en aliados de las fuerzas que actúan detrás de esta destrucción, nos advierten Deutsche y Gendel (2015), pues las definiciones de gentrificación, mayoritariamente acuñadas por las mismas clases responsables de ésta, describen los momentos de este proceso, pero no el proceso en sí, lo cual es bastante peligroso y tendencioso.

Para los «urbanistas» la gentrificación es «la transferencia de un lugar de una clase a otra, implique o no cambios físicos» (Salins, 1979:3). Para los medios de comunicación se trata de un «renacimiento de la ciudad de Nueva York» (Fleetwood, 1979: 16). Sin embargo, para un miembro de una minoría urbana, «la gentrificación es el proceso mediante el cual los blancos “reclaman” los centros urbanos desplazando a las comunidades de latinoamericanos y negros...» («“Gentrification” or Genocide?», 1981: 32) (Deutsche y Gendel, 2015: 31).

Pero ninguna de estas definiciones describe de forma adecuada las razones de esta «transferencia» de propiedad, de este «renacimiento». Tampoco explican la reubicación de la población blanca en barrios donde hasta hace poco nunca se habrían atrevido a entrar. Por todo eso, la gentrificación no puede ser definida a menos que entendamos las fuerzas económicas que están destruyendo, barrio a barrio, ciudad a ciudad, a los descendientes de las viejas clases trabajadoras.

Entendido desde esta perspectiva, es preciso observar cómo el proceso de gentrificación se repite y se mantiene latente en otros puntos de la Ciudad de México, como parte de un modelo que va más allá de lo local. Ejemplos hay de sobra: la colonia Juárez, el mercado de la Merced en el centro de la ciudad o las demás ZODES: la proyectada en Chapultepec con el nombre de “Corredor Cultural-Creativo”, la “Ciudad Administrativa” en la colonia Doctores, en la delegación Cuauhtémoc la “Ciudad Verde” y a un lado de los Pedregales la “Ciudad de la Salud” (García, 2015).

Por lo que es importante contextualizar a la gentrificación como un conflicto socio-ambiental en el marco de una situación mucho más compleja y preocupante: el modelo extractivo que domina las políticas del Estado mexicano.

En ese sentido, Enrique Viale (citado por Zibechi, 2016) ha declarado, desde la experiencia de la ciudad de Buenos Aires, que el extractivismo ha llegado a las grandes ciudades, “pero no son los terratenientes soyeros ni las megamineras, sino la especulación inmobiliaria la que aquí expulsa y provoca desplazamientos de población, aglutina riqueza y territorio”.

Así que estamos hablando de la gentrificación como una de las caras del modelo hegemónico de despojo en la ciudad, es decir, de un “extractivismo urbano” que se articula de manera sutil y silenciosa con el modelo general, siendo parte complementaria del modo de acumulación, ya que las enormes ganancias en los monocultivos y en la minería suelen ser invertidos en especulación urbana, que redunda en la gentrificación de las ciudades y la expulsión de sus habitantes más pobres. Esta es una de las facetas más destructivas y menos analizadas del modelo extractivo pero, esperanzadoramente, también es igual de combatida por la organización y el poder popular.

…y nos organizamos

La lucha por los Pedregales frente a la “Ciudad Futura” es una lucha de la clase empresarial y política contra la clase trabajadora, una lucha entre quienes ven la vivienda como mercancía y quienes lucharon por los servicios básicos y construyeron de manera colectiva sus hogares. Es la visión neoliberal de la ciudad como una mercancía en contra de quienes construyen la ciudad habitándola, creando comunidad y formando organización para defender su territorio (García, 2015).

Uno de los boletines distribuidos por la Asamblea General para difundir su lucha señala: “En los Pedregales de Coyoacán, al sur de la Ciudad de México, los capitalistas han querido imponer varios megaproyectos, pero los vecinos nos hemos organizado para resistir y defender nuestro territorio, nuestra agua y nuestra historia”. No lo podrían haber dicho mejor, y es que la memoria ha sido reactivada, los habitantes de los Pedregales saben que esa historia de colectividad que les dio un hogar algún día, puede ser capaz de asegurárselos hoy.

