9 años de lucha y organización

La toma de espacios al interior de la UNAM

Mientras las autoridades universitarias se han caracterizado por negar los espacios para la realización de actividades no sólo académicas sino también de crítica, diálogo, discusión y organización. Detrás de la restricción a los espacios se esconde un proyecto de universidad que no concibe la participación estudiantil como actividad necesaria y orgánica. Este proyecto defiende que a la universidad como un recinto sagrado, donde las ideas parece que se generan por si mismas, ajenas a la realidad social concreta; con ello, contribuye a la elitización no sólo de los espacios, también de la educación.
Ante la cerrazón de las autoridades y la burocratización de los espacios universitarios, existen otros esfuerzos que han buscado recuperar esos espacios que son de la comunidad, demostrando que las éstos son necesarios en la generación de organización crítica. Estos esfuerzos también han demostrado que es posible romper con esa idea que consagra a las ideas y a los espacios y ponerlos al servicio de comunidad universitaria, así como del pueblo y de los movimientos sociales.
Un ejemplo que se suma a estos esfuerzos es la Galería Autónoma CU, del Auditorio Che Guevara, un espacio construido por estudiantes, que durante 9 años ha dado espacios a las inquietudes de la comunidad estudiantil así como de artistas, trabajadores de la cultura, académicos, trabajadores y del movimiento estudiantil y social.

El auditorio Che Guevara de la Facultad de Filosofía y Letras.

La Galería Autónoma CU se encuentra ubicada en uno de los pasillos de acceso al Auditorio Che Guevara. Este Auditorio, objeto de polémicas cada dos o tres años, cada dos o tres meses, tiene mucha historia tras de sí, como de por si cada lugar tiene su historia, la de la lucha entre quienes quieren los espacios para su uso personal y quienes pretenden abrir los espacios al quehacer colectivo y desde ahí los construyen.

El Auditorio fue si, el lugar donde se han recibido a grandes intelectuales y poetas, escritores y maestros, donde se han exhibido muestras de cine importantes, sin embargo, el Auditorio fue las más de las veces el espacio tomado por las autoridades para su propio uso y abuso, el espacio de poder que sirve para lucrar políticamente con él, para someterlo a sus intereses, detrás del manejo discrecional que desde la alta burocracia universitaria se hacía del auditorio estaba la consigna: si no estás conmigo, nada tienes que hacer aquí. El auditorio, como la mayoría de los espacios en la universidad, sólo abría sus puertas a los estudiantes, trabajadores y al pueblo, cuando la organización y la presión obligaban a ello a quienes se creían sus dueños.

En aquel 1968, agitado año de la lucha estudiantil-popular en México y el mundo, se renombró al Auditorio, dejando atrás el nombre de Justo Sierra los estudiantes decidieron nombrarlo con el nombre de la lucha, con el nombre de los pueblos: Che Guevara, Auditorio Che Guevara. En 1999, durante el movimiento estudiantil encabezado por el consejo General de Huelga (CGH), mismo que defendió el carácter gratuito y público de la educación, el Auditorio fue el espacio privilegiado de asambleas y reuniones, sitio desde el cual los estudiantes en lucha organizaban y discutían los rumbos de la defensa de la educación, espacio pues de construcción colectiva.
En el año 2000 con la entrada de la entonces Policía Federal Preventiva, hoy sólo Policía Federal, a la Universidad para romper la huelga y detener a cientos de estudiantes, el Auditorio fue ocupado por la bota policiaco-militar, desmantelado, sellado con una puerta de metal. Meses más tarde, lo que quedaba del movimiento estudiantil decidió, una vez más, tomar el Auditorio, romper la soldadura que lo mantenía cerrado y abrirlo a la participación estudiantil, abrirlo a la colectividad, y desde ahí imaginar, pensar y construir nuevas formas de comunidad.
Desde entonces a la fecha el Auditorio ha sido espacio para el ir y venir de grupos políticos y sociales, de organizaciones y colectivos, de estudiantes y miembros de la comunidad universitaria, escenario para la coordinación política en el movimiento de solidaridad con el SME, con la CNTE, en el Yo soy 132, etc, también ha sido espacio para el debate en cineclubs, de foros y ponencias, de trabajos académicos. Cabe aclarar que nada de esto ha sido prístino y puro, por el contrario la construcción colectiva tiene sus vaivenes, sus problemas y contradicciones, y en esas sigue, en esas seguimos. Todo lo anterior, poco o mucho construido en el Auditorio, se ha construido bajo la mirada y la mano represiva de los distintos niveles de la autoridad. No se resignan, quieren tomar el control del Auditorio, de la universidad toda, creen que es su botín.

