[Descarga PDF] «Por Tejiendo Organización Revolucionaria | Febrero, 2019 »

Después de que el Estado reprimiera a los estudiantes universitarios que sostuvieron la huelga de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1999-2000, el proyecto neoliberal en la educación ha avanzado de forma silenciosa pero imparable. Sucesivos movimientos estudiantiles han intentado frenar algunas de sus expresiones más evidentes, mas la privatización de la universidad ha encontrado diversos medios para desarrollarse.

La huelga estudiantil de 1999 fue la última batalla que puso en riesgo el proyecto neoliberal y que de hecho logró detenerlo en renglones importantes como el cobro de cuotas. Para lograrlo, es digno destacar la masividad que alcanzó el movimiento, la duración de la huelga y la salida represiva que el Estado estuvo obligado a dar. El saldo de casi mil estudiantes presos, después de nueve meses de ocupar las instalaciones, a pesar de la guerra mediática y el desgaste, es un indicador de la fuerza del movimiento.

En el ánimo de analizar la huelga de 1999-2000 como el más reciente freno al proyecto neoliberal sobre la UNAM, proponemos hacer un ejercicio de comparación entre el contexto histórico en el que creció la comunidad estudiantil de entonces y la actual. Pensamos que sólo así, entendiendo las condiciones actuales de los universitarios y en qué difieren con los antecedentes, podemos plantearnos formas de organización y trabajo político que nos permitan efectivamente luchar por la universidad pública, científica y popular que queremos.

Empecemos por el presente. Si actualmente eres universitario, es probable que hayas nacido cerca del año 2000. Tal vez en tu memoria haya imágenes de la imposición presidencial de Felipe Calderón por medio de un fraude electoral en 2006. Quizás recuerdes ver en la televisión videos de la policía reprimiendo al pueblo de San Salvador Atenco. Habrás escuchado que en la ciudad de Oaxaca hubo una ocupación militar para reprimir al movimiento de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). Sabrás que el sexenio de Calderón estuvo marcado por el inicio de la llamada "guerra contra el narcotráfico" que, en los hechos, cobró al pueblo mexicano decenas de miles de muertos y desaparecidos. Es probable que recuerdes que en 2009 el Gobierno Federal decretó la extinción de la empresa Luz y Fuerza del Centro, dejando sin trabajo a miles de personas con la finalidad de sentar las bases para una posterior reforma en materia energética.

Ya eras casi adolescente cuando miles de personas recorrieron el país para exigir el fin de una guerra que les arrancó a sus seres queridos a manos de criminales o militares (la mayoría de las veces sin poder distinguir entre unos y otros): nos referimos al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad en 2011. Además, algunos de tus profesores y ayudantes te habrán contado que en 2012 participaron en el movimiento #YoSoy132 exigiendo elecciones limpias que no favorecieran a Enrique Peña Nieto, además de libertad de expresión real y apertura en los medios de comunicación.

Como sabrás, Enrique Peña Nieto fue impuesto como presidente y la guerra no terminó. Si viviste en el Distrito Federal (hoy CDMX) durante esos años habrás notado que la policía se volvió más autoritaria durante la jefatura de gobierno de Miguel Ángel Mancera, quien reprimió muchas marchas y detuvo arbitrariamente a cientos de jóvenes. Si esto pasó en una ciudad gobernada por la "izquierda", sabes o puedes imaginar que lo mismo ocurrió en todo el territorio nacional, de forma más brutal en cada caso.

Seguramente eras ya más consciente de estas transformaciones políticas cuando se aprobaron las llamadas "reformas estructurales" y conoces muchas acciones del gobierno que hoy lo erigen como uno de los más corruptos en la historia de México. Finalmente, tenemos la seguridad de que ya estabas en prepa o CCH, quizás en la licenciatura, cuando 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, Guerrero, fueron desaparecidos por el Estado mexicano.

Viviste la rabia y la indignación y saliste a las calles, paraste las actividades de tu escuela, porque no era posible que estudiantes desaparecieran así, sin dejar rastro, y que sus familias no pudieran hacer nada para recuperarlos. Fue entonces, un poco antes o un poco después, cuando te empezaste a enterar de que era común que estudiantes desaparecieran, fueran asesinados y asesinadas, violadas, secuestradas, o levantados y golpeados; tan común que seguro en tu escuela ha ocurrido, y conoces algún caso, porque la UNAM y otras universidades dejaron de ser un lugar distinto al "afuera", "al resto" del país.

La última vez que saliste a mostrar tu indignación ante la violencia fue probablemente después de lo ocurrido el 3 de septiembre de 2018 en la explanada de rectoría, cuando grupos porriles atacaron a estudiantes de CCH.