Las referencias a los abuelos y a las historias de fundación de las colonias son la clave de esta lucha, las que la legitiman y reavivan, las que provocan el encuentro de niños, abuelos, amas de casa, trabajadoras y trabajadores en la defensa de la vida misma. Así narran su historia de organización:

Fue el día viernes 25 de febrero cuando nos concentramos en la entrada principal de la obra para exigir su cancelación y nos conformamos como Asamblea General de los Pueblos, Barrios, Colonias y Pedregales de Coyoacán. Debido a la presión vecinal, personal del INVEA colocó sellos de Suspensión de Actividades y Servicios en las entradas de la obra, sin embargo, los retiró el día 16 de marzo y al otro día, personal de la Delegación Coyoacán abrió la banqueta y rompió la tubería interna para conectar las mangueras directamente al drenaje y así encubrir el derroche de agua.

Ninguna autoridad pudo darnos información precisa sobre el origen del agua que estaba siendo tirada al drenaje. Lo único que se supo fue a partir de un comunicado en la cuenta del SACMEX, el cual decía que era una fuga de agua potable que se solicitó reparar, según el resultado de un análisis de muestras de agua fechado el 10 de febrero del 2016.

Pero nuestrxs abuelxs, que han habitado los Pedregales desde hace décadas, sabían bien que esa agua no provenía de una tubería rota, que era agua limpia de nuestro subsuelo, la misma que desde siempre los pobladores de Coyoacán hemos utilizado para nuestras actividades cotidianas. Ahí nuestras mamás y abuelas lavaban mientras nosotros jugábamos y nadábamos.

Entre febrero y abril los vecinos nos reunimos en asamblea general ocho ocasiones e hicimos múltiples jornadas de difusión con volantes y carteles. Ante esto, el gobierno no mostró ni un poco de voluntad real para dar una solución, por lo que desde el día 29 de abril del 2016, tomamos la decisión colectiva de instalar un plantón indefinido frente al predio de Av. Aztecas 215 con dos exigencias: 1) Cancelación definitiva de la obra y 2) Expropiación total del predio para rescatar y proteger el agua que de ahí emana.

Ese mismo día, el INVEA colocó por segunda vez sellos de Suspensión a la obra, lo que provocó que el predio se inundara e hizo evidente que tanta agua no podía ser una fuga de la tubería. Nuestro reclamo popular ganó mayor legitimidad y la problemática fue documentada por diversos medios de comunicación.

El 6 de mayo del 2016 personal de la PAOT y especialistas de la UNAM hicieron un recorrido en el predio y solicitaron permiso para tomar muestras de los afloramientos de agua y así determinar su verdadero origen; para ello la Delegación Coyoacán, a través del INVEA, debía retirar provisionalmente los sellos de Suspensión de Actividades para que la inmobiliaria bombeara el agua que se estancó en el predio, ello no ocurrió de inmediato. La petición para el retiro de sellos la realizó la inmobiliaria desde la segunda semana de mayo; pero fue hasta el 15 de Junio de 2016 que se autorizó dicha petición y el 24 del mismo mes finalmente se pudieron tomar las muestras del agua del predio y de otros 6 pozos aledaños al predio para comparar el agua.

El día 30 de agosto se dieron a conocer en el Instituto de Geología de la UNAM, los resultados de dichas muestras. En estos se concluye que: “el agua que aflora en el predio en disputa es agua subterránea de reciente infiltración y corresponde a un acuífero somero”. Dicho resultado rechaza la explicación de que el líquido desperdiciado proviene de fugas de las redes de agua potable, y también resalta el papel primordial que esa agua tiene en la recarga natural del acuífero inferior. Asunto nada menor cuando consideramos que los acuíferos son la principal fuente de abastecimiento de agua en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM); y se encuentran en una grado de sobreexplotación.

Avivada por los resultados de estas muestras al saber ahora que, además de la razón histórica también, tienen la razón científica, la resistencia de la Asamblea General continúa a través del plantón indefinido que se ha convertido en una escuela popular y ha fortalecido el proceso organizativo:

Tejemos lazos todos los días con vecinos y organizaciones solidarias ; en el plantón se realizan actividades culturales, artísticas, foros, talleres, exposiciones y reuniones. Día con día seguimos aprendiendo, organizándonos y defendiendo nuestro territorio. Somos una Asamblea General, independiente de cualquier partido político, que pugna por la organización y el ejercicio soberano de nuestros derechos humanos, por los que han luchado nuestros pueblos. Hoy día, después de un poco más de cuatro meses de plantón indefinido, la lucha en defensa del agua y nuestro territorio continúa.