La Galería Autónoma CU a 9 años

El 26 de mayo de 2006, la Galería Autónoma CU (GACU), ubicada en uno de los pasillos que forma parte del Auditorio Che Guevara, abría sus puertas a la comunidad universitaria resultado del esfuerzo de estudiantes de diversas escuelas y facultades.
La Galería surgió como una respuesta a la creciente burocratización de los espacios académicos y culturales, así como una forma de hacer frente al embate neoliberal que se vive al interior de la Universidad. También como un esfuerzo por aportar al movimiento estudiantil un lugar que sirviera como espacio de organización y de construcción a estudiantes, académicos, trabajadores, compañeros externos a la UNAM, artistas, trabajadores de la cultura, entre otros. Como lugar para desarrollar actividades de índole política y cultural, que por razones institucionales no pudieran realizarse en otros espacios controlados por las autoridades universitarias.
Las líneas sobre las cuales se ha construido este espacio desde su surgimiento y a largo de estos 9 años de vida, han sido la autonomía, la independencia política, la autogestión, la crítica y la autocrítica que se construyen desde abajo y a la izquierda, y la posición que entiende el estudio como una herramienta necesaria para la transformación radical de la sociedad.
El trabajo realizado a lo largo de estos nueve años nos ha permitido aprender que los estudiantes tenemos la capacidad de crear organización y dinámicas propias, convirtiéndonos así en sujetos activos en los procesos de transformación, también nos ha permitido aprender a construir colectividades y sembrar rebeldía, tejer lazos, crear organización.

Autonomía

“La autonomía no es una idea abstracta, es un ejercicio responsable, que debe ser respetable y se debe hacer respetar” decía el rector José Barros Sierra tras la irrupción violenta de la policía en uno de los recintos universitarios en 1968. Pero la Autonomía es mucho más que eso, es una posición política que debe ser crítica y autocrítica y que debe hacerse práctica, es decir, la Autonomía no es, se construye.
Entendemos que la Autonomía no sólo es un concepto, es concreta y para ello es necesario situarla en un contexto particular, histórico. Así, la autonomía que se construye desde abajo no debe entenderse como el individualismo llevado al límite que hoy se justifica con teorías que justifican también el liberalismo económico, sino como un proceso de construcción colectiva, que en relación con la autogestión, sirva como terreno para construir un camino con modos propios.

Independiente ¿De quién?

La independencia política, va de la mano con la construcción de autonomía y con procesos de autogestión. De estos tres principios surgen las líneas a partir de las cuales se han construido proyectos alternativos al interior de la universidad, entre ellos, la Galería Autónoma CU, que se ha mantenido siempre independiente de las autoridades universitarias, de partidos políticos y de otros sujetos políticos que pretendan imponer posiciones que no sean discutidas y decididas colectivamente.

Una construcción de abajo y a la izquierda

Estamos convencidos de que en la lucha es indispensable combatir prejuicios y cerrazones, así como trabajar la discusión seria, profunda y constructiva, creemos necesario establecer un diálogo entre iguales que nos permita escuchar nuestras voces y nuestras ideas, pues sólo con el diálogo lograrán sostenerse y avanzar los movimientos populares del presente y del futuro, esquivando aquellos obstáculos que son conocidos desde el pasado y de los cuales tenemos mucho que aprender hoy.
Con esta convicción encontramos en la VI Declaración de la Selva Lacandona un punto de encuentro con otras voces, con otros modos y mundos, con los que a partir del diálogo hemos podido construir, cada uno en su geografía, un punto de resistencia y rebeldía, frente a un enemigo común: el capitalismo.
En esta línea, abrir la Galería a quienes han sido despojados por la élite universitaria de la posibilidad de tener acceso a un espacio, se ha convertido en una manera de aportar a la articulación de los movimientos que desde “abajo y a la izquierda” luchan todos los días, para construir un mundo justo.