Queremos comentarte que este aparente caos y desorden responde a una lógica muy bien pensada y ejecutada cuyo principal objetivo es sembrar miedo e inmovilizar a la sociedad, ya que mientras tú tengas miedo (y como tú, el pueblo entero), no tendrás tiempo de preocuparte y ocuparte de tu educación, de las condiciones en las que tomas clases, de las oportunidades laborales y de vida que tendrás al terminar tus estudios. A final de cuentas, quieren hacernos pensar tienes la fortuna de no haber sido asesinado, quizás de no haber sido violada, de no ser un rostro más en un cartel que dice "se busca".

Y esto mismo nos pasa a todas las personas que por la "buena suerte" de seguir viviendo podemos tolerar salarios bajos, trabajos precarios y cada vez peores condiciones de vida. Es así que en la universidad (y en tantas otras instituciones y servicios públicos) han estado ocurriendo, sin que protestemos, los cambios que desde un principio planteó el neoliberalismo.

Ahora quisiéramos hacer un ejercicio similar con la generación que mantuvo cerrada la Universidad entre abril de 1999 y febrero del 2000. Se trataba de estudiantes que nacieron alrededor de 1980; una generación que nació y creció a la par del neoliberalismo en México y sufrió en sus hogares las primeras consecuencias de este modelo económico. Sin embargo, sus familias pudieron darse cuenta de esos cambios e intentaron oponerse a ellos con mucha claridad. En su infancia les tocó también una imposición presidencial, la de Carlos Salinas de Gortari, por medio de otro fraude en 1988. En ese entonces, las movilizaciones contra de la imposición, organizadas en torno a la figura de Cuauhtémoc Cárdenas (el candidato electo), fueron masivas, y es muy probable que sus padres y madres hayan participado.

En su caso, sus profesores y adjuntos también les hablaron de la lucha que les tocó vivir en la universidad: la huelga de 1986-87 contra los primeros intentos de imponer medidas neoliberales en la UNAM, liderada por el Consejo Estudiantil Universitario (CEU), una estructura organizativa que representó una herencia importante en términos de aprendizajes políticos para la configuración del Consejo General de Huelga (CGH) de 1999.

En su adolescencia temprana, los jóvenes huelguistas vivieron el surgimiento de un nuevo referente de izquierda: el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994. Probablemente, aquellos que ya estaban en prepas y CCHs, fueron sensibilizados por sus maestros sobre el tema.

Igualmente, la huelga de los CCHs en 1995 fue impulsada por una parte de esa generación, por lo que muchos estudiantes tenían conocimientos y experiencias políticas previas. También influyó en su politización el hecho de que muchas organizaciones que participaron en la huelga del CEU tenían todavía fuerza al terminar el milenio. En resumen, se trata de una generación que vivió y recibió de padres y maestros la experiencia de 20 años de resistencia contra las políticas neoliberales.

Sin ser este el espacio para profundizar en el funcionamiento del CGH y su estructura, podemos afirmar que se trató de una de las últimas batallas importantes contra los planes neoliberales. Como decíamos, la masividad del movimiento, la duración de la huelga y la salida represiva por la que optó el Estado dan cuenta de su magnitud. Aun así, en las últimas dos décadas ha habido múltiples ocasiones en que el descontento y la rabia se manifiestan, muestra de que no han logrado terminar con la rebeldía popular y estudiantil.

Cabe aclarar que con este ejercicio comparativo no buscamos idealizar a la generación de estudiantes que encabezó la huelga del CGH, ni distanciarnos de las posibilidades actuales que tenemos de emprender una batalla, tan necesaria entonces como ahora, contra la mercantilización y elitización de la universidades. Por el contrario, queremos expresar los dobles o triples retos que tenemos: vencer el miedo ante la escalada de violencia; recuperar los referentes de lucha, organización y convicción política que nos ha legado la historia reciente, e identificar los métodos y discursos a través de los cuáles el capitalismo neoliberal se aprovecha de nuestro derecho a la educación.

Por eso, hacemos un llamado a la comunidad universitaria, a los estudiantes, organizaciones y colectivos, para que identifiquemos este cambio de condiciones y lo incorporemos en nuestros análisis y planes de trabajo; para que defendamos un modelo de universidad de y para el pueblo; para que conozcamos la historia de las luchas del pueblo por su liberación y, en particular, las del movimiento estudiantil; para que volteemos a ver y escuchemos los referentes actuales de lucha que nos enseñan que las cosas no tienen que ser como son.

EL TORITO | por TOR | Número especial 6, Año 6, 2019