Así como la AGPBCPC, en muchos barrios urbanos populares de México y Latinoamérica surgen oposiciones a los modelos de despojo, la mayoría de las veces retomando, fortaleciendo y resignificando ideas que pareciera que sólo encajan en contextos rurales, como la idea de la comunidad.

Como una forma de ir contracorriente, los barrios de las grandes ciudades ven necesario des-modernizarse como estrategia de defensa, como la condición necesaria para poder recuperar la memoria y a partir de ello organizarse y resistir. Mostrando, a contrapelo de lo que muchos estudiosos señalan, que no sólo la ciudad urbaniza e individualiza, sino que en ese necio intento, también comienza a de-construirnos como citadinos.

Ese es el caso de los barrios de los Pedregales de Coyoacán en la Ciudad de México, quienes han concluido que el arma más poderosa para defenderse es la memoria, la que les recuerda que antes de ciudadanos son comunidad, y la comunidad une, moviliza, resiste, incluso en plena selva de asfalto.



Fuentes
> Acosta Vázquez, Nelly (22 de marzo de 2012). “DF, una ciudad con demasiada agua que nadie sabe usar”. El Financiero.
> Deutsche y Gendel (2015). “El bello arte de la gentrificación” en: Observatorio Metropolitano de Madrid (ed.). El mercado contra la ciudad. Sobre globalización, gentrificación y políticas urbanas. España: Traficantes de sueños.
> García, Juan M (26 de octubre de 2015). La ZODES sin futuro: la lucha de los Pedegrales de Coyoacán. Subversiones, Agencia autónoma de cooperación. Recuperado de: http://subversion/es.org/archivos/119421
> Gilet, Eliana (11 de mayo de 2016). Vecinos vigilan #Aztecas215, reclaman planta potabilizadora de agua para la zona. Desinformémonos.org. Recuperado de: https://desinformemonos.org/vecinos-vigilan-azteca215-reclaman-planta-potabilizadora-de-agua-para-la-zona/
> Ortega Font, Nuria (2009). “La crisis hídrica de la Ciudad de México. Dimensiones y alternativas” en: Casa del tiempo, IV, núm. 29, pp. 16-21.
> Poniatowska, Elena (21 de octubre de 2000). La invasión del Pedregal de Santo Domingo (Primera parte). La Jornada. Recuperado de: http://www.jornada.unam.mx/2000/10/21/capital.html
> Reveles, Karla (3 de septiembre de 2015). “La ciudad del futuro” y las ZODES de Mancera. De la Izquierda Diario. Recuperado de: http://www.laizquierdadiario.com/La-ciudad-del-futuro-y-las-ZODES-de-Mancera
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Asamblea General de los Pueblos, Barrios, Colonias y Pedregales de Coyoacán | Revista Palabras Pendientes # 13 Nuestros Derechos en Disputa - Mosaico de la lucha de clases en México | Julio 2018
Artículos de este número:

BONO SOLIDARIO E INFORMATIVO | Palabras Pendientes | Serie Espejos de Resistencia y Rebeldía

Palabras Pendientes | Serie Espejos de Resistencia y Rebeldía [2017 - 2018]

Los números que integrarán esta Serie "Espejos de Resistencia y Rebeldía" tienen el propósito principal de difundir y apoyar las luchas que se articulan y organizan en el Congreso Nacional Indígena. Son "bono solidario" ya que pretenden aportar un apoyo económico a las comunidades en cuestión, y son informativos porque intentan dar un panorama general mínimo de lo que sus procesos representan. La presente serie se enmarca en el paso a la ofensiva que los pueblos han comenzado y busca aportar, respetuosamente, a los pasos que decidan dar en este año 2017. Significa poner, si de algo sirve, la experiencia organizativa que la revista Palabras Pendientes ha representado al servicio de nuestros pueblos.