Autogestivo

La autogestión, del mismo modo que la autonomía y la independencia, es una posición política y práctica, una toma de conciencia respecto de la importancia que significa tomar las cosas por nuestra cuenta, en nuestras manos.
La autogestión no es un ejercicio abstracto que sea posible al margen del tiempo y de la sociedad en la que se inserta, es un ejercicio que cuestiona a la sociedad desde dentro así como a las instituciones que forman parte de ésta.
Para que este ejercicio no sea, en efecto, abstracto, se necesita generar otros modos de ejercer la toma de decisiones, de discutir, de cuestionar, de convivir, de conseguir y gestionar los medios y los recursos para la construcción de proyectos políticos, sociales, culturales, para mantener un espacio funcionando sin recibir fondos que comprometan su actividad política, etcétera.
Así, la autogestión significa para nosotros asumir la responsabilidad que implica construir espacios propios de manera colectiva, desde abajo, a partir de la crítica y la autocrítica, de la discusión y no de la imposición.

“Estudiamos para luchar, luchamos para vencer”

Estamos convencidos de que “conocer es transformar”. En este sentido tenemos claro que la educación no se trata solamente de adquirir una concepción determinada del mundo, sino que de que ésta actúe como “desplazamiento revolucionario” de las formas que encubren y naturalizan la dominación, la explotación del hombre por el hombre, que neutralizan a la educación, la cultura y el arte como terrenos donde también se expresan ideologías y donde, por lo tanto, es necesario dar la lucha.
Los espacios independientes, con sus errores y aciertos, aportan a la construcción de una educación crítica y una formación integral. En ellos, los estudiantes, así como colectivos y organizaciones, pueden discutir y planear, ejercer y tomar decisiones de forma democrática, sobre todo, si tomamos en cuenta que muchas de las decisiones que se toman al interior de la universidad y que afectan a toda su comunidad son tomadas por unos cuántos.

Generación de espacios para la reflexión

Uno de los ejes del espacio a lo largo de estos 9 años de existencia ha sido la socialización del conocimiento, mismo que se ha materializado en la multiplicidad de talleres impartidos así como en una serie de círculos de estudio, seminarios y semilleros de reflexión para los que la Galería Autónoma CU ha servido de foro.
La exposición contiene la lista de actividades que se realizaron en la Galería (salvo omisiones involuntarias, es una lista exhaustiva) que, como se puede ver, es bastante extensa para pretender mencionar todas aquí. Queremos mencionar sólo algunos ejemplos.
El ciclo Cachito Mío. En el marco de la campaña Miles de Rabias un corazón ¡vivan las comunidades zapatistas! (2011), que se realizó en dos ocasiones con el objetivo de difundir el zapatismo al interior de la universidad así como servir de foro de denuncia de las agresiones en contra de las comunidades zapatistas.
Otro esfuerzo de carácter similar fue la realización del Seminario-taller Crítica educativa y acción popular (2013), que participó de la solidaridad con los profesores de la CNTE cuando la contrarreforma educativa a través de la organización de un foro y de la difusión y la movilización.
El espacio funcionó como punto de encuentro para algunos círculos de estudio realizados por colectivos y organizaciones de diferentes posiciones políticas, entre otros, podemos mencionar al Grupo Internacionalista (GI), al Bloque Libertario de Acción Colectiva (BLAC), al Comité Estudiantil Metropolitano (CEM) y la Federación de Jóvenes Comunistas (FJC).
El Coloquio de Letras Hispánicas, realizado por estudiantes de este Colegio, encontró en la Galería Autónoma CU un espacio para realizar algunas de sus actividades cuando las autoridades de la Facultad de Filosofía y Letras les prohibieron utilizar otros espacios al interior de la Facultad y a los profesores del Colegio les prohibieron participar en las actividades de los estudiantes.
Sirvió como espacio de estudio y reflexión para la serie de talleres “La Casa Invita” realizados en 2013 por compañeros de TOR, mismos que se toparon con que la Facultad de Filosofía y Letras “carece de espacios” según dijeron los funcionarios. La misma “carencia de espacios en filos” se encontró el Taller Colectivo de Historia Oral, que se realizó en dos ocasiones en la Galería y tuvo la presencia de investigadores internacionales.
Hubo una multiplicidad de presentaciones de libros, mesas, foros, debates, talleres.
Los anteriores son sólo algunos de esos espacios construidos desde abajo, de forma colectiva, autónoma y crítica. Algunas de estas actividades no encontraron espacio en la institución, y otras sencillamente no lo buscaron y se plantean en oposición a las formas que desde la institución se ejercen.

Uso político del espacio

Si bien es cierto que la Galería Autónoma CU está inserta en el sector estudiantil, de ninguna manera esto ha representado una barrera al momento de encontrarnos y dialogar con otros colectivos, organizaciones y movimientos que desde sus sectores y lugares se organizan para luchar contra las injusticias y por transformar radicalmente la realidad. Así pues, este espacio ha servido como punto de encuentro, difusión, denuncia, y organización, para muchas de las luchas sociales y resistencias que se desarrollan a lo largo y ancho del país.
En ese sentido, luchas como la de los ejidatarios de San Salvador Atenco, los recorridos de la Otra Campaña, convocada por el EZLN, la lucha de los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), el movimiento #yosoy132, la lucha encabezada por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en contra de la privatización de la educación o la tribu Yaqui y otros pueblos indígenas en defensa de su territorio y su derecho a existir frente al despojo capitalista y la represión estatal, encontraron siempre en la Galería Autónoma CU un espacio para explicar y difundir sus luchas, pero sobre todo para encontrarse con la comunidad universitaria.
Con este recuento de luchas, no pretendemos ennoblecer el espacio a modo de currículum, más bien nos interesa señalar que espacios como la Galería Autónoma CU son necesarios para establecer vínculos entre la comunidad universitaria y las luchas dignas del pueblo, para que la lucha de los estudiantes se encuentre con la de otros explotados y oprimidos, para sabernos compañeros y dar cuenta del enemigo. Son necesarios para relacionarnos con estos procesos fuera de la lógica academicista e institucional, que solo reconoce en las luchas sociales un curioso objeto de investigación o un bonito tema de tesis y muy poco, o nunca, una necesidad común de entender y hacer frente a los problemas que aquejan al país. También son necesarios para hacer visibles los procesos de lucha que en muchos casos se ocultan y tergiversan por los medios masivos de información controlados desde la élite del poder.

De cómo nos organizamos

Los estudiantes han peleado por espacios dentro de sus escuelas, espacios que les sean propios pero no como “propiedad privada”, en el sentido capitalista del término, sino como espacios donde sean ellos quienes tomen las decisiones y la responsabilidad de lo que se construye y trabaja en ellos.
En la Galería Autónoma CU, semestre tras semestre, a lo largo de sus 9 años de vida, se generaron talleres, exposiciones, seminarios, mesas de discusión círculos de estudio, recitales de música y poesía, presentaciones de teatro, presentaciones de libros, revistas, periódicos, entre otras actividades más.
Todas ellas fueron construidas y trabajadas por estudiantes, miembros de la comunidad universitaria, así como por colectivos, organizaciones sociales, artistas y trabajadores de la cultura. En este sentido, la Galería Autónoma CU funcionó como foro, como espacio de discusión y como punto de encuentro.
Para ello, se trabajó a partir de un esquema de administración común y colectiva, para el que se convocaba semestre tras semestre a todos aquellos interesados en exponer, impartir algún taller o hacer uso del espacio para actividades académicas y culturales. El único requisito fue acudir a la reunión organizativa, en la que se exponían los proyectos y se calendarizaban buscando que todos encontraran un espacio, que en la mayoría de las ocasiones no habían encontrado por no contar con una recomendación, firma o nombre reconocido por las élites que manejan los espacios culturales.